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25/09/2015 07:36 CEST | Actualizado 24/09/2016 11:12 CEST

Urkullu no es Mas

urkulluQue cada uno se considere libre para sentirse catalán, vasco, español o, como el escritor Javier Marías, heredero del Reino de Redonda. Por mucho que se quiera cercar el campo, la fractura social ya se ha producido. Se ha dado paso a las emociones, y esas poco tienen que ver con la razón. Es mejor abrir cuanto antes un debate político sobre el derecho a esa consulta

EFE

La ruptura del matrimonio indisoluble que parecía la coalición Convergencia y Unió, dejó descolocado al PNV, que tras el divorcio se quedó con el corazón partido. Ahora, tras las elecciones del 27-S en Cataluña, tendrán que repensar su estrategia. Si el independentismo catalán pierde, el proceso soberanista se ralentizará en Euskadi. Si el independentismo gana, el PNV tendrá que lidiar con la euforia de los abertzales de Bildu. Por si acaso, El presidente del PNV Andoni Ortuzar, dice abiertamente que "es difícil que Cataluña sea un Estado, no engañemos a la gente".

Desde la coalición abertzale, por el contrario, se considera que el camino abierto es imparable. De hecho, sea cual fuere el resultado de Cataluña, a lo largo del próximo año EH Bildu presentará una Ley de Consultas ante el Parlamento Vasco, sin tener en cuenta que la que impulsada por el entonces lehendakari Juan José Ibarretxe en 2008, fue declarada posteriormente inconstitucional.

Los datos y los hechos poco importan. Ahora estamos ante una cuestión de mero cálculo político; el lehendakari Iñigo Urkullu, convocará las elecciones autonómicas a finales de 2016, y el caladero del independentismo vende, y mucho. Resulta muy rentable, en una comunidad donde el nacionalismo arrasa. En los últimos comicios autonómicos, el PNV obtuvo el 34 % de los votos (384.766), que le otorgaron 27 escaños, mientras que EH Bildu cuenta hoy con 21 escaños correspondientes a 277.923 papeletas (25%). Esto significa que aunque las dos formaciones nacionalistas disten mucho de aproximar posturas en esta cuestión, el 59% del Parlamento Vasco es claramente nacionalista.

Con una mayoría absoluta de estas características, la fractura social podría ser similar a la catalana. Solo que Iñigo Urkullu no es Artur Mas. Ni Andoni Ortuzar un kamikaze que quiera suicidarse. Por mucho que el PNV cuente con dos almas, y destacados dirigentes como Joseba Egibar o el alcalde de San Sebastián Eneko Goia, acudan a la Diada a título personal, la realidad vasca es diferente. Sobre todo porque en Sabin Etxea aprendieron bien la lección tras el fracaso de 2008.

El ex ministro principal de Escocia, Alex Salmond, decía este fin de semana que "lo importante no es el resultado de un referéndum, sino el profundo cambio que se produce en la nación". Para el presidente del Partido Nacional de Escocia, la independencia es inevitable, y se volverá a convocar un nuevo referendo allí porque el Gobierno de David Cameron no ha cumplido su promesa de dotar a Escocia de un alto nivel de autonomía, casi de autogobierno, según palabras de Salmond. Desde su punto de vista, Cataluña está yendo demasiado rápido, puesto que antes de lanzar un órdago de estas características, debería haber conseguido un acuerdo previo sobre el proceso que lo garantizara.

Con la reivindicación independentista de Mas en toda Europa, solicitando ayuda y apoyo en Embajadas y Gobiernos, en aquellos países que cuentan, como España, con realidades similares -como puede ser el caso de Gran Bretaña-, la respuesta ha sido inmediata. Temerosos de que la agitación social y política que se vive en Cataluña pueda extenderse a otros países con comunidades que anhelan la independencia, los máximos responsables de la Unión Europea han cerrado filas a favor de una España unida -aunque fuera roja, antes de rota, como decía José Calvo Sotelo-. Por si acaso. No vaya a ser que el movimiento independentista se propague, y el sueño de una Europa unida comience a resquebrajarse, si es que no hay algún atisbo ya.

El lehendakari no solo tiene otro perfil, mucho menos agresivo y vehemente que Mas, sino que sabe que, sin un acuerdo previo con el Gobierno del Estado, es imposible que cualquier consulta fructifique. De ahí, su objetivo de trabajar con un horizonte mucho más lejano que la inmediatez catalana, en busca de acuerdos y diálogos que forjen un camino más seguro y realista.

Desde el punto de vista jurídico, el catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad del País Vasco Juan José Álvarez, sostiene que cualquier ley de consultas está abocada al fracaso si no se logra un acuerdo previo con el Gobierno del Estado. Y eso, hoy por hoy, es imposible. Ahora bien: Álvarez también considera que el Gobierno español ha hecho excepciones como en el caso de Andalucía. "Para la transformación en Comunidad Autónoma se burló la ley" dice." La ley preveía que todas las provincias andaluzas tenían que votar 'sí' a la constitución de la comunidad andaluza. Almería dijo 'no', y se alteró esa ley mediante un acuerdo político entre el PSOE y la entonces Alianza Popular. Y fueron los senadores y diputados por Almería los que, diciendo lo contrario de lo que dijo el pueblo almeriense, permitieron que la comunidad andaluza emergiera. Luego cuando ha habido voluntad política, el derecho se ha retranqueado", subraya el catedrático.

Además de un tema de intereses políticos y económicos, la independencia es una cuestión de sentimientos e identidades. Algo que emerge del mundo de las emociones, y por lo tanto extraordinariamente complejo y difícil; se podría abordar con pragmatismo o pasión, aunque cuando el sentimiento nacional español se cuestiona, saltan las alarmas. Bien sea desde el ámbito catalán o vasco. O incluso cuando se trata de un cineasta-ciudadano que se pasea con un Premio Oscar, varios goyas y un Premio Europeo del Cine: porque la confesión pública de Fernando Trueba en San Sebastián al recibir el Premio Nacional de Cinematografía 2015, diciendo ante el ministro de Cultura que nunca "ni cinco minutos de mi vida me he sentido español" dejó estupefactos a público y autoridades. Porque esto, de un cineasta vasco o catalán, el ministro podría esperárselo, pero de un madrileño de pura cepa, no.

Que cada uno se considere libre para sentirse catalán, vasco, español o, como el escritor Javier Marías, heredero del Reino de Redonda. Por mucho que se quiera cercar el campo, la fractura social ya se ha producido. Se ha dado paso a las emociones, y esas poco tienen que ver con la razón. Es mejor abrir cuanto antes un debate político sobre el derecho a esa consulta; un debate en el que se dejen fuera las emociones y se plantee el dilema con lógica política y ciudadana. Es una cuestión de sentido común.

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