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26/06/2012 10:36 CEST | Actualizado 25/08/2012 11:12 CEST

Crisis bancaria: resolución vs. reforma

Desde 2009 se han prodigado las reformas, parciales o incompletas en diferentes aspectos, lo que se demuestra simplemente porque a la falta de contundencia de cada una le ha debido de seguir otra y así hasta hoy.

Parece que cueste decirlo aún en España pero lo que este país está afrontando desde 2008 y reconociendo bastante más tarde (aún hoy se aprecia cierta resistencia) es una crisis bancaria con todos sus ingredientes clásicos: burbuja inmobiliaria, exceso de crédito y problemas de solvencia de las entidades financieras. Desde 2009 se han prodigado las reformas, parciales o incompletas en diferentes aspectos, lo que se demuestra simplemente porque a la falta de contundencia de cada una le ha debido de seguir otra y así hasta hoy.

Llegados a este punto podríamos preguntarnos si realmente parece razonable tener al sector bancario español medio infartado y al país temeroso y con sensación de amenaza y debilidad por 62.000 millones de euros, aproximadamente el 6% del PIB. Entiéndame bien, no es una provocación ni un desprecio. Sé perfectamente que 62.000 millones de euros son una barbaridad de dinero. A lo que me refiero es que otras crisis bancarias anteriores se cerraron con unas ayudas que suponían entre el 10% y el 20% del PIB y, cuando se resolvieron bien, estos costes fiscales se recuperaron en gran medida y en un tiempo bastante razonable.

Pero claro, hace falta eso, resolución. En 2012 se dio definitivamente uno de los pasos necesarios y más esperados para avanzar hacia la resolución, la asunción con todas sus letras de un serio problema de solvencia que requería de una recapitalización más que considerable. Pero se avanza paso a paso, ralentizado, aceptando a regañadientes la inevitable concurrencia de la ayuda europea y demorando y dejando en el aire gran parte de la definición de las que deberían ser las reglas definitivas del juego con las que habría que resolverse la crisis bancaria en España.

Cuando queremos dar un nuevo aspecto a nuestra casa, planificamos tranquilamente, incluso por fases, una reforma. Pero cuando un fallo estructural en algún cimiento amenaza con la estabilidad de la casa al completo, más nos vale pensar en una resolución rápida y urgente. Por eso, lo primero que se precisaba para el sector bancario español -y con el rescate llegó en parte- era una garantía de que alguien pondría el dinero para soportar pérdidas y recapitalizar entidades. Es decir, ya tenemos el seguro del hogar. Pero ahora falta ver hasta qué punto está dañada y, sobre todo, cómo resolver ese daño. Porque es posible que el salón y los dormitorios no corran peligro pero que sean los cuartos de baño los que amenacen con inundar toda la casa. Parte del problema del sector bancario también es ese. Gran parte de las entidades bancarias españolas tienen los mismos problemas (o incluso menos) que otros bancos europeos pero no se ha propiciado un adecuado aislamiento y tratamiento de los problemas más acuciantes y que requieren más resolución. Incluida alguna liquidación, si fuera preciso. Y, por supuesto, exigir responsabilidades. Toda resolución contundente requiere la complicidad de la ciudadanía y hacer comprender que el rescate de bancos es necesario debe también conllevar la exigencia de responsabilidad y la mejora y prevención para futuras ocasiones.

Ahora nos enfrentamos a un panorama nuevo y lo único que podemos pedir es que sea el definitivo. En experiencias de crisis anteriores se han dado muchos casos de lo que se llama tolerancia regulatoria (regulatory forbearance) y que básicamente consiste en que en lugar de actuar se deje hacer a los bancos, a la espera de que una mejora macroeconómica mejore su situación y puedan resolver por sí solos el problema. Este no ha sido exactamente el caso de España, ya que se han emprendido multitud de reformas parciales pero sí es cierto que respecto al principal problema -resolver el deterioro de activos- sí ha habido una cierta tolerancia que ahora se intenta corregir. El problema es que, entre reforma y reforma, las reglas del juego han cambiado demasiadas veces con resultados dispares. Las entidades bancarias españolas han hecho en tiempo récord una reestructuración considerable del sector, con múltiples procesos corporativos y ajustes (dolorosos) de estructuras. Pero la parte del saneamiento está siendo algo complicada y enrevesada. Ahora, con el rescate (que es la mejor traducción del término bailout que incontestablemente se ha dado a la ayuda financiera de la UE) se van a tener que negociar estas normas con Bruselas. Y, en este punto, sería deseable que el conjunto de reglas y los recursos que se aporten se conviertan en una verdadera resolución que acabe con el goteo de reformas.

España necesita a su sector bancario de vuelta pero para relanzarlo deben aportarse los recursos y la estabilidad normativa necesarias. Gran parte de los elementos que ahora se discuten para España (banco malo, recapitalización, nacionalizaciones, ...) y para Europa (soporte financiero común, unión bancaria europea, seguro de depósitos), han sido ampliamente discutidas. Sin ir más lejos, estos son algunos enlaces a artículos sobre estos temas que escribí para El País:

  1. Unión bancaria embrionaria
  2. Paracaídas financiero
  3. ¿Será suficiente?
  4. Paracaídas financiero
  5. Sector bancario: aligerar para relanzar

Pero ahora, ahora es el tiempo de la resolución. Si no, no habrá tiempo para mucho más.