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16/06/2012 10:08 CEST | Actualizado 29/10/2013 20:03 CET

Manuel Rey, Minero

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Manuel Rey, Minero.

Villaseca de Laciana. 26 de mayo de 2012

"Mineros del mundo ¡Alerta!"

Marcos Ana

Hará unos 35 años que don Manuel ya no baja a la mina, pero si se le pregunta por su profesión te espeta: "¡Minero! ¿Que iba a ser yo? Si aquí no había otro jornal que no fuera la mina".

Venido de Lugo tras los pasos de su padre a seguir su misma suerte; la suerte del carbón del Sil. El Sil recién nacido a su paso por Villaseca de Laciana se abalanza encajonado y bramante apartando la fraga que él mismo alimenta. Es río estrecho pero fiero. Entre la carretera que sube hasta Babia y su cauce a veces se abre una explanada de cuatro palmos cuadrados que anuncia una bocamina escueta de la que dejó de brotar la fulminante riqueza y de la que hoy solo escapa el agua. En la ribera de enfrente están las minas más modernas. Allí estaba la maraña de pisos, cotas, bocas y embarques. Hoy todo ya tapiado y desmontado. Y comido por el verde.

"¡Qué guapo era esto! Aquí había un plano que cruzaba por arriba y llegaba hasta aquel otro piso. Por aquí venían las vagonetas en funicular. Las vacías las subía el propio peso de las que bajaban llenas. Y había uno allí sólo para frenarlas. Muy guapo, muy guapo. Ahora ya nada. Quedan aquí cuatro camiones que hacen el transporte de mineral de minas de más abajo, pero nada, poca cosa. ¡Tenías que haberlo visto esto! ¡Guapo, guapo!"

"Estuve año y medio trabajando fuera de la galería, trabajos auxiliares. Pero no traía cuenta: menos jornal, una hora más de jornada y se pasaba un frío criminal. Te pasabas el invierno con los pies en la nieve. Ahora yo no se adonde ha ido la nieve de este país. Ni donde se ha ido todo. Esto se hundió muy rápido. Enseguida vimos que no remontaba. Mi hijo, aunque hubiera querido, ya no podría haberse dedicado a esto. Tuvo que agarrarse a los libros".

El que no se va es don Manuel. Hoy tiene 80 años y se salió de la mina con 45. Cosas de cardiología. No solo no se va si no que vuelve cada día. Se hace su paseo vespertino de casa hasta la bocamina Carrasconte. Pasa bajo los chalés de los encargados. ("Uno lo han vendido ahora, el otro lo están dejando caer") Deja a su espalda los bloques de viviendas de los mineros y pasa frente a las duchas y las oficinas. Y en esas explanadas, donde antes mugía el tren hullero y se desperezaba la industria y manaban los jornales, hoy esperan la llegada del juicio final muros, torres, pirámides truncadas y bisutería ciclópea hecha de cientos de vagonetas patas arriba (ruedas al cielo) por entre las cuales pasa Manuel -ida y vuelta- cada vez que repite su paseo.

"Mineros del mundo ¡Alerta!"

© Fotografía: Sofia Moro

© Texto: Sofía Moro & Claudio Criquielion

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