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06/12/2018 09:56 CET | Actualizado 06/12/2018 09:56 CET

¿Qué hacer?

Protesta contra Vox.
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Protesta contra Vox.

Es la pregunta que todos nos hacemos no sin cierta estupefacción ante el resultado de este domingo. Estupefacción porque cualquiera que haya pisado Andalucía para algo más que para tomar una hamburguesa en un McDonald's sabe que esta tierra no es fascista, no lo ha sido nunca, ni lo será, por constitución, ADN, piel y espíritu. El fascismo, el racismo, la homofobia y el machismo son antitéticos con lo que somos, con nuestra historia, con nuestras tradiciones y con el tejido mismo de nuestra sociedad abierta, plural y multicultural. De la misma manera que el 15M articuló políticamente la indignación, el 2D está articulando la preocupación.

Entender qué pasó es acuciante si queremos discutir los sentidos comunes que aceleradamente se están instalando en el país. De un lado la idea de que la ultraderecha lepeniana habría aflorado en España, del otro, la tesis de que este surgimiento por generación espontánea tendría su origen exclusivamente en la catalanofobia.

Lo cierto y verdad es que aún a riesgo de extraer conclusiones apresuradas y con la prevención de supeditarlas a las lecturas detalladas que podamos extraer de los informes postelectorales, mi impresión es que los números no avalan estos dos peligrosos sentidos comunes.

Veámoslo. Sobre el fenómeno PP/Vox, a la vista de que el antiguo hegemón de la derecha, el PP, pasa de 1.064.168 apoyos a tener 749.275, perdiendo 315.000 votos, y de que este número constituye un porcentaje muy elevado de los que obtiene Vox precisamente en bastiones del PP, parece evidente que la emergencia de esta formación no responde fundamentalmente a un fenómeno nuevo en términos de base social, sino que lo que explicaría mejor lo sucedido sería precisamente una reconfiguración del espacio de la extrema derecha en Andalucía/España. Esos votos, de extrema derecha, se habrían sentido representados hasta la fecha por el PP y ahora habrían encontrado una mejor vocería. No estaríamos por tanto ante un fenómeno sociológico similar al que observamos en Francia, donde Marine Le Pen llegó a alcanzar un 40% de intención de voto entre los obreros de tipo industrial desangrando las bases populares de la izquierda hacia el Frente Nacional. Nos encontraríamos por el contrario ante un fenómeno de reorganización partidaria en el seno de la derecha española. El PP se rompe por su extremo porque lleva meses desplazando a la derecha la ventana de Overton de los sentidos comunes aceptables por la sociedad española.

No nos engañemos, no hay Vox sin 1 de Octubre, y obviarlo no nos ayudará a encontrar mejores respuestas...

Un zoom a un barrio popular sevillano como Cerro Amate avalaría esta tesis. Efectivamente el PP+Vox en 2015 obtuvieron 4.976 votos y en 2018 juntos obtienen 5.634, una subida del 10%, 658 votos, que tendrían estos sí orígenes múltiples, desde los 735 votos de UPyD 2015 hasta quizá cierta corriente menor de voto descontento que no sintiéndose representado en ninguna opción optó por el voto de protesta más antipolítico disponible. Es además -salvo la excepción por su particular economía y demografía de los municipios de El Ejido y Níjar- en los barrios de clase media-alta como Los Remedios (Sevilla) donde Vox habría encontrado respaldos de hasta el 25%.

Este análisis no obstante no aleja el espantajo, sencillamente lo sitúa en su justa medida hasta la fecha. El verdadero riesgo estribaría en que aupados sobre los 12 escaños de la ultraderecha de siempre, antes camuflada en el PP, este partido fascista mute ahora para interpelar con éxito a otras capas de la sociedad. Que el resultado del 2D sea una vacuna frente a la ultraderecha y no una inyección de hormonas, dependerá de que los demócratas no aceptemos ni el más mínimo intento de camuflaje de sus involucionistas ideas.

Pero no nos engañemos, no hay Vox sin 1 de Octubre, y obviarlo no nos ayudará a encontrar mejores respuestas. La cuestión catalana tiene especificidades además en Andalucía. De un lado la ominosa presencia de "los problemas" de Cataluña frente a los de Andalucía en los medios de comunicación y en el Congreso. Un dato revelador. El pasado 15 de octubre pedía a los servicios de la Cámara el numero de iniciativas dedicadas a una y otra Comunidad y a las 446 sobre Andalucía se le oponían 1.371 sobre Cataluña. En la práctica, sean cuales sean las causas, el Congreso habla tres veces más de los problemas catalanes que de los andaluces.

Pero es que además en Andalucía la conexión con Cataluña tiene componentes de expresa familiaridad, son muchos de los vecinos y vecinas de nuestra tierra llevan décadas viviendo en el seno de sus propias familias la fotografía comparativa que dibujan aquellos que salieron hace años hacia Cataluña y que ahora, cuando regresan temporalmente, muestran únicamente el lado más amable de su estancia allá, como si de la mejor pose impostada para Instagram se tratara, obviando situaciones de exclusión, precariedad, privatizaciones de la sanidad, corrupción de la élite política, etc. que sufren en aquella comunidad.

La solución no puede ser más centralismo, ni en lo partidario ni en lo político, no puede ser cavar una trinchera defensiva aún más honda como si Vox no fuera poco más que la excrecencia ultraderechista del PP...

Erradamente o no, se ha instalado en la piel de los andaluces y andaluzas el agravio respecto a las prioridades entre "sus" necesidades y las "nuestras".

El 2D Andalucía no se sustrajo del doloroso hecho de que en España, en Madrid -porque es ahí donde se espera que se hable de Andalucía- hoy cuentan muy poco sus problemas frente a los intereses de los políticos madrileños influidos por la presión catalana. Y frente a esta cuestión -central en esta campaña- en una comunidad política que se reconoce parte de otras comunidades políticas como la española y la europea, es preciso reconocer que desde Adelante Andalucía no se ha logrado ahormar un horizonte suficientemente sólido a la par que claro para ilusionar a los y las andaluzas con un proyecto de futuro para nuestra tierra, pero también con respuestas a la legitima inquietud del pueblo andaluz por el futuro del modelo territorial.

Esta cuestión sin duda se superpuso al desafecto acumulado de la marca estatal reflejado por todos los sondeos y por qué no decirlo, a las dificultades para hacer creíble en tiempo récord la voluntad cierta de quienes componen Adelante Andalucía para reconectar con quienes dejaron de confiar en nosotros al tiempo que para atraer a aquellos que dejaron de confiar en el PSOE. No se alcanzó a materializar la voluntad de construir, con una propuesta desde y por Andalucía, y con todas las consecuencias orgánicas y políticas que esto conlleva, un instrumento genuino que acogiera y represente a quienes dejaron de sentirse representados, que reconecte con el espíritu transversal de aquel 15M, el que impugnaba el sistema sin sectarismos ni recetas precocinadas.

Finalmente es preciso reconocer que el escenario trasladado por los sondeos de que en estas elecciones y para la conformación del futuro Gobierno, estaba "tol pescao vendío", no resultaba precisamente el más ilusionante posible para una fuerza del cambio. Seguramente este hecho está detrás de la importante correlación entre los 326.053 sufragios que se quedaron en casa y los que ha dejado de recibir Adelante Andalucía.

Sobre el PSOE-A sólo una nota al margen. Este partido en Andalucía venía siendo un partido catch-all, capaz de recoger, merced a sus políticas -como la reforma fiscal regresiva exigida por C's o el discurso pro-monárquico de Susana Díaz- un importante caudal de votos de centro liberal nacionalista español, votos que en otras latitudes probablemente habrían caído históricamente en otros partidos a su derecha. Habrá que esperar a los estudios post-electorales para saber cuantos de los 400.000 votos que pierde son abstencionistas y cuantos forman parte de los 290 mil que crece C's.

Los y las andaluzas tenemos que persistir en la construcción de herramientas de representación propias que nos permitan poner en el centro los problemas de nuestro pueblo sobre todas las cosas...

Termino como titulo, ¿qué hacer entonces? La solución no puede ser más centralismo, ni en lo partidario ni en lo político, no puede ser cavar una trinchera defensiva aún más honda como si Vox no fuera -al menos por ahora- poco más que la excrecencia ultraderechista del PP, no podemos ni debemos entregarles en bandeja a nuestros adversarios el marco del debate redoblando su apuesta.

Desde mi punto de vista, la solución no puede ser sino seguir profundizando en la construcción de una herramienta genuinamente andaluza, comprometida con su autonomía y la reforma de las instituciones de un país que es culturalmente confederal pero que se niega a reconocerlo políticamente. Una herramienta que dé horizonte y esperanza poniendo a Andalucía primero y sobre todas las cosas, cueste lo cueste, frente a todos los que desoyen los intereses de esta tierra. Los y las andaluzas debemos defender nuestros derechos adquiridos aquellos 4D y 28F frente a la mezquindad de esa parte del separatismo cobarde e irresponsable que desde Bruselas jamás ha considerado los intereses de quienes compartimos casa común, pero también frente a los políticos que en Madrid mercadean con nuestra voluntad y con nuestros escaños en beneficio propio, ya sea para construirse un frente nacionalista español en el que los andaluces no somos más que votos y carne de cañón, o para jugar a los cromos con quien toque (Coalición Canaria, PNV, PdCat...) dando por descontados los apoyos de Andalucía.

Los y las andaluzas tenemos que persistir en la construcción de herramientas de representación propias que nos permitan poner en el centro los problemas de nuestro pueblo sobre todas las cosas, aquí y en Pekín. Con la solidaridad, empatía y generosidad que nos caracteriza, pero nunca más subordinados o descontados. El mensaje de las urnas nos arroja una responsabilidad inmensa, nos mandata para transitar ese camino con valentía y persistencia, para construir esa nuestra Alternativa con mayúsculas, la nuestra, porque nos jugamos mucho, una Andalucía de futuro para los que nos quedamos y a la que puedan volver los que se fueron expulsados por el paro, pero no se nos olvida, nos jugamos también una España en la que la democracia siga siendo viable.

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