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15/09/2018 09:03 CEST | Actualizado 15/09/2018 09:03 CEST

Por qué viajo sola sin mi prometido

Samuel Hall
La autora en Nueva York.

Hace cinco meses, tras comprometerme, compré un billete de ida de 180 dólares a Hawái para octubre.

No perdí ni un segundo en pensar lo que significaría acabar yendo de verdad. Llevaba trabajando en la edición estadounidense del HuffPost casi cinco años como encargada y editora de blogs de experiencias personales y no estaba segura de lo que significaba para mi trabajo esta compra impulsiva ni lo que implicaría con vistas a la planificación de mi boda, fijada para abril. Cuando compré el billete de avión, lo único que me importaba era saber que no me molestaría asumir el coste aunque al final cambiara de idea.

Cuando le conté a mi prometido mi decisión impulsiva, me respondió enseguida: "Gracias a Dios, por fin lo vas a hacer". Estaba verdaderamente feliz de que me hubiera decidido a dar un paso adelante hacia el sueño que llevaba tanto tiempo deseando cumplir: pasar una larga temporada viajando.

Quienes me conocen saben que la vida nómada a la que aspiro no es una idea tan descabellada. Crecí en el seno de una familia de viajeros. Como hija de inmigrantes, pasé buena parte de los veranos de mi infancia en el extranjero visitando a familiares que solo podía ver una vez al año: iba a Japón con la familia de mi madre y a India con la de mi padre. Mi hermano mayor estudió en el extranjero en muchas universidades, amontonando idiomas en su mente del mismo modo que la mayoría de nosotros amontonamos camisetas de regalo en los cajones. Mi hermana mayor dejó su trabajo en Nueva York a los 26 años y se mudó a Argentina, donde estuvo viviendo seis meses antes de volver a casa. La curiosidad por el resto del planeta y por otras culturas corre por mis venas.

Cuando mi pareja de la universidad y yo rompimos en 2014, tras una relación complicada que duró cuatro años y medio, supe que tenía que hacer algo para cambiar mi vida. Algunas personas se cortan el pelo y cambian su aspecto; yo reservé un viaje de dos semanas y media a Croacia y a Islandia para viajar sola. ¿Una decisión extrema? Sí. ¿Aterradora y solitaria? Claro. ¿Mereció la pena? Totalmente.

Sahaj Kohli
La autora escalando un glaciar en Islandia.

Desde entonces, he ido de viaje yo sola al menos una vez al año a seis países distintos. He utilizado todos mis días de vacaciones y días de asuntos propios para hacer estos (y otros) viajes, pero nunca me ha parecido suficiente.

Esta no es la primera vez que he pensado en irme de viaje mientras trabajo. Tras un viaje emocionante de dos semanas a Portugal en 2016, tenía casi atado un plan con mi empresa para viajar durante nueve meses, pero me llegó una gran oportunidad en el HuffPost. Me vi en una encrucijada: quedarme y progresar en el ámbito profesional o irme para vivir uno de mis sueños.

Escogí mis responsabilidades, pero durante los últimos dos años, mis sueños no hicieron sino volverse más evidentes. Me sentía continuamente reprimida por la autocomplacencia. Aunque planificaba viajes para romper con la monotonía de mi rutina, solo conseguía regresar sintiéndome peor que al principio. No podía dejar de preguntarme si había tomado la decisión correcta quedándome en Nueva York. Pero, como suele pasar, las piezas encajaron cuando menos me lo esperaba. Conocí a mi pareja, me enamoré y nos comprometimos durante el tiempo que pasó desde que tomé la decisión de quedarme hasta que me lancé a perseguir mis sueños.

La vida no siempre te lo da todo en el momento perfecto. Habrá veces que no consigas lo que deseas y, a cambio, logres algo completamente diferente. A veces se consiguen dos cosas a la vez y hay que decidir. En otras ocasiones, conseguirás lo que deseas, solo que no se parecerá en nada a la expectativa que tenías.

Tras cinco años, mi vida está en Nueva York. Entre lo de planificar una boda y enviar solicitudes a las universidades para hacer un posgrado, ahora no es el mejor momento para despegar y viajar por el mundo, pero sí que es un momento adecuado, porque la oportunidad sigue siendo plausible. Todavía no he empezado a formar una familia y soy mi única responsabilidad financiera. Estoy sana, así como mis seres queridos, y mi trabajo me concede esa flexibilidad, especialmente tras haber demostrado que tengo iniciativa propia y soy de confianza. Y mi alquiler expiraba el 31 de agosto.

