Convertirnos ya en el cambio que queremos ser

Convertirnos ya en el cambio que queremos ser

"Las grandes mentes debaten ideas, las medianas sobre eventos, las pequeñas de personas", esta frase que Eleanore Roosvelt hizo célebre viene muy al caso estos días en el debate asambleario de Podemos. A medida que el ambiente se caldea, los esfuerzos por debatir ideas pierden terreno ante las acusaciones, reprobaciones y personalismos.

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Foto: EFE.

"Las grandes mentes debaten ideas, las medianas sobre eventos, las pequeñas de personas", esta frase que Eleanore Roosvelt hizo célebre viene muy al caso estos días en el debate asambleario de Podemos. A medida que el ambiente se caldea, los esfuerzos por debatir ideas pierden terreno ante las acusaciones, reprobaciones y personalismos. La asamblea se desplaza así hacia la discusión sobre personas y se impide con ello afrontar la cuestión más decisiva: la metamorfosis de la maquinaria de guerra electoral que puso fin al bipartidismo en una opción de gobierno capaz de lograr un cambio constitucional que actualice el pacto social sobre el que se fundó el régimen de 1978.

Las posiciones encontradas en Vistalegre II responden a dos lógicas opuestas y por eso no ha habido consenso posible. A un lado, el equipo de Pablo Iglesias (no él exactamente) ha defendido un proyecto basado en un poder único y escasamente descentralizado; a la manera del ejecutivo fuerte que es el gobierno español, el legislativo débil que es el Congreso o el modelo territorial que es el Estado autonómico, por poner solo tres ejemplos destacados. De hecho, la propuesta de sus documentos es la de poder definir su equipo dirigente como Rajoy puede hacer con el consejo de ministros, atender al Consejo Ciudadano Estatal (CCE) como el gobierno hace con el parlamento y negociar con las confluencias y los secretarios territoriales de acuerdo al guión escrito por el modelo autonómico. En definitiva, en los documentos del equipo Iglesias hay una suerte de acomodación funcional al régimen del 78. Incluso cuando el texto de su discurso propugna como objetivo su cambio, el hecho es que prefigura un curso de acción bien distinto, que mira hacia la minoría del margen izquierdo y no hacia la amplia base popular que todavía no ha votado (y más aún al millón largo que dejó de hacerlo).

El equipo de 'Recuperar la ilusión' propugna un proyecto basado en un modelo de contrapoderes efectivos al secretario general; ya sea Pablo Iglesias, como nos gustaría, u otro.

En el otro lado, el equipo de 'Recuperar la ilusión' propugna un proyecto basado en un modelo de contrapoderes efectivos al secretario general; ya sea Pablo Iglesias, como nos gustaría, u otro. De acuerdo a este modelo, la Comisión de Garantías disfrutaría de la mayor autonomía, como nos gustaría que fuera el caso del poder judicial en una futura reforma constitucional. El CCE dispondría de una verdadera capacidad deliberativa entre asambleas, escapando a una cercenada labor de mero órgano asesor y legitimador de las decisiones de la ejecutiva; algo que evoca lo opuesto a las limitaciones actuales del parlamentarismo español, donde sobran propuestas "no" de ley y sobran "decretazos" del consejo de ministros. A su vez, los territorios tendrían que convertirse en auténticos protagonistas de la descentralización desde la cooperación mutua, esto es, convertirse en los constituyentes libres de un nivel de gobierno común desde la preservación del máximo autogobierno posible, con el pleno reconocimiento de la diversidad plurinacional. En suma, los documentos de 'Recuperar la ilusión', sin objetar el liderazgo de la secretaría general, la inscriben en una institucionalidad definida por la separación y mutua compensación entre (contra)poderes.

Este fin de semana Podemos dirime su futuro entre dos opciones que, compartiendo un origen común, proponen dos escenarios de implicaciones estratégicas decisivas de cara al futuro: la una propone prolongar el modelo nacido de la excepcionalidad, nacido de las elecciones europeas, sin por ello concretar más allá, mientras que la otra propone empezar el lunes mismo la puesta en marcha del proyecto de país que queremos ser por medio de una institucionalidad que convenza con el ejemplo de que el cambio ya es posible. Bien estaría que al final prevalezca el debate de ideas, se interpreten los hechos y se mitiguen los nombres propios. En el bien común del país está sentar las bases de un futuro que ya es tan nuestro como de quienes están todavía hoy por incorporarse al cambio porvenir.