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06/03/2018 07:31 CET | Actualizado 06/03/2018 07:31 CET

Fui prisionera de un hombre y nadie se atrevió a ayudarme porque yo era "su mujer"

Getty Images/iStockphoto

Después de todo, siempre eran las mismas palabras: "Esto no volverá a pasar", "perdón", "ya sabes que soy así, pero tú eres la mujer de mi vida y no puedo vivir sin ti, lo sabes".

Luego, cuando pasaron los años, cuando la violencia era el pan de cada día, había variantes: "Es cosa del pasado, mi amor, yo me esfuerzo, ¿por qué sólo ves el lado malo de las cosas?". Efectivamente, aparte de la última vez que me retuvo encerrada en su casa, entre crisis y crisis él no era... violento. Además, él me quiere, me lo ha dicho, no hay que guardarle rencor porque él es así, diferente, esta vez es cierto, esta vez estamos en el presente, no volverá a pasar.

Sin embargo, veía que, pese a sus palabras, yo no vivía una vida amorosa normal.

¿Cuántas veces pedí ayuda en la calle sin que nadie se moviera, simplemente porque él les explicaba con un tono reconfortante que yo era "su" mujer?

Cuanto más pasaba el tiempo, su piso me parecía más la guarida del terror, y él se expresaba con una violencia sorda, sin huella, sin nada de espectacular, esa que retiene fuerte con el brazo, que te grita y te impide hacer el mínimo gesto, que te ordena sentarte, que te obliga a mirarle, una violencia pequeña y débil, que hace mucho daño al alma.

Una vez en la calle se acercaron unos policías. Pero, ¿cuántas veces pedí ayuda a viandantes sin que nadie se moviera, simplemente porque él les explicaba con un tono reconfortante que yo era "su" mujer?

Aparte del hecho de que nunca estuvimos casados, puesto que él ya estaba casado en otro lugar, me veía parte de su propiedad, sobre la cual él tenía un derecho absoluto, porque a ojos de los mirones yo era "suya" y nada más. Prisionera, volvía obedientemente a su lado a cambio de palabras dulces, propaganda eficaz para un cerebro que sólo pide que le laven las heridas.

Me convenció de que la solución era creer en él, ya que él me había dicho que eso no volvería a pasar, que era cosa del pasado, que eso era antes.

No tenía que ser tan dura, como él decía. Fue un accidente, una salida de ruta... que, sin embargo, duró cinco años.

Prisionera, volvía obedientemente a su lado a cambio de palabras dulces, propaganda eficaz para un cerebro que sólo pide que le laven las heridas.

Después de tanto tiempo, el cuerpo empieza a sentirse mal y viene la vergüenza. La vergüenza de ser víctima, la vergüenza de la debilidad y la de ese... apego. Y con esa incomprensión llega también la vergüenza de tener vergüenza, sin duda la peor.

Entonces, bajo la mirada sin reproches de los amigos y familiares, llegas a entender que es urgente salir de ahí, que tu vida corre peligro. Pero, ¿cómo liberarse sola cuando la violencia se ha convertido en un punto de referencia?

Replegarse para ponerse unas nuevas gafas, mirar de nuevo el mundo tal y como es, sin propaganda. Volver a poner las cosas en su lugar. Recordarse que existen valores, límites y reglas "porque las leyes no están hechas para los perros" ni para las perras, aunque ese sea el signo chino de este año. Al final hay que recordar que existen muchas otras mujeres.

El llamamiento #MaintenantOnAgit [Ahora actuamos] de la Fondation des femmes es fundamental en el sentido de que sintetiza con fuerza el proceso pendiente de cara a las violencias: "Hemos sufrido", "hemos soportado", "nos hemos callado", "hemos llorado", "hemos polemizado"; ahora "actuamos".

Hay que tomar medidas de urgencia, de apoyo y acompañamiento para las mujeres sometidas a estas situaciones intolerables en pleno siglo XXI. Por ese motivo, con una voluntad potente de poner en marcha la solidaridad, la fraternidad y la sororidad, las artistas mujeres, por muy diferentes que sean, firman hoy esta llamada de apoyo a la Fundación.

Al final, la única forma de que esto "no vuelva a pasar" es que actuemos todas nosotras juntas.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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