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22/11/2018 07:19 CET | Actualizado 22/11/2018 07:19 CET

Se habla poco de la depresión durante el embarazo y está en aumento

woraput via Getty Images

Después de más de un año intentando quedarse embarazada y solo dos meses después de una operación para tratar una endometriosis en estadio III, Kelly Glass y su marido descubrieron que habían concebido un bebé. Al principio estaban enormemente emocionados porque por fin habían emprendido el camino para ser padres.

Sin embargo, poco después de confirmarse la noticia mediante el test de embarazo, Glass empezó a vomitar, y mucho.

"Un par de semanas después del resultado positivo del test, vomitaba de forma incontrolable. No podía ni retener el agua. Mi médica me dijo que las cosas mejorarían durante el segundo trimestre", recuerda Glass.

Pero, de hecho, las cosas solo empeoraron. Conforme fueron pasando las semanas y sus graves náuseas no remitieron, cada vez le resultó más complicado mantener el ritmo de trabajo y de la rutina. Se convirtió en una asidua visitante del hospital por deshidratación y malnutrición.

A comienzos del segundo trimestre, Glass recibió el primer diagnóstico que explicaba por qué había sido tan complicado su embarazo: tenía hiperémesis gravídica, una afección que se podría resumir en náuseas matutinas graves. Pero incluso después de haber identificado la causa, Glass siguió desgastándose física y mentalmente.

"Cualquier cosa era un desencadenante. No podía estar rodeada de comida ni de gente y acabé tremendamente aislada", recuerda Glass.

Cuando le diagnosticaron hiperémesis gravídica, Glass decidió comentar por primera vez la falta de apego que sentía hacia su feto de 14 semanas, pero no fue hasta mucho más adelante (en la semana 26) cuando por fin pudo hacer algo al respecto. Una segunda mención al tema hizo que su médica le formulara unas cuantas preguntas más y le pidiera que rellenara un cuestionario. Al final de la cita médica, le habían diagnosticado depresión perinatal, es decir, depresión durante el embarazo.

Glass tuvo suerte de que su médica se tomara en serio sus preocupaciones y de que esta tuviera la formación y las herramientas suficientes para examinarla y diagnosticar su problema. El hecho de que fuera una médica negra que entendía sus experiencias como mujer negra fue un factor clave, sostiene.

Como muchas otras mujeres que sufren depresión perinatal, Glass ni siquiera sabía que tal cosa existía y se preguntaba por qué le resultaba tan complicado ser feliz durante el embarazo. Tras el diagnóstico, se dio cuenta de que probablemente también había padecido depresión durante su primer embarazo, cuando tenía 21 años.

"Mi primer embarazo hace 12 años no fue buscado. La desesperación constante que sentía por entonces la atribuía al estrés por un embarazo indeseado como estudiante universitaria. Sin embargo, este bebé sí que fue buscado. No solo eso, sino que estuve más de un año soportando el estrés de intentar concebir y una operación para que fuera posible", explica Glass, que tiene 33 años en la actualidad.

Aun así, sufrió depresión.

La depresión perinatal es real y está en aumento

La depresión perinatal no está suficientemente investigada y resulta más ajena en la práctica que su prima hermana, la depresión posparto (un tipo de depresión que aparece durante el primer año tras dar a luz). Esto es así porque la depresión posparto es más habitual: afecta a aproximadamente al 15% de las mujeres que acaban de ser madres. No obstante, la depresión perinatal parece estar en aumento, al menos entre madres jóvenes, así que es posible que crezca también la concienciación.

Un estudio reciente publicado en la revista especializada Journal of the American Medical Association descubrió que la depresión perinatal era un 51% más frecuente en madres millennials que en la generación anterior. El estudio analizó dos grupos de mujeres embarazadas, ambos grupos de jóvenes de entre 19 y 24 años en el momento de realizar el cuestionario.

En el primer grupo había mujeres que estuvieron embarazadas entre 1990 y 1992, de las cuales alrededor del 17% afirmaron estar sufriendo síntomas de depresión. El otro grupo estaba formado por hijas de estas mujeres o por la novia de sus hijos, que se habían quedado embarazadas entre 2012 y 2016. En este grupo, las mujeres con síntomas de depresión constituyeron el 25% del grupo, aproximadamente un porcentaje 8 puntos superior.

"Existen pruebas de que la depresión puede estar en aumento entre mujeres jóvenes, y las madres jóvenes constituyen un grupo de alto riesgo, de modo que es un buen punto de partida", expone la doctora Rebecca Pearson, investigadora principal del proyecto y profesora de Epidemiología psiquiátrica en la Universidad de Bristol (Reino Unido).

Pearson señala que, para incluir en el estudio a la generación más reciente que está teniendo hijos (las nacidas en los 90), tuvieron que limitarse a mujeres menores de 25 años, una limitación que hace que los hallazgos no puedan extrapolarse a madres que dan a luz con más edad.

Muchas mujeres tienen miedo a decir lo que piensan

Esta investigación fue realizada en el Reino Unido, pero los médicos e investigadores estadounidenses también opinan que estos datos pueden aplicarse a sus pacientes.

"El embarazo aumenta el número de factores de riesgo de depresión en las mujeres, especialmente entre quienes pasan por embarazos de alto riesgo, las que tenían previamente problemas de salud mental y las que soportan factores socioculturales y ambientales estresantes", afirma Mayra Méndez, psicoterapeuta del Providence Saint John's Child and Family Development Center (California).

