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05/05/2018 10:58 CEST | Actualizado 05/05/2018 10:58 CEST

¿Es Trump capaz de ser realista con Corea del Norte?

Handout / Reuters
El presidente surcoreano, Moon Jae-In (d), y Kim Jong-Un (i), el líder norcoreano, se dieron la mano la semana pasada en Panmunjom, en la frontera entre las dos Coreas.

Con la cumbre entre los líderes de Corea del Norte y Corea del Sur aún reciente y mientras esperamos que se celebre un encuentro aún más histórico entre el presidente Donald Trump y el líder de Pyongyang, Kim Jong-Un, existen tres claros peligros.

Uno de ellos es que se produzca un verdadero paso adelante y Trump consiga rédito político. Maureen Dowd, columnista del The New York Times, dijo medio en broma y medio en serio que puede imaginarse a Trump ganando el premio Nobel de la Paz.

Un peligro opuesto es que Trump desee tantísimo alcanzar un pacto que esté dispuesto a que le traten como a un tonto. Ya son varios los analistas conservadores que han advertido sobre este peligro. Steven F. Hayes, en el The Weekly Standard, avisó: "Las declaraciones de Trump de la semana pasada sugieren que es un memo que está esperando a que jueguen con él. El presidente reveló: 'Kim Jong-Un ha sido muy abierto y creo que es muy noble, por lo que estamos comprobando'. No hay nada remotamente noble en Kim Jong-Un".

Un tercer peligro es que Trump, en uno de sus característicos rebotes, reaccione mal a algo de lo que diga Kim Jong-Un en la reunión y se marche, echando por tierra la que era ciertamente una posibilidad muy remota de rebajar las tiranteces en una de las regiones más tensas del mundo.

Si la paz en Corea sigue adelante, la historia reservará para Trump parte del mérito por las fanfarronadas nucleares que hicieron creer a Kim que Trump estaba aún más loco que él.

Y claro, con Trump nunca se sabe. Nada más terminar la cumbre entre las dos Coreas, Trump hizo justo lo contrario a lo que un diplomático experimentado le habría aconsejado: puso las expectativas por las nubes. El pasado viernes por la noche, Trump soltó un tuit estúpido: "¡LA GUERRA DE COREA ESTÁ LLEGANDO A SU FIN! Estados Unidos y toda su gente MARAVILLOSA deberían estar muy orgullosos de lo que está sucediendo en Corea".

Si las cosas no acaban yendo tan bien, ¿retomará sus tuits contra el "pequeño hombre cohete"? ¿Se acordará siquiera de sus eufóricos tuits de la semana anterior?

Vamos a calmarnos y a analizar con atención cada uno de estos riesgos. Si la paz en Corea sigue adelante, la historia reservará para Trump parte del mérito por las fanfarronadas nucleares que hicieron creer a Kim que Trump estaba aún más loco que él. No obstante, que el pacto sea posible se debe principalmente a la alineación excepcional de otros astros.

Uno de esos astros son las sanciones económicas, que han empezado a herir seriamente la economía norcoreana. A Kim, un líder relativamente reciente, le gustaría brindarle una mayor prosperidad a su gente, que lleva largo tiempo sufriendo y que tiene muy presente la prodigiosa economía que tienen justo al sur del paralelo 38. Otro de esos astros es la extraña presencia de un líder de izquierdas en Corea del Sur, Moon Jae-In, que estuvo dispuesto a hacer concesiones al Norte, como invitarles a participar en los recientes Juegos Olímpicos de Invierno.

Los estadounidenses que llevan mucho tiempo criticando las extralimitaciones mundiales de Estados Unidos deberían alegrarse de que los dos principales artífices de esta operación diplomática sean los respectivos líderes de Corea del Norte y Corea del Sur, que conocen mucho mejor su país dividido y se juegan mucho más en este proceso de paz que Washington. ¡Qué descaro que los coreanos quieran resolver ellos mismos sus propios asuntos!

Si al final se alcanza algún tipo de acuerdo, será principalmente un acontecimiento para los coreanos. Trump solo podrá elogiarlo o destrozarlo.

¡Qué descaro que los coreanos quieran resolver ellos mismos sus propios asuntos!

