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05/10/2018 07:12 CEST | Actualizado 05/10/2018 12:42 CEST

Imaginar situaciones estresantes perjudica a tu salud

UNSPLASH

¿Cuántas veces has estado esperando que un amigo llegara a tu cita, y de tanto esperar has pensado que le habían abducido los extraterrestres?

Quizás tú no eres de las que vieron Expediente X y no te imaginas situaciones tan paranormales, pero estoy segura que cuando alguien que te había dicho que llegaría a una hora concreta se retrasa durante tantos minutos que pasas horas esperando, has llegado a imaginar que le estaban sucediendo cosas terribles.

Y si te estabas imaginando lo peor, tu mente habrá imaginado todos los detalles del hecho fatídico: has imaginado cómo era la nave espacial, qué aspecto tenían los marcianos e incluso el lenguaje de signos con el que se comunican... y te doy este ejemplo "absurdo" por no escribir aquí esos pensamientos negativos que pueden llegar a imaginar un accidente, un maremoto o una enfermedad fulminante.

Se sufre más de imaginación que de realidad

Cuando estás imaginando todo aquello malo que ha podido pasar, tu cuerpo reacciona. Se te pone un nudo en la garganta, en el estómago o incluso se acelera tu corazón.

Y ni siquiera te pones a pensar en que ese malestar físico viene originado por una serie de pensamientos que están creciendo a sus anchas en tu mente sin ninguna evidencia o prueba de que eso esté sucediendo.

Cuando tu cita te llama, después de toda la angustia que has acumulado, y te cuenta que llega tarde porque estaba durmiendo o que se le fue la noción del tiempo mirando los geranios de la vecina, el malestar físico desaparece tan rápido como rápido desaparecen los pensamientos catastróficos (y aparecen las ganas de darle un pellizco gordo como escarmiento).

Y no te paras a pensar en el proceso.

¿Qué pasa cuando imaginas situaciones dramáticas durante días, semanas o meses? ¿Qué sucede cuando creas un futuro espeluznante en tu mente y lo recreas cada minuto de tu vida?

Acabas de comprobar en tu piel cómo los pensamientos negativos que has generado en minutos han desencadenado unos efectos en tu cuerpo y no le das la menor importancia porque casi con la misma rapidez que han aparecido esas molestias físicas, han desaparecido.

¿Pero qué pasa cuando imaginas situaciones dramáticas durante días, semanas o meses??

¿Qué sucede cuando creas un futuro espeluznante en tu mente y lo recreas cada minuto de tu vida?

¿Pensabas que los efectos físicos no iban a llegar también?

Nuestra mente no descansa. Lo puedes comprobar cuando mientras duermes sueñas cosas sin sentido. El cerebro está despierto aunque estés descansando por la noche y poco control tenemos sobre lo que el subconsciente muestra en sueños.

Dónde pones el foco durante el día sí es cosa tuya.

El cerebro está despierto aunque estés descansando por la noche y poco control tenemos sobre lo que el subconsciente muestra en sueños.

Recrearnos en imaginar calamidades, en situaciones extremas o desgracias que pueden suceder en un futuro pasa factura.

Y la factura la paga tu cuerpo.

El cuerpo y la mente no están separados

Candance Pert, neurocientífica nominada al premio Nobel por sus descubrimientos en los años 70 dice:

"La mayoría de los psicólogos tratan la mente como separada del cuerpo, un fenómeno con apenas conexión con el cuerpo físico. Inversamente, los médicos tratan al cuerpo como desvinculado de la mente y las emociones. Pero el cuerpo y la mente no están separados y no podemos tratar ni entender a uno sin el otro. Investigaciones científicas están demostrando que el cuerpo puede y debe ser curado a través de la mente, y la mente puede y debe ser curada a través del cuerpo".

Lo que nos dice la doctora Pert es que no hay división entre mente y cuerpo. Todo es uno. Si queremos vivir una vida saludable debemos escuchar a nuestro cuerpo que cuando se queja, se queja porque hay unos pensamientos y emociones negativas que le afectan.

No somos conscientes todavía del daño que producen los pensamientos negativos pero sí somos conscientes de lo molesto que es que te duela la rodilla, que te aumenten las dioptrías o que una jaqueca te fastidie el día.

La mejor prueba la tienes solamente con que recuerdes la última vez que de tanto imaginar en negativo te sentiste mal físicamente. O recuerda cuántas veces tu madre te dijo que no la hicieras sufrir y llegaras pronto a casa.

No somos conscientes todavía del daño que producen los pensamientos negativos pero sí somos conscientes de lo molesto que es que te duela la rodilla o que una jaqueca te fastidie el día.

Cuando te recreas en pensamientos negativos tu cuerpo te avisa.

Piénsalo bien, ¿qué sentido tiene vivir sufriendo por si ocurre en el futuro tal o cual cosa?

Ninguno.

Y ¿qué sentido tiene que tu cuerpo manifieste dolor o malestar por un asunto imaginario?

Sufrir tontamente no tiene ningún sentido, pero que tu cuerpo te hable tiene mucho sentido.

Entre otras cuestiones, te avisa de que tienes que desconectarte de esos pensamientos que rompen tu equilibrio interno para que conectes con un presente lleno de posibilidades.

Tu cuerpo sabe qué es aquello que te rompe la armonía interna y te pide que hagas lo necesario para volver al equilibrio.

Sin equilibrio interno no viviremos largo tiempo; por tanto, conecta mente y cuerpo y disfruta de la vida.

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