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01/03/2019 07:05 CET | Actualizado 01/03/2019 07:06 CET

Tus películas mentales afectan a tu salud

Getty Images

Sé que a veces vives en tu propio Netflix mental. Te atrapas en tus propios dramas y finales fatales.

Te montas unas películas imaginarias en las que tú eres el protagonista y suceden todo tipo de desgracias.

Ya sea porque en la empresa las cosas no van bien, porque tu pareja está ausente demasiado tiempo o porque tu hijo se junta con gente rarita, tú entras en modo Netflix y empiezas a rodar en tu mente secuencias y secuencias de películas que nunca sucederán.

Tú le pones efectos especiales y añades los actores de reparto que sean necesarios.

Y no es que le dediques los pocos segundos que le cuesta al ascensor bajar hasta la calle, no. Puedes estar días y días en el rodaje de tu película mental.

Tus películas mentales son todas esas situaciones imaginarias a futuro que, normalmente, están cargadas de negatividad y perturban tu presente. También son películas mentales esas situaciones del pasado que recreas en tu mente sin cesar, como las 30 temporadas de, y que empañan el disfrute de tu vida actual.

Como son tus películas y tu Netflix, podrías salir de ese rodaje cuando quisieras pero no lo haces. Te quedas enganchado a tu propio drama y sigues y sigues en replay.

Puede parecer inofensivo vivir en tu propia película mental, pero no lo es.

Si lo que quieres es vivir una vida saludable y mantener tu equilibrio cuerpo y mente es fundamental que aprendas a controlar tus rodajes mentales.

Nuestra mente tiene una característica muy importante: no distingue entre real, virtual o imaginario.

¿Cuántas veces te has asustado al escuchar un ruido en casa porque has pensado que era un ladrón? Te has asustado por imaginar que era un ladrón, no porque el ruido viniese acompañado de un subtítulo que dijese "atención, ese ruido implica amenaza de robo".

Es probable que luego fueses a comprobar el origen del ruido y descubrieses a tu gato jugando en el mueble de los zapatos. Quizás, incluso, te hayas reído de tu propia reacción.

Tu mente no distingue real de imaginario y por eso, cuando tu hijo tarda demasiado en llegar a casa y empiezas a imaginar en tu Netflix los dramas que puede estar viviendo, empiezas a sentir presión en el pecho, un nudo en la garganta e incluso mareos.

¿Vives en constante preocupación por si algún día sucede aquello que tanto miedo te da? ¿Sigues dándole vueltas a una historia del pasado que debería haberse cerrado de otra forma?

Una vez que entra por la puerta, todo ese malestar se disipa. Con más o menos enfado, vuelves a estar como estabas antes de poner en marcha el rodaje.

Date cuenta de lo que ha pasado: estabas bien, te has puesto a imaginar una situación negativa cargada de mucha emoción y tu cuerpo lo ha plasmado.

Dejas de imaginar, quitas toda la emoción y tu cuerpo vuelve a su estado normal.

La conexión cuerpo - mente es evidente, ¿verdad?

¿Qué pasa entonces cuando esa película mental no dura minutos, si no que se alarga días, semanas o incluso meses?

Tu cuerpo reacciona tanto a lo que imaginas durante un ratito como a lo que recreas en tu mente durante días y días.

Lo hace porque todos esos pensamientos negativos, cargados de sentimientos y emociones negativas elevan tu estrés. Cuando el estrés se eleva por encima de tu límite superior tolerable, tu cuerpo plasma en forma de dolor o malestar ese estrés.

El objetivo de este mecanismo perfectamente orquestado es que escuches a tu cuerpo, des con el foco de estrés y lo elimines.

No es que tu cuerpo se vuelva loco, ni que esté mal diseñada la naturaleza.

Es que a veces no conocemos, o no queremos conocer, las reglas que nos rigen y preferimos quejarnos antes que tomar la responsabilidad por nuestro bienestar.

Las películas mentales que te montas afectan a tu salud porque tu biología no distingue si eso que está sucediendo en tu cabeza es real o es fruto de tu imaginación.

Tómate dos minutos para pensar en qué Netflix estás viviendo.

¿Llevas mucho tiempo preocupado por si pasa tal o cual cosa? ¿Vives en constante preocupación por si algún día sucede aquello que tanto miedo te da? ¿Sigues dándole vueltas a una historia del pasado que debería haberse cerrado de otra forma?

Sal de tu propio Netflix. Vuelve al presente, a tu aquí y ahora. No es necesario imaginar tanto. La vida te dará experiencias más emocionantes de las que tú puedas imaginar.

Si estás en estas películas, o series, mentales, plantéate qué beneficio tienen para ti.

Es muy probable que estén afectando a tu salud de una forma más o menos llamativa: quizás problemas digestivos, insomnio o falta de energía.

A priori no habrás relacionado esos síntomas con tus dramas mentales pero si hicieras el análisis verías como es fácil que se originasen cuando la intensidad de tus pensamientos y emociones negativas creció con respecto a ese tema.

Sal de tu propio Netflix. Vuelve al presente, a tu aquí y ahora. No es necesario imaginar tanto. La vida te dará experiencias más emocionantes de las que tú puedas imaginar.

Y si te quedas a vivir en tus películas mentales, que sean en las de final feliz.

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