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14/11/2012 07:20 CET | Actualizado 13/01/2013 11:12 CET

Por qué elijo no hacer huelga

Yo elijo mi derecho a no hacer huelga, fundamentalmente porque no es la imagen que quiero transmitir de mi país, y porque nos guste o no en este mundo global nos va a costar una pasta importante vía prima de riesgo, bono, deuda, etc..., y las deudas un país serio las paga.

Esta maldita crisis (que se pongan como se pongan los políticos de todo pelaje en nuestro país, dejó de ser crisis hace ya tiempo, y no es sino una depresión que nos llevará irreversiblemente a un cambio de modelo socioeconómico en este occidente del que somos parte) me ha obligado a viajar continuamente para buscar recursos que me permitan hacer frente a mis obligaciones adquiridas, al poner hace seis años en marcha el que tenía que ser el sueño de mi vida, mi restaurante en la calle Zurbano de Madrid.

Por aquello de ver el vaso medio lleno, y de olvidarme del precio personal que me ha tocado pagar por ello, tanto viaje -especialmente a Brasil, India y China- me ha dado una atalaya privilegiada para ver desde otra perspectiva el inexorable declive de un sistema socioeconómico que no se corresponde con la realidad de una inmensa mayoría del resto del planeta, la de la esclerótica Europa.

Señores, las reglas de juego fuera del marco europeo en el que nos hemos malcriado son las que son, y son bien distintas a todos los niveles de las de este continente, espacio que hemos pervertido de muchos derechos y pocos, muy pocos sacrificios y deberes, a costa de materias primas baratas de África y mano de obra barata de Suramérica, China e India.

Yo estoy en contra de los recortes, salvo que se lleven por delante como un tsunami la inmensa, ineficaz y desproporcionada administración que tenemos. Estoy en contra de las ayudas a una banca que no ayuda a nadie, a favor de la dación en pago, sobre todo cuando a todos nos han estafado previamente -Dios salve a la oferta y la demanda- con la tasación de los inmuebles antes de firmar la hipoteca... Estoy, en fin, a favor del buenismo, a favor de la paz en un mundo feliz y de que todos nos reunamos en Navidad a cantar alrededor del árbol de la vida de Coca-Cola...

Pero la realidad, esa que se empeñan en disfrazar, es que España ya no es de los españoles, ya no es nuestra. La realidad es que medidas populistas, cheques bebé, guerras a las que no nos llamaron y que no podíamos pagar, modelos administrativos más pensados para evitar roces y heridas que para crear una realidad de futuro, infraestructuras pagadas a escote pero sin ningún plan de viabilidad o rentabilidad detrás, salvo por supuesto la foto pensando en la reelección del político de turno, han acabado por sacar a la luz nuestras miserias.

Es cierto que vivimos como nuevos ricos, que gastábamos sin pensar en mañana, que nos endeudábamos hasta niveles que pensados en pesetas nos habrían parecido sencillamente imposibles. Pero no es menos cierto que TERRORISTAS, trileros sociales de traje, chaqueta, corbata y despacho en la Castellana, sin mirar con un mínimo de seriedad y profesionalidad un balance, nos jaleaban a comprar y comprar, a endeudarnos más y más, y te ofrecían su pluma sin pestañear para firmar en apenas media hora de notario un contrato que te ataba de por vida a una hipoteca, a un crédito... Y que a él le representaba fundamentalmente un bonus ganado del modo más sencillo posible.

Podríamos escribir líneas y líneas sobre ésto y aquello, buscar responsables, culpables, analizar qué se hizo bien y qué no se hizo bien... pero hoy escribo para explicar (que no justificar, porque creo que en España todavía no me hace falta, gracias a la Constitución) el por qué de mi rechazo a una huelga general que solo servirá si acaso para que unos agentes sociales que básicamente se representan a ellos mismos recuperen su cuota de poder, frente a un Gobierno que sistemáticamente les ha ninguneado este ultimo año.

Yo elijo mi derecho a no hacer huelga, fundamentalmente porque no es la imagen que quiero transmitir de mi país, y porque nos guste o no en este mundo global nos va a costar una pasta importante vía prima de riesgo, bono, deuda, etc..., y las deudas un país serio las paga.

Y de un modo más local, pequeño burgués si me apuran, por otra razón: porque si hoy soy capaz de facturar unos 1.850 euros (es lo que necesito para pagar a un empleado "mileurista", el llamado coste-empresa) tal y como va el año, por muchos restaurantes que abra fuera de mi país, cada euro cuenta para pagar las nóminas en nuestro restaurante... por muy exclusivo y de lujo que sea.

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