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05/02/2019 07:25 CET | Actualizado 05/02/2019 07:25 CET

Los viajes espaciales modifican el cerebro

Getty Images

¿Te gustaría viajar a la Luna o, más aún, a Marte? Aunque las agencias de viajes no tienen todavía esas ofertas, el apogeo de la "era espacial" apunta a que los viajes espaciales sean realizables en el medio plazo. Sin embargo, el cerebro puede acusar seriamente ese tipo de condiciones extra-terrestres.

Por si tienes planificado un viaje espacial futuro, conviene que tengas en cuenta algunos aspectos que pueden alterar tu cabeza.

Microgravedad, radiación iónica y otros inconvenientes

Los seres humanos nos hemos adaptado evolutivamente a la vida en la Tierra desde hace cientos de miles de años. Nuestro planeta azul reúne una serie de características particulares como son la gravedad, la existencia de atmósfera, estímulos sensoriales específicos y un sinfín de aspectos que han concluido en lo que somos ahora como especie que vive con gran éxito en este ambiente. Sin embargo, el auge por los viajes espaciales conlleva que se investiguen las reacciones y consecuencias que la vida sin gravedad ni atmósfera podría acarrear.

La microgravedad vendría a ser el efecto derivado de estar tumbado con la cabeza hacia abajo durante largo tiempo. Uno de las consecuencias observadas es el aumento de líquido en el cerebro, lo que aumenta la presión intracraneal. Con el aumento de la presión intracraneal, es frecuente en los astronautas presentar edemas en la zona del ojo que pueden ocasionar hemorragias y visión borrosa.

Cuando se analizan las imágenes del cerebro por resonancia magnética también se detectan algunos cambios en la anatomía como consecuencia del aumento de la presión intracraneal. En particular, se observa un aumento del volumen de las cavidades del cerebro (los ventrículos). El aumento de la presión puede generar migrañas. Otro inconveniente de la microgravedad es la alteración de las regiones cerebrales motoras en los cosmonautas. Entre otros, se ven afectadas las estructuras del oído (los otolitos) que se encargan de percibir la gravedad. Ello conlleva una pérdida de la sensación del equilibrio, la coordinación de movimientos y la agilidad. Los movimientos voluntarios se vuelven más lentos y menos precisos como consecuencia de no estar pisando la Tierra.

Las radiaciones cósmicas galácticas son un factor adverso para adicional para el cerebro. Incluso más nocivo que la microgravedad. Estas radiaciones de partículas de alta energía pueden generar disminución de la formación de nuevas neuronas (neurogénesis) y en las conexiones entre las células, además de aumentar el estrés oxidativo ("desechos" que pueden ser tóxicos), tendencia a la inflamación y peor riego sanguíneo. Además, con el aumento del dióxido de carbono, las neuronas respiran peor, lo que ve afectadas sus funciones normales. En consecuencia, se notan cambios en la capacidad de pensar, memorizar y aprender, en la memoria, fatiga mental, desajustes en los ciclos del sueño y mayor tendencia al estrés.

Cerebro menguado en la zona frontal

Algún estudio científico reciente ha detectado en los astronautas que viajan al espacio por largo tiempo una reducción de la materia gris en la zona frontal. Esta zona se encarga de procesos cognitivos complejos, toma de decisiones, la conciencia, la capacidad para desarrollar tareas complejas, la capacidad comunicativa, etc.

En otro estudio, analizaron la sustancia blanca, que contribuye a la agilidad en las conexiones neuronales, lo que vulgarmente se denomina "nervios". En los astronautas, la sustancia blanca también se veía alterada de manera similar a lo que se observa con el envejecimiento en personas de más edad.

La reducción de la producción de nuevas neuronas (neurogénesis) sobre todo en zonas de la memoria se produce también como consecuencia de no mover las piernas. Se calcula que la inmovilidad de las piernas puede reducir la formación de neuronas hasta en un 20%.

Alteraciones en el ánimo

Los cosmonautas por añadidura pueden experimentar alteraciones psico-emocionales. Ya no solo la sensación de aislamiento que afecta evidentemente el estado anímico, sino el propio estrés que aumenta la producción de hormonas asociadas con la gestión de este estado alterado. El estrés incrementa la pérdida de memoria.

Algunos estudios científicos (algunos efectuados en modelos animales) han llegado a la conclusión de que las radiaciones cósmicas son uno de los factores más significativos en los cambios psico-emocionales. Serían los causantes de la desmotivación, ansiedad, insomnio, depresión, apatía y anhedonia.

Con los cambios gravitacionales y alimentarios, también se ven alterados el segundo y tercer cerebro (el intestino y sus bichos). Como ya hemos comentado en otros artículos, las alteraciones en los microorganismos del intestino como consecuencia de cambios en la dieta, horarios y pautas alimentarias tienen una repercusión directa sobre la conducta, el ánimo y el sueño.

Cuanto más tiempo en el espacio, más cambios

Un aspecto a tener en cuenta es que el tiempo del viaje cuenta sobre los cambios esperables en el cerebro. En un estudio con astronautas que habían efectuado viajes espaciales de 165 días (5 meses y medio) los efectos en la anatomía cerebral eran más significativos que en astronautas que tan solo habían permanecido en el espacio durante unos 14 días.

En definitiva, comprarse un billete a Marte puede tener sus desventajas fisiológicas. ¿Qué se sugiere para reducir los efectos co-laterales? Aunque todavía hipotético, algunos investigadores apuntan a intentar conseguir "aletargar" el organismo durante el viaje. Sería el equivalente a inducir una hibernación. Es decir, una reducción del metabolismo y una reducción de la temperatura del cuerpo hasta un nivel permitido. ¿Ficción o realidad? De momento, todavía es una sugerencia que sin duda podría amortiguar el deterioro mental como consecuencia de la permanencia en el espacio.

Para saber más, visita mi blog: www.raquelmarin.net

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