¿Y qué hay de los otros riesgos? Pese a las altísimas expectativas creadas, está claro que no se va a lograr ningún acuerdo definitivo en esa reunión entre Trump y Kim. El camino hacia una verdadera reconciliación entre las dos Coreas, y especialmente una península coreana completamente desnuclearizada, será un proceso diplomático complejo y sostenido entre las dos Coreas y las grandes potencias como garantes de su cumplimiento. Como han señalado incontables analistas, los líderes norcoreanos ya han presentado esta oferta en el pasado solo para acabar retirándola en cada ocasión.

El nuevo papel desempeñado por el Sur y el deseo de Kim de alcanzar una normalización económica y diplomática convierten el pacto en una posibilidad ligeramente más factible en esta ocasión. Sin embargo, los detalles sobre el alcance de esa desnuclearización y sobre el tipo de régimen de inspección siguen siendo las cuestiones más espinosas.

Y ahí se origina el tercer peligro. La clase de acuerdo que hace falta recuerda demasiado a otro que Trump aborrece: el acuerdo nuclear con Irán. Corea del Norte, por otra parte, es mucho menos fiable que Irán y mucho más dictatorial.

Está claro que la congruencia no es precisamente el punto fuerte de Trump, pero ¿realmente confiaría en que Kim cumpliera su palabra? ¿Debería hacerlo?

POOL New / Reuters
Donald Trump da un discurso en la Asamblea Nacional de Corea del Sur, en Seúl, el 8 de noviembre de 2017.

En esta era hace falta forzosamente una clase de diplomacia basada en la escuela de política internacional conocida como Realismo. Implica saber lidiar de forma pragmática con regímenes cuyos valores detestas, dado que no tienes la capacidad de reformar el mundo a imagen y semejanza de Estados Unidos.

Esta escuela política supone un cambio drástico con respecto a los enfoques más idealistas de Bill Clinton y Barack Obama, quienes tenían la esperanza de exportar la democracia y los derechos humanos al resto del mundo, o con respecto al enfoque de cambios de régimen de George W. Bush. Pero una política internacional basada en el Realismo también requiere formular preguntas complicadas, además de una diplomacia hábil, compleja y paciente. De nuevo, estas características no llevan precisamente la marca Trump.

La congruencia no es precisamente el punto fuerte de Trump, pero ¿realmente confiaría en que Kim cumpliera su palabra? ¿Debería hacerlo?

¿Realmente queremos una distensión con Corea del Norte, uno de los regímenes más abominables del mundo, si es que acaso es posible? La triste respuesta es que sí. No vamos a alterar ni a destruir ese régimen. Algunos pueden argüir que un menor aislamiento podría moderar a Corea del Norte con el paso del tiempo, pero esa hipótesis resultó ser falsa en el caso de China.

Actualmente hay en el mundo decenas de regímenes duros. Algunos de ellos son nuestros aliados, como Arabia Saudí y Turquía. Tenemos una alianza intermitente con Pakistán, abrigo de islamistas radicales. No podemos decidir si preferimos dar un trago amargo y vivir con un régimen brutal en Siria o si preferimos intentar destruirlo.

Pese al absoluto cinismo de Trump, que es un prerrequisito para una buena política internacional realista (recordemos a Henry Kissinger), es el último líder mundial capaz de llevar a cabo ese tipo de política de forma competente. Sirva como ejemplo su alianza con Vladimir Putin.

Una cosa sería que los acercamientos de Trump a Putin fueran en pro de una nueva entente post-Gorbachov con una Rusia cada vez más autoritaria. Puede que no nos guste Putin, pero hay que reconocer los intereses legítimos de Rusia y rebajar tensiones. Pero eso no es en absoluto lo que está ocurriendo. Los mimos de Trump a Rusia empezaron por puro oportunismo para favorecer a su imperio empresarial y se transformaron en puro oportunismo para servir a sus propios intereses políticos. Estados Unidos, como país, no recibe nada a cambio, ni siquiera conseguimos que el Kremlin no interfiera en las elecciones.

El proceso de paz en Corea podría ir en cualquier dirección, pero una cosa está clara: si se mantiene, llevará tiempo. Ese Nobel tendrá que esperar.

Robert Kuttner es cofundador de 'The American Prospect' y profesor en la Facultad Heller de la Universidad Brandeis (Massachusetts, EE UU). Ha publicado recientemente el libro 'Can Democracy Survive Global Capitalism?'.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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