Acabé cancelando ese viaje a Hawái (¡y me lo reembolsaron!) hace un mes, pero el martes pasado dejé atrás la vida que había hecho en Nueva York, tanto a mi prometido como mi rutina en la oficina, para emprender un largo viaje. Aunque normalmente opto por un plan poco rígido, en esta ocasión estoy creando un estilo de vida a distancia con suficiente espacio para el trabajo pero también para la espontaneidad y el ocio. Trabajaré desde cafeterías, pisos de Airbnb y hostales. Estaré en contacto con mis superiores una vez por semana y seguiré seleccionando escritores que tengan historias geniales, solo que en vez de hacerlo por Internet, espero encontrarlos de forma física explorando espacios creativos, hablando con los habitantes de los sitios que visite y con la ayuda de vuestras recomendaciones.

Samuel Hall
La autora y su prometido.

Antes de que os emocionéis por mí y os alegréis de que haya hecho realidad uno de mis sueños, sé lo que estáis pensando: ¿qué pasa con Sam, mi prometido? La mayoría de la gente reacciona primero a mi decisión de estar lejos de él en los meses previos a nuestra boda, sobre lo encomiable que es que él me haya dejado marchar y lo impactante que es que yo lo haya dejado atrás.

Sam ha sido consciente de mis sueños de viajar desde que lo conocí hace dos años. No se habría enamorado verdaderamente de mí si no aceptara y apoyara mi espíritu viajero. Y yo tampoco me habría enamorado de él si no lo hubiera hecho. De verdad que es así de simple.

Tiene unas ganas enormes de viajar conmigo y quizás en algún momento pueda hacerlo, pero ahora mismo está centrado en su carrera profesional y tiene un trabajo increíble. Estoy muy orgullosa de él, pero no he dejado de soñar por el hecho de tener pareja.

No me está dejando marchar. Está apoyándome en esta lucha por mis sueños tal y como haría yo por él. Puedo asegurar que me he replanteado esta aventura más veces de las que me gustaría admitir y Sam no ha titubeado al recordarme que es algo que necesito hacer y asegurarme que nos irá bien a los dos. Me dice muchas veces que al guiarme por mis creencias le inspiro a él a hacer lo mismo.

Sam no se habría enamorado verdaderamente de mí si no aceptara y apoyara mi espíritu viajero. Y yo tampoco me habría enamorado de él si no lo hubiera hecho.

Claro que lo echaré muchísimo de menos, pero me arrepentiría mucho más si no hiciera esto por mí misma. Afortunadamente, entre los viajes que ya estaban planificados y las vacaciones, podremos vernos como mínimo una vez al mes, cuando hasta ahora, el mayor periodo que habíamos pasado separados era de cinco semanas.

Estoy muy emocionada, abrumada y asustada por mi aventura, pero sé que he estado anhelando este momento desde hace al menos dos años, desde el viaje a Portugal. Tengo la App de Google Maps con más de 100 lugares guardados que me gustaría visitar por todo el mundo, sigo cuentas de Instagram dedicadas exclusivamente a viajes y tengo ahorros suficientes para apañármelas y volver.

Sé que echaré de menos no tener un hogar, pero también sé que me he sentido asfixiada por la rutina. Cuando eres una persona viajera, el hogar está en muchos lugares y en el corazón de las personas que conoces por el camino. Durante los últimos dos años, los jueves que he trabajado desde casa han sido los momentos más destacados de mi semana laboral. Ahora puedo vivir eso todos los días, aprendiendo a construir mi propia rutina en los lugares nuevos que voy descubriendo. Y, sinceramente, trabajar a distancia en realidad me hace trabajar más duro porque quiero demostrar que me lo tomo en serio y porque no me afectan las distracciones propias de la cultura de oficina. Me doy cuenta de que es un privilegio que no tiene todo el mundo, pero me siento agradecida por ello.

He pasado cinco años ayudando a otras personas a compartir sus experiencias únicas y sus historias inspiradoras y, aunque seguiré haciéndolo, me emociona salir para crear las mías propias. Por el camino espero conocer a gente a la que le pueda pedir que escriba su historia, explorar espacios creativos nuevos y aprender sobre nuevas comunidades y culturas.

Espero que sigáis ahí y me ayudéis en esta aventura. Como persona que puede llegar a ser enormemente indecisa, necesitaré vuestra ayuda durante este tiempo, ya sea para recomendarme gente sobre la que escribir, comidas que tengo que probar o maravillas naturales que debo visitar, soy toda oídos.

Ahora voy a pasar más o menos una semana en Toronto, Montreal y Ottawa. Aunque este tramo de la aventura en principio estaba planificado para pasar tiempo con un primo al que veo muy de vez en cuando, espero poder contactar con alguna mujer india eminente. ¿Rupi Kaur, tienes un momento? Mandadme cualquier recomendación y seguid atentos para no perderos nada.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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