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24/12/2013 07:03 CET | Actualizado 22/02/2014 11:12 CET

Cuando te sientes demasiado gorda como para salir en las fotos

Escucha. Te entiendo. Pesas unos gramos más de lo que te gustaría (quizá unos kilos más de lo que te gustaría). Entiendo perfectamente cómo te sientes. Nos fijamos en nuestros defectos hasta el punto de llegar a ocultar cualquier tipo de documentación que muestre nuestra cara redonda y un cuerpo con curvas. Me pregunto cómo una papada puede llegar a sobreponerse a la belleza de una madre acurrucando a su hijo.

Escucha. Te entiendo. Pesas unos gramos más de lo que te gustaría (quizá unos kilos más de lo que te gustaría). Entiendo perfectamente cómo te sientes. Tengo ese mismo sentimiento tonto cuando pienso en mis fotos, de cerