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23/08/2018 07:09 CEST | Actualizado 23/08/2018 07:09 CEST

Poner un filtro de Instagram a la crianza no le hace ningún favor a las madres

Nunca imaginé que sucumbiría a los encantos de los influencers de Instagram. ¿Esos no son los veinteañeros que publican cosas sobre el cuidado personal en bikini? Sin embargo, atraída por el color, caí en el agujero negro de las mamás influencers de Instagram. Yo soy madre de dos niños pequeños y ESTE es mi grupo demográfico.

Ahora reconozco instamamás a un kilómetro de distancia: atractivas, delgadas, con filtros de insta al máximo y con uno o dos niños a cuestas. Tienen un peinado característico que ondea como la bandera de un selecto club: largos mechones con los que hacerse una coleta fácilmente (¡hola, símbolo de juventud y alegría!). Cumplen perfectamente con los tópicos que muestran su felicidad de ser madres y se hacen idílicas fotos de sus vidas, sus comidas, sus casas y sus cariñosos maridos.

_chupacabra_ via Getty Images

Las instamamás también comparten cositas sobre ellas y sus familias. Puedes seguirlas cuando se van de vacaciones, pierden peso y reorganizan la despensa. Incluso publican cuándo sus hijos se ponen malos. Pero no te preocupes, nunca verás la infernal línea de seguridad del aeropuerto, la verdadera habitación de un niño con juguetes feos de Disney o a un niño que realmente esté enfermo y con mocos.

Las fotos a veces las hacen fotógrafos profesionales con poses preparadas para la cámara. A veces sabes que la misma ropa y la misma ubicación se repiten en sus fotos en un día diferente, un signo revelador de una sesión profesional. Lo más importante es que los hilos de instamamás están muy organizados. No se publican en tiempo real y no son #reallife. Son un trozo de vida enrarecida, no de verdadera maternidad: noches sin dormir, pis, cortes, moretones, vómitos y lágrimas (ay, las lágrimas).

Admiraba cómo parecía que las instamamás lo hacían todo sin esfuerzo (#goals). Soñaba con un sofá color crema que no emitía toxinas, tomaba nota de sus entrenamientos para fortalecer el tronco y pensaba para mí misma: "Necesito estar más al día", mientras miraba el teléfono.

Cuando mi propia vida desordenada choca con las imágenes con filtros en Instagram, no puedo evitar sentirme insuficiente.

Pero, finalmente, comenzó a invadirme una sensación de inquietud. Sentí que no estaba siendo buena madre. No preparo tazas de cereales todos los días, no doy a mis hijos coliflor asada ni semillas de chía, no parece que acabo de ir a la peluquería. La mayoría de los días, llego tarde, les he gritado a los niños que se pongan los zapatos 63 veces, he olvidado sus bocadillos, los dos están peleándose, alguien está sangrando y se quejan por qué ver en la tele.

La #VidadeunaMamáReal significa que la mayoría de las cosas no salen según lo planeado y que alguien entra en crisis (esa suelo ser yo). Amo a mis hijos y trato de mantenerme a flote con un trabajo, comidas, actividades para niños y los desastres de la vida cotidiana. Cuando mi propia vida desordenada choca con las imágenes con filtros en Instagram, no puedo evitar sentirme insuficiente.

Busqué contenido más realista, pero incluso si buscas #VidadeunaMamáReal o #MaternidadReal (vamos, busca), u otro hashtag que prometa algo más sin filtrar, las fotos son iguales. El título hace referencia a una "mañana dura", una "noche de insomnio" o un cliché como "no siempre es fácil", pero la foto muestra a una mujer resplandeciente, como una diosa, y ni siquiera se ve un poco de ropa sucia.

Getty Images/iStockphoto

Esto parece ser la clave de su fórmula: puedes quejarte, siempre y cuando no muestres ninguna grieta. Si una imagen vale más que mil palabras, estas fotos son una novela épica de facilidad y glamour. ¡Ay de la mujer que vea la maternidad como algo desafiante!

Lo de que las redes sociales pueden tener un efecto perjudicial en el bienestar emocional no es nada nuevo. Nadie se beneficia al ver o sentir que su vida no es tan feliz y elegante como la de otras madres ("mejores"). Todavía no se han hecho suficientes investigaciones sobre causa y efecto en Instagram, pero un estudio de la Universidad de Tel Aviv descubrió que los usuarios de Facebook eran menos felices que los que no eran usuarios, principalmente porque se comparaban a los demás y parecía que sus vidas eran insuficientes.

Mi vida no es una campaña publicitaria perfecta para una maternidad que no existe.

Hay un ángulo aún más insidioso a esta tendencia en las redes sociales. Las instamamás a pequeña escala van de 10.000 seguidores (de las cuales parece haber cientos, quizás miles) a fieras como Amber Fillerup Clark, con 1,3 millones de seguidores. Las grandes marcas quieren acceso a todos esos ojos. Las publicaciones patrocinadas ahora se abren camino en muchas fotos de madres igual que los anuncios dirigidos a las amas de casa de los cincuenta, solo que venden detergente orgánico para la ropa, caldo de hueso casero y máscaras faciales de clorofila. Es más "hacerlo todo" que "tenerlo todo", si hacerlo todo significa yoga y boles de aguacate.

Su mensaje es monolítico: ser madre es como estar en un estado de éxtasis en una gran revista. Solo deberías querer un bebé monísimo y un cuerpo tonificado. Disfruta cada momento. Si no, estás haciendo algo mal.

Ver lo positivo no es un mal consejo. Cuidarse es una buena idea. Ser agradecido se ha vinculado a una mayor felicidad. Por supuesto, tengo momentos de alegría desmesurada y momentos en los que todos fluimos. Adoro a mis hijos al máximo, no soy un monstruo. Pero mi vida no es una campaña publicitaria perfecta para una maternidad que no existe. La maternidad es lo más complicado que he hecho: a veces me encanta y a veces la odio, y me siento atada a ella y también pienso que es liberadora. Puede ser complicada y cruel, con momentos de profunda rareza. Verla reducida a este desfile de moda entrañable no es solo una mentira, sino que nos afecta a todos.

Tally Abecassis es la creadora de la satírica cuenta de madres de instagram @vegansmoothiemama.

Este artículofue publicado originalmente en el 'HuffPost' Canadá y ha sido traducido del inglés por Lucía Manchón Mora

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