Tener un historial de depresión y ansiedad está asociado a un mayor riesgo de depresión durante el embarazo.

Varios estudios sugieren que en Estados Unidos los millennials tienen una tasa mayor de depresión que cualquier otro grupo de edad. De momento, se están analizando varios factores potenciales que podrían explicarlo, como la soledad o las deudas por los préstamos estudiantiles. Pero también hay otro rasgo de esta generación que puede estar detrás de este aparente aumento, según Méndez: su menor incomodidad a la hora de buscar ayuda para su salud mental.

Méndez advierte, sin embargo, que la depresión perinatal se sigue ignorando con frecuencia. Aunque ha mejorado la aceptación de los problemas de salud mental y los tratamientos se han perfeccionado, sigue habiendo un estigma, sobre todo hacia grupos marginalizados, como las personas de color y las madres, que impide a algunas personas decir lo que les pasa.

Se emiten muchos juicios sobre quién es "adecuada" o no para ser madre, y esos juicios pueden ser especialmente influyentes entre mujeres jóvenes con depresión y otros problemas de salud mental.

"Las mujeres que quieren tener un bebé o las mujeres embarazadas quizás no revelen sus problemas con la depresión por miedo a ser criticadas, condenadas o estigmatizadas. Por lo tanto, el aislamiento social y el estigma contribuyen a que los síntomas de depresión sean ignorados y no queden registrados en su totalidad", especula Méndez.

A Glass le provocaba ansiedad buscar ayuda por un motivo similar.

"Ninguna mujer quiere que la vean como demasiado emocional o inestable durante el embarazo. Confesar al médico que estás teniendo problemas no es sencillo", argumenta.

Los médicos no siempre sirven de mucha ayuda

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomienda evaluar el estado mental de las mujeres al menos en una ocasión durante el embarazo por si padece depresión o ansiedad. También señala que sin seguimiento y tratamiento, la detección por sí sola no es efectiva. Por desgracia, muy pocos profesionales de la salud se toman el tiempo de hacer el seguimiento a las pacientes y hay muchas mujeres que no confiesan cómo se sienten, y así es complicado diagnosticar la depresión perinatal.

"En determinadas clínicas o consultas prenatales, los síntomas pueden pasar desapercibidos, ya que muchos de los síntomas derivados este cambio de humor durante el embarazo pueden confundirse con otros síntomas del propio embarazo, como los problemas para dormir o unos niveles bajos de energía. La gente suele asociar esta 'irritabilidad' con el embarazo y lo suele tratar como si fuera un síntoma más del mal humor", comenta Melissa Whippo, trabajadora social clínica.

Whippo comenta que atiende a unas 10 o 15 mujeres con síntomas de depresión durante el embarazo cada semana.

Glass fue una de las muchas mujeres que no fueron puestas bajo seguimiento tras la detección de la depresión. Afortunadamente, su médica sí que la derivó a un terapeuta y empezó a tomar medicamentos para tratarse. No obstante, no todas las mujeres reciben la ayuda que necesitan y muchas de ellas son ignoradas por el sistema sanitario.

Brandy Gonsoulin sufrió depresión durante su embarazo en 2016. Nunca tuvo la intención de convertirse en madre, pero decidió seguir adelante igualmente con el embarazo. Acabó confusa por cómo sería su vida tras el nacimiento del bebé. Pese a este profundo cambio en sus planes de vida, dice que el personal médico que la atendió no consideró que pudiera estar bajo un mayor riesgo de sufrir depresión.

"Me sentía infeliz con el hecho de estar embarazada. Los lloros y la tristeza duraron hasta el tercer trimestre. Por lo general, evitaba el tema y no quería hablar de ello, hacer planes o aceptarlo siquiera pese a que sabía que debía hacerlo", explica Gonsouling por correo electrónico.

Le recomendaron que fuera al psicólogo en el tercer trimestre tras obtener resultados bajos en la prueba de salud mental, pero no pudo encontrar ninguno con su seguro médico, de modo que tuvo que lidiar por su cuenta con la depresión perinatal, así como con la depresión posparto tras dar a luz.

"Me da la impresión de que la comunidad médica se olvida de la mujer que hay tras un embarazo. Es una parte considerable de lo que supone cuidar un embarazo, considero que debería ser una opción poder ir a terapia durante el periodo prenatal, junto con el resto de cuidados, como los chequeos, las pruebas y las clases de lactancia", opina Gonsoulin.

Las madres necesitan más apoyo

Es evidente que el sistema sanitario tiene que hacer más para garantizar que las futuras madres tengan acceso a un seguimiento efectivo de su salud mental, a apoyo y a un tratamiento.

Según Whippo, no diagnosticar la depresión durante el embarazo puede provocar consecuencias tanto para el bebé como para la madre.

"Se sabe que la depresión prenatal provoca peores resultados en las pruebas a los bebés, [como por ejemplo] un menor peso del recién nacido. Además, las mujeres que sufren depresión durante el embarazo tienen un riesgo mayor de padecer también depresión posparto", añade.

Por este motivo, muchos expertos subrayan la necesidad de prestar atención al posparto, sobre todo si ya han padecido depresión durante el embarazo.

"Las madres primerizas necesitan sentir seguridad e inspiración para cuidar de sí mismas, así como de la estabilidad emocional de sus bebés. Cuando las madres buscan tratamiento, son más capaces de cuidar de sí mismas y de forjar un vínculo sano con su bebé", concluye Méndez.

Este post fue traducido originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.