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18/04/2018 11:01 CEST | Actualizado 18/04/2018 12:36 CEST

No pasarán

El grito de Rajoy a Rivera en Madrid: "No pasaréis"

EFE

Perder Madrid sería perder España y ya perdieron Cataluña. Y en Murcia acabaron doblegándose ante el gran enemigo, Ciudadanos. Esa es la lectura de La Moncloa. Por eso Mariano Rajoy ha dado permiso a su Dolores (De Cospedal, ministra de Defensa) para que lance a los suyos el grito de otra Dolores, Pasionaría, para defender Madrid contra los fascistas: "No Pasarán". Bromas de la historia, aunque con letra enana la última parte. El miedo de Rajoy y los suyos a Rivera ha dado el vuelco a la estrategia: Resistir con Cifuentes para mantener el poder.

No es casualidad que haya sido la ministra de Defensa quien anunciara este martes que todo el partido respalda a Cifuentes. Es la jefa suprema del Ejército y los populares consideran que ya está bien de "lanzar fuego amigo cuando ellos disparan a matar", como apunta un asesor de Génova.

"Si hay algo que une más que el cemento, es el miedo. Si dejamos caer Madrid es como si les dejamos cruzar la línea Maginot -construida por Francia tras la I Guerra Mundial a lo largo de su frontera con Alemania-, llegan hasta París. Como estamos sitiados, se ha decidido hacer un fuerte y resistir", así explica una fuente popular la decisión de Rajoy que Cospedal lleva defendiendo desde que estalló el 'asedio' a Madrid. "Esto no es una pelea entre Soraya Sáenz de Santamaría y Cospedal, mantenernos firmes en la Comunidad de Madrid trasciende al territorio. Ha llegado el momento de cerrar filas para seguir siendo lo que somos, más allá de carreras sucesorias", concreta una diputada inflamada por el fragor de la batalla.

El enemigo a batir es el partido de Albert Rivera

En la crisis abierta en torno a la presidenta de la Comunidad, el enemigo a batir es el partido de Albert Rivera. Esta misma semana, La Sexta avanzaba otro sondeo donde los de Rivera pasaban al PP y la valoración del líder catalán sigue muy por encima de la del presidente.

En este contexto, PSOE y Podemos son accesorios. Para los populares, a estas alturas, ni uno ni otro tienen interés real en gobernar en la comunidad porque son conscientes de que será imposible sacar adelante ningún proyecto en un año hasta las elecciones, dado el equilibrio de fuerzas. "Cualquiera en la Asamblea de Madrid sabe que Ángel Gabilondo tiene un orden de prioridades en el que no entra ocupar el puesto de Cifuentes. "Él está más a su faceta intelectual y le da mucha pereza andar todo el día de actos, inauguraciones y enfangado en decenas de marrones. Tengo ganas de ver a Aguado posando al lado de Ramón Espinar después de la moción de censura", dice un alto cargo popular.

Fuentes del PSOE sonríen ante las críticas a los comentarios sobre la excesiva capacidad intelectual del metafísico Gabilondo, pero reconocen que un año por delante gobernando con un Podemos en plena crisis interna no sería rentable, salvo milagros.

El sentimiento entre diputados del PP ha dado un vuelco

El hecho es que, en tan solo unos días, el sentimiento entre diputados, cargos intermedios y barones del Partido Popular ha dado un vuelco. Si en el Congreso de Sevilla, el patio estaba escandalizado y en un altísimo porcentaje se mostraba a favor de la dimisión de Cristina Cifuentes, el orgullo guerrero se ha desatado. Todo se desencadenó durante el fin de semana. A la presidenta de Madrid hasta le vino bien el vídeo que se difundió el domingo yendo de compras por Fuencarral, una de las calles más céntricas y transitadas de la capital. Internamente era un síntoma que hasta la última base supo interpretar: está relajada y tranquila.

El lunes llegó la confirmación, la estrategia conjunta entre Moncloa, Génova y la Comunidad se activaba. Primero, Cifuentes renunciaba al máster como quien se quita una pelusa del hombro y el gesto era refrendado por Mª Dolores de Cospedal, que concentra la autoridad del aparato —todos se levantaron en el Congreso de Sevilla cuando ella inició el aplauso a su protegida— y en este caso habla por su jefe, que ya había señalado que no veía razones para la dimisión. Segundo, el acto era acogido entre la tropa como la confirmación de que por fin se hacía frente a Ciudadanos y que no se les iba a dejar ganar sin plantar batalla.

Susana Vera / Reuters

El miedo a que su socio Ciudadanos no colabore en sacar adelante los Presupuestos ha dejado paso a un rumor creciente sobre la necesidad de Albert Rivera de que se aprueben. Los ánimos están tan altos de repente que se ha pasado de interpretar que era necesario ceder, a atisbar señales de superioridad. "No hay más que entrar y salir de cualquier comisión de Presupuestos estos días para constatar que los diputados de Ciudadanos parecen más del PP que nosotros mismos. A Rivera le va la vida en que se aprueben los Presupuestos. Si no, cómo va a vender sus éxitos, que si las pensiones mínimas suben un 2% es gracias a él. El permiso de paternidad, la rebaja del IRPF o el complemento para jóvenes. Se quedaría sin nada que contar y mira que tiene poco", reflexiona un portavoz popular en el Congreso.

También hay planes para el día después de que los Presupuestos tengan por fin luz verde. Ese será el momento en el que los francotiradores tomen posiciones y no dejen títere con cabeza. "Ciudadanos es un compañero de viaje envenenado, nos está chupando la sangre. Pero una vez que superemos el 'momento Presupuestos' hay que ir a por todas. Con y sin delicadeza. Demostrar que están huecos, que no saben salir más que a repetir una frase, como loros bien enseñados. Ahí está el ejemplo en Cataluña. Entre los votantes de Arrimadas hay decepción por su inacción. Los votantes no son tontos", afirma convencido un diputado popular próximo a Rajoy.

¡Qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno! El vértigo emocional en el que vive el PP, ha instalado a sus miembros en una bipolaridad que se manifiesta con pasmosa naturalidad a golpe de acontecimiento. Por eso no dejan de repetir que hasta las elecciones municipales y autonómicas de 2019 quedan uno o varios mundos.

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