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30/06/2015 07:02 CEST | Actualizado 29/06/2016 11:12 CEST

4 deseos para la clase de 2015

sheryl sandberg speechLos grandes líderes no sólo favorecen el desarrollo de las personas como ellas, sino el de todos. Si queréis ser grandes líderes, tendréis que desarrollar a las mujeres al igual que a los hombres, en vuestras empresas y en vuestros equipos.

Este discurso se pronunció el 27 de junio de 2015 en la ceremonia de graduación de la Universidad de Tsinghua de Economía & Gestión en Pekín.


Me honra poder dirigirme hoy aquí al decano Yingyi Qian, a la distinguida facultad de Economía y Gestión de la Universidad de Tsinghua, a los orgullosos familiares, a los leales amigos y, lo que es más importante, al curso de 2015. Al contrario que mi jefe, Mark Zuckerberg, no hablo chino. Me disculpo por ello. Pero sí que me pidió que os hiciera llegar este mensaje: zhuhe [enhorabuena]. Es un placer estar aquí para felicitar a esta magnífica clase el día de su graduación.

Cuando el Decano Qian me invitó a hablar hoy, pensé, ¿ir a hablarle a un grupo de personas más jóvenes y más guays que yo? Claro que puedo. Lo hago todos los días en Facebook, puesto que Mark es quince años más joven que yo y la mayoría de nuestros empleados son más contemporáneos suyos que míos. Me encanta encontrarme rodeada de gente joven, excepto cuando me dicen, "¿Cómo era eso de estar en la universidad sin teléfono móvil?", o lo que es peor, "Sheryl, ¿puedes venir un momento? Necesitamos saber qué pensaría la gente mayor sobre esta aplicación".

Me gradué en la universidad en 1991 y de la escuela de negocios en 1995. No hace tanto de aquello. Pero una cosa os puedo asegurar: el mundo ha cambiado muchísimo en sólo veinticinco años. Mi curso en la escuela de negocios trató de dar la primera clase online de la escuela. Tuvimos que escribir una lista de nombres de usuario porque era algo impensable que uno pusiera su nombre real en Internet. Y la clase no funcionó porque el sistema no paraba de colgarse; sencillamente, no era posible que noventa personas se comunicaran online todos a la vez.

Durante breves momentos entre cuelgue y cuelgue del sistema, pudimos echar una ojeada al futuro, un futuro donde la tecnología nos conectaría con los compañeros de trabajo, con nuestros familiares, nuestros amigos. Cuando me encontraba sentada donde estáis vosotros ahora, no podía imaginar el mundo en el que vivimos hoy. Y dentro de veinticinco años vosotros habréis ayudado a dar forma al mundo de vuestra generación.

Como graduados en Tsinghua, seréis líderes no sólo en China, sino en todo el mundo. China es un líder mundial en términos de nivel educativo y crecimiento económico. No sólo los líderes políticos y empresariales reconocen la importancia de China. Muchos padres estadounidenses también se dan cuenta; las escuelas más exigentes a las que se tiene acceso en la Bahía de San Francisco, el área donde yo vivo, son aquellas que enseñan chino.

Pero el hecho es que los países no lideran. Los líderes son las personas.

Después de graduaros hoy, empezaréis vuestro camino hacia el liderazgo. ¿Qué tipo de líderes queréis ser? ¿Cuánto impacto tendréis sobre las vidas de otros? ¿Qué huella dejaréis en el mundo?

En Facebook, tenemos pósteres en las paredes que nos recuerdan que tenemos que pensar en grande; plantearnos retos a nosotros mismos para superarnos día tras día. En estos carteles se pueden leer algunas lecciones importantes sobre liderazgo y hoy quiero mostraros cuatro de ellas que creo pueden resultaros valiosas.

Primero: La fortuna favorece a los valientes.

Facebook existe porque Mark creyó que el mundo podría ser un lugar mejor si las personas usaran la tecnología para conectarse como individuos. Creía tan firmemente en ello que abandonó la Universidad de Harvard para volcarse en esta misión y luchó para aferrarse a ella con el paso de los años. Lo que sucedió con Mark no fue suerte. Fue valentía.

Es algo poco común que encontréis vuestra pasión a una edad tan joven como la de Mark. A mí me costó mucho más tiempo averiguar qué era lo que quería. Cuando estaba sentada con mi toga de graduada, no podía siquiera considerar el trabajar para Facebook, porque Internet no existía (y Mark solamente tenía once años). Pensaba que sólo trabajaría para organizaciones gubernamentales o filantrópicas porque creía que estas instituciones hacían del mundo un lugar mejor, mientras que las empresas únicamente trabajaban buscando sus beneficios. Pero cuando estuve trabajando para el Departamento del Tesoro de EEUU, pude ver desde la distancia el impacto que las empresas tecnológicas tenían en el mundo, así que cambié de opinión. Cuando terminó mi contrato con el gobierno, decidí mudarme a Silicon Valley.

En retrospectiva, parece una jugada astuta. Pero en 2001 era, tirando por lo bajo, cuestionable. La burbuja tecnológica había explotado. Las grandes compañías estaban despidiendo a gran escala y las pequeñas compañías estaban quedándose fuera del mercado. Me concedí cuatro meses para encontrar un trabajo. Estuve casi un año entero. En una de mis primeras entrevistas, el CEO de una empresa tecnológica me dijo "He aceptado esta reunión como favor a un amigo, pero nunca contrataría a alguien como tú; los trabajadores del gobierno no pueden trabajar en tecnología".

Finalmente, persuadí a alguien para que me contratara y, catorce años más tarde, me sigue encantando trabajar en tecnología. No era mi plan original pero, al final, lo conseguí.

Espero que si en algún momento os veis siguiendo un camino, pero añorando otro diferente, podáis hallar la forma de alcanzarlo. Y si veis que no funciona, intentadlo de nuevo. Intentadlo hasta que encontréis algo que despierte vuestra pasión, un trabajo que sea importante para vosotros y también para los demás. Es un lujo poder combinar una pasión con aportar algo a los demás. Es, también, un camino evidente hacia la felicidad.

Segundo: Las críticas son un regalo.

En Facebook, sabía que el elemento determinante más decisivo en mi rendimiento iba a ser mi relación con Mark. Cuando me uní a ellos, pedí a Mark que se comprometiera a darme su opinión sobre mi trabajo cada semana, para que cualquier cosa que le molestara se pudiera transmitir y debatir rápidamente. Mark no sólo aceptó, sino que inmediatamente añadió que quería que el trato fuera recíproco. Durante los primeros años, nos ceñimos a esta rutina y nos reuníamos cada viernes por la tarde para expresar nuestras preocupaciones, grandes y pequeñas. A medida que pasaban los años, compartir nuestras sinceras reacciones pasó a ser parte de nuestra relación y ahora lo hacemos en tiempo real en lugar de esperar al final de la semana.

Recibir opiniones de tu jefe es importante, pero el feedback de aquellos que trabajan para ti es igual de importante. No es un asunto fácil de hacer, dado que los empleados normalmente están deseosos de agradar a aquellos que tienen por encima y no quieren criticar o cuestionar a sus superiores.

Uno de mis ejemplos favoritos en este tema viene de Wall Street. En 1990, Bob Rubin pasó a ser el CEO de Goldman Sachs. A finales de su primera semana, mirando los libros de la empresa, notó unas enormes inversiones en oro. Le preguntó a alguien que a qué se debía. ¿La respuesta? "Fue idea suya, señor". "¿Mía?", respondió Rubin. Según parece, el día anterior había estado dando una vuelta por la planta de comerciales y le comentó a alguien que "el oro parece interesante". La frase fue repitiéndose como "A Rubin le gusta el oro" y alguien gastó cientos de millones de dólares en hacer feliz al nuevo jefe.

En una escala más pequeña, he afrontado retos similares. Cuando ingresé en Facebook, una de mis tareas era la de construir el lado empresarial de la empresa (pero sin destruir la cultura de ingeniería que había hecho a Facebook tan genial). Así que una de las cosas que traté de hacer fue disuadir a las personas de hacer presentaciones formales de PowerPoint en las reuniones conmigo. Al principio, lo pedí de forma amable. Todo el mundo me ignoró y continuó haciendo sus presentaciones. Así que después de unos dos años en la empresa dije, "A ver, normalmente odio las normas, pero ahora tengo una: No más PowerPoint en mis reuniones".

Después de un mes, cuando estaba a punto de dirigirme a nuestro equipo de ventas globales, alguien se acercó a decirme, "Antes de que subas al escenario, deberías saber que todo el mundo está bastante molesto con eso de nada de PowerPoint con los clientes". Me quedé sorprendida. ¡Yo nunca había prohibido esas presentaciones con los clientes! Solamente no las quería en mis reuniones. ¿Cómo íbamos a presentarnos a los clientes sin un PowerPoint? Así que me subí al escenario y dije, "Primero, quise decir nada de PowerPoint conmigo. Y segundo, la próxima vez que escuchéis una mala idea --como no hacer presentaciones apropiadas para los clientes--, decidlo en voz alta. Incluso si pensáis que eso es lo que he pedido, ¡decidme que me he equivocado!"

Un buen líder reconoce que la mayoría de empleados no se encuentra cómoda desafiando la autoridad, así que recae sobre la autoridad la responsabilidad de solicitar un feedback. Lo aprendí de mi error del PowerPoint. Ahora le pregunto a mis colegas "¿Qué podría hacer mejor?" Y siempre se lo agradezco, normalmente con elogios en público, a la persona que tiene las agallas de responderme con sinceridad. Creo firmemente en que la mejor forma de liderar es trabajando codo a codo con tus compañeros, al mismo nivel. De forma que no sólo hablas, sino que también escuchas.

Tercero: Ningún problema es el problema de otro.

Cuando comencé mi carrera, observaba a las personas que desempeñaban roles de dirección y pensaba, "Tienen tanta suerte. Tienen tantísimo control". Así que imaginad mi sorpresa cuando durante un curso sobre liderazgo en la escuela de negocios me dijeron que a medida que subes en cargos directivos, te haces más dependiente de los demás. En aquel momento, pensaba que mis profesores estaban equivocados.

Pero estaban en lo cierto. Yo soy dependiente de mi equipo de ventas... y no al contrario. Si se quedan cortos, es mi culpa. Como líder, aquello que puedo conseguir no es sólo lo que logro hacer por mí misma, sino lo que consigue cada miembro de mi equipo.

Las empresas de todos los países operan de la forma que es apropiada según su cultura correspondiente. Sin embargo, creo que hay algunos principios de liderazgo que son universales y uno de ellos es que es mejor inspirar que dirigir. Es cierto, los trabajadores harán lo que sus jefes les pidan en la mayoría de organizaciones. Pero los grandes líderes no quieren sólo obediencia asegurada. Quieren obtener entusiasmo genuino, confianza completa y auténtica dedicación. No se conforman con ganarse las mentes de su equipo, quieren ganarse su corazón. Si tus trabajadores tienen fe en la misión de tu organización y tienen fe en ti, no sólo harán bien sus tareas diarias, sino que además las harán con auténtica pasión.

Nadie ha ganado más corazones que mi amado marido Dave Goldberg, que falleció de forma repentina hace dos meses. Dave era un verdadero líder, una inspiración. Era amable. Era generoso. Era considerado. Era capaz de aumentar el nivel de rendimiento de todos los que le rodeaban. Lo demostró como CEO de SurveyMonkey, una compañía increíble que él ayudó a construir. Lo demostró conmigo y con nuestros hijos.

Un amigo nuestro, Bill Gurley, un inversor de capital de riesgo de Silicon Valley, escribió un artículo donde instaba a otros a "Ser Como Dave". Bill escribió, "Dave nos enseñó a todos cómo debía ser un gran ser humano... Pero nunca resultó frustrante, porque la grandeza de Dave no era competitiva o amenazadora. Era amable, edificante y humilde. Era la quintaesencia del concepto de liderar con el ejemplo".

El Profesor Frances Frei de la Escuela de Negocios de Harvard ha afirmado que "el liderazgo consiste en hacer mejor a los otros como resultado de tu mera presencia y en asegurarse de que ese impacto permanece después de tu ausencia". Al igual que Dave, podéis hacer esto por los demás durante el transcurso de vuestras carreras.

Cuarto: Avanzad.

Como dice el proverbio chino, repetido por todo el mundo: "Las mujeres sostienen la mitad del cielo". Las mujeres desempeñan un papel especial en el pasado y el presente de China.

Cuando el mundo se ha reunido a debatir la situación de la mujer y su progreso a nivel global, el encuentro ha sido aquí en Pekín. En 1995, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing --que hacía un llamamiento por la participación completa e igualitaria de las mujeres en la vida y los procesos de toma de decisión-- fue adoptada por 189 gobiernos. El año pasado, en el vigésimo aniversario de esa histórica declaración, los líderes se reunieron de nuevo aquí para movilizar a todos en favor de lo que ha pasado a conocerse como la promesa de Pekín: igualdad para mujeres y hombres.

Aunque todos reconocemos la importancia y fuerza de las mujeres, cuando miramos hacia los puestos de liderazgo en cada país, están cubiertos de forma abrumadora por hombres. En casi todos los países del mundo --incluyendo los Estados Unidos y China--, menos del seis por ciento de las compañías más importantes están dirigidas por mujeres. En cada una de las industrias, las mujeres asumen menos papeles de liderazgo. Esto se traduce en que al llegar la hora de tomar decisiones que nos afectan a todos, las voces de las mujeres no se escuchan con la misma fuerza.

Hay muchas razones que explican la brecha de género en cuestiones de liderazgo: discriminación descarada, mayores responsabilidades en el hogar, falta de flexibilidad en el trabajo y, muy notablemente, nuestras expectativas estereotipadas. Mientras que las culturas cambian por todo el mundo, nuestros estereotipos sobre hombres y mujeres son extraordinariamente parecidos. A pesar de que el estatus de la mujer sigue cambiando y evolucionando en China y muchas otras partes del mundo, las expectativas y estereotipos tradicionales continúan perviviendo. A día de hoy, en los EEUU, en China y por todas partes, se da por supuesto que los hombres tienen que liderar, ser autoritarios, tener éxito. Se supone que las mujeres han de actuar más por la comunidad, compartir, someterse a los otros. Esperamos que el liderazgo venga de los chicos y de los hombres. Pero cuando una chica lidera, en inglés se la llama bossy [igual que en español, mandona], o qiang shi en chino.

Hay otras barreras sociales también son un lastre para la mujer. A menudo se las excluye de las redes profesionales, como en Guanxi [una red china], y de los procesos sociales formales e informales que son tan críticos para el progreso laboral. Este hecho también es una realidad en Estados Unidos, donde a menudo los hombres eligen ser mentores de otros hombres en vez de mujeres.

Soy de la opinión de que el mundo sería un lugar mejor si los hombres dirigieran la mitad de los hogares y las mujeres la mitad de las empresas. La buena noticia es que podemos cambiar los estereotipos y alcanzar una equidad real. Podemos mostrar apoyo a las mujeres que lideran en sus puestos de trabajo. Podemos encontrar más equilibrio en el hogar si los padres ayudan a las mujeres con las tareas del hogar y la educación de los niños; los matrimonios más igualitarios son más felices y donde hay un padre más activo, los hijos se desarrollan mejor. Podemos enfrentarnos a quien llame "mandona" a una chica y decirle "Esta chica no es mandona. Esa chica tiene habilidades de liderazgo ejecutivo".

Y quiero que esto quede muy claro: la igualdad no es sólo buena para las mujeres. Es buena para todo el mundo. La participación de la mujer en el panorama laboral es un impulsor primordial del desarrollo económico. Las empresas que saben reconocer los talentos de entre toda su población, rinden más que aquellas que no lo hacen. El CEO de Alibaba, Jack Ma, que estuvo aquí en mi lugar el año pasado, ha declarado que "una de las salsas secretas del éxito de Alibaba es que tienen muchas mujeres... sin ellas, no habría Alibaba". Las mujeres ocupan el cuarenta por ciento de todos los trabajos en Alibaba y un treinta y cinco por ciento de los puestos directivos. Mucho más que la mayoría de las compañías en todo el mundo.

Los grandes líderes no sólo favorecen el desarrollo de las personas como ellas, sino el de todos. Si queréis ser grandes líderes, tendréis que desarrollar a las mujeres al igual que a los hombres, en vuestras empresas y en vuestros equipos.

Nuestros colegas pueden ayudar también en nuestro desarrollo. Cuando mi libro Vayamos Adelante fue publicado en 2013 [Lean In en su versión original], también lanzamos LeanIn.org, una organización sin ánimo de lucro con la misión de empoderar a las mujeres para que alcancen sus ambiciones. LeanIn.Org organiza Lean In Circles, que son pequeños grupos de colegas trabajadores que se reúnen de forma regular para compartir y aprender de sus experiencias. Hay ya alrededor de 23.000 grupos en más de cien países.

El primer grupo internacional de Lean In Circle se reunió en Pekín, un grupo de jóvenes mujeres profesionales que se reunieron para dar apoyo mutuo a sus ambiciones profesionales y desafiar el concepto de shengnu, mujeres sobrantes [mujeres, normalmente altamente cualificadas, que no están casadas y por eso reciben este calificativo despectivo, a modo de presión social]. En los últimos dos años, han construido una red de Circles a través de toda China, desde trabajadores profesionales a estudiantes universitarios: mujeres y hombres que se reúnen para apoyar la igualdad. Uno de estos círculos se encuentra en Tsinghua y me reuní con ellos esta mañana. Me inspiró la pasión que sentían por sus estudios y sus carreras. Tal y como me dijo uno de sus miembros, "Fue cuando me uní a Lean In Tsinghua cuando aprendí a entender completamente el proverbio chino: 'Una causa justa disfruta de abundante apoyo'".

Creo que vuestra generación hará un trabajo mejor que la mía solucionando el problema de la desigualdad de género. Así que la atención se centra en vosotros. Vosotros sois la esperanza de un mundo más equitativo.

Hoy es un día de celebración. Un día para celebrar vuestros logros, todo el trabajo que os ha costado llegar a este momento.

Es un día de gratitud. Un día en el que dar gracias a las personas que os han ayudado a llegar aquí, las personas que os han ayudado a crecer, que os han enseñado, alentado y secado vuestras lágrimas. Hoy es un día de reflexión. Un día en el que pensar qué tipo de líderes queréis ser.

Creo que vosotros sois los líderes del futuro, no sólo de China sino de todo el mundo. Y para cada uno de vosotros os deseo cuatro cosas:

1. Que seáis intrépidos y tengáis suerte. La fortuna favorece a los valientes.

2. Que deis y recibáis siempre las críticas que necesitéis. Una crítica es un regalo.

3. Que empoderéis a los demás. Ningún problema es el problema de otro.

4. Que apoyéis la equidad. ¡Id hacia adelante!

¡Enhorabuena!

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Diego Jurado Moruno