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02/11/2018 06:58 CET | Actualizado 02/11/2018 06:58 CET

¿Para quiénes hablamos las feministas?

Carlos Pina
Manifestación del 8-M en Madrid.

La cosa es esta: un taller gratuito sobre feminismo, con inscripción previa para controlar el aforo (un máximo de quince personas) y máxima difusión en redes sociales. Un aluvión de solicitudes, un éxito de convocatoria. Ningún hombre entre los interesados.

Un Máster de Artes Visuales y educación en una importante universidad española; una asignatura sobre "Masculinidades, estudios de género y arte contemporáneo". Cero hombres matriculados.

Una mesa redonda sobre gestión cultural y feminismo, en el centro de Madrid. Tres ponentes mujeres, vinculadas al comisariado de arte, festivales de música electrónica, periodismo y pensamiento actual, y un ponente hombre vinculado a la Filmoteca Nacional. Un éxito de público, con más de cien inscripciones. Un vistazo rápido por las caras del público... ¿cinco hombres? ¿ocho... como mucho? Mi pregunta es esta: ¿para quienes hablamos las feministas?

Que no se me malinterprete, me parece maravilloso que las mujeres (mayores, medianas y jóvenes) llenen las salas... sobre todo las más jóvenes y así lo recalco en cada charla que doy. No es casualidad que la llamada Cuarta Ola tenga a la cabeza a chicas de quince y veinte años; han sido muchos años de otras que nos precedieron, que pelearon por lo que tenemos hoy, gracias a las que ahora tenemos claro que "no es no", que somos libres, independientes, dueñas de nuestros cuerpos, y que "si nos tocan a una, nos tocan a todas". Por eso, ver las salas llenas de estas nuevas generaciones tan jóvenes, con las ideas tan claras y dispuestas a salir a la calle a gritar que "no es abuso, es violación", me llena de una alegría inmensa.

Si seguimos entendiendo que educar en igualdad es decirles a los niños "que sean buenos con las mujeres", nos quedamos cortos

Pero entonces, ¿para quiénes hablamos las feministas? En las últimas ponencias que he dado, he constatado que hablamos para las que ya estamos convencidas, para las que sabemos que esto del feminismo es importante porque va de algo tan básico como los derechos humanos de toda la ciudadanía (aunque pareciera que sólo nos preocupe a nosotras). Estoy convencida de que no es porque sea un problema con la palabra "feminismo" (como se ha sugerido en algún caso) porque incluso cuando el título incluye la palabra "masculinidades" tampoco hay hombres.

El año pasado, en 2017, se registró el mayor aumento en el número de menores con orden de protección y medidas cautelares por ser víctimas de violencia de género, más de 600. Señala el exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género y profesor de la Universidad de Granada, Miguel Lorente Acosta, que las raíces culturales del machismo, sobre las que no se ha actuado apenas, siguen perpetuando roles de violencia sexista en los jóvenes y en sus relaciones. El machismo, que perdura fácilmente de generación en generación, no se supera con el tiempo, sino con educación en igualdad.

Si bien el modelo de mujer ha cambiado en las últimas décadas, impulsando que ellas sean independientes, se formen, tengan independencia económica, etc., lo cierto es que en el rol de familia siguen siendo penalizadas social y laboralmente con la maternidad, y se asume que los cuidados siguen siendo cosa de ellas. En el informe de la Organización Internacional de Trabajo de junio de 2018 se afirmaba que 2,5 millones de mujeres en nuestro país no pueden acceder al mercado laboral por estar al cargo de los cuidados en el ámbito familiar. Además, ellas realizan el 68% del trabajo de cuidados no remunerados, es decir, dos veces más de tiempo que los hombres.

Tristemente aún hablamos solamente para otras mujeres, y con suerte algunos hombres que saben que esto del feminismo también va con ellos

El modelo de hombre, sin embargo, ha variado muy poco, pese al trabajo arduo de asociaciones tan necesarias como AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género). Si seguimos entendiendo que educar en igualdad es decirles a los niños "que sean buenos con las mujeres", nos quedamos cortos (y a las cifras me remito). No existe un cambio real en el rol de lo entendido por masculino, que sigue construyéndose con estereotipos como lo autoritario, lo impositivo, la duro, etc. Ellos siguen siendo "nenazas" si lloran, se criminaliza lo considerado "blando" como algo impropio "de hombres" y que es, ¿casualidad?, todo aquello que tiene que ver con la "feminidad". Ya desde bebés ellos son "inteligentes como papá" y ellas "bonitas como mamá". Y, por supuesto, cada año se siguen reproduciendo los terribles y sexistas estereotipos en los juguetes (coches de carreras, carros de trabajo, construcciones, pistolas, superhéroes, etc. para ellos; cocinas, peluquerías, carritos de bebé y de la compra, etc. para ellas) o en el día de la madre (catálogos enteros con lavadoras, aspiradoras, licuadoras, libros de recetas, cremas de anti-envejecimiento...).

Así que, finalmente, ¿para quiénes hablamos las feministas? Tristemente aún hablamos solamente para otras mujeres, y con suerte algunos hombres que saben que esto del feminismo también va con ellos, porque la feminidad es opresiva para ellas pero la masculinidad no lo es menos para ellos. Quisiera dejar la pregunta en el aire, manteniendo la esperanza de que, en la próxima que nos sentemos a debatir sobre igualdad en cualquier acto público, esta pregunta deje de tener sentido.

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