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22/10/2018 19:45 CEST | Actualizado 22/10/2018 19:51 CEST

Elecciones en Baviera, seísmo en Bruselas

EFE
La canciller alemana, Angela Merkel.

La pasada semana tuvieron lugar las elecciones estatales de Baviera, donde se elegía a los 180 miembros del Parlamento Regional. En Baviera hay mucho en juego, puesto que es el mayor de los 16 estados federados y representa el 18% del PIB de Alemania, concentrando el mayor nivel de renta per cápita del país, y además ha sido un feudo tradicional de la CSU desde los años 50.

Para los cristianodemócratas (CSU) las elecciones pintaban mal, donde todas las encuestas apuntaban que perdería su mayoría en la cámara con un trasvase directo de sus votos al partido de extrema derecha Alternative für Deutschland. Aunque la CSU desplegó varios artificios para contener la sangría -como la promulgación del Kreuzpflicht y con el ministro Federal del Interior Horst Seehofer endureciendo su posición sobre la inmigración- no lo consiguieron.

La CSU ganó las elecciones pero perdió su mayoría absoluta, logrando su peor resultado desde 1954, pasando del 47% al 37%. El SPD (la socialdemocracia alemana) se hundió a niveles sin precedentes, pasando de ser la segunda fuerza política más votada con el 23% al quinto puesto con un mísero 9.7%. En su penúltima cita electoral de 2018 tanto los cristianodemócratas como socialistas cosecharon una derrota histórica. Los grandes vencedores son los Verdes y Alternative für Deutschland, dónde los primeros se plantean como una alternativa de los segundos.

Un modelo ibérico que acabe con la austeridad, reconstruya los Estados de Bienestar y devuelva la soberanía económica a la gente frente al modelo alemán y al modelo italiano

Los resultados son un duro golpe para Merkel y para su Gobierno de gran coalición. Pero la derrota en Alemania tiene eco en toda Europa, ya que es una derrota del modelo alemán de Europa. Salvini ya ha dicho que el resultado de las elecciones en Baviera es un arrivederci para Merkel, y ya se plantea ser candidato a la Comisión Europea para llevar el pulso a otro nivel. La UE tal y como la conocemos se cae a pedazos y el modelo alemán está agotado. Los efectos expansivos de la austeridad y su descontento popular ha llegado a las puertas de casa de Angela Merkel.

Las víctimas de un modelo económico europeo basado en la fragmentación de la vida de los de abajo para la consolidación de la ganancia de los de arriba se rebelan y decantan por la extrema derecha. Pero, ¿qué se puede hacer? Para poner freno a la fragmentación de los derechos sociales y de las condiciones materiales de la gente, necesitamos un Estado de bienestar fuerte. Reconstruir Europa es reconstruir su mejor creación: los estados de bienestar que las élites con la connivencia de los políticos como Thatcher, Blair, Aznar, Berlusconi, y Rajoy que intentaron liquidar con la crisis financiera. Pero para esto, los estados tienen que tener más capacidad recaudatoria, introducir políticas expansivas, elevar el peso sobre el PIB de la educación, de la sanidad y de los servicios públicos en general, de frenar los abusos de las multinacionales; en definitiva: más intervención en la economía para organizar y optimizarla para la gente. Un modelo ibérico que acabe con la austeridad, reconstruya los estados de bienestar y devuelva la soberanía económica a la gente frente al modelo alemán y al modelo italiano. Porque sino, la Unión Europea va a destruir Europa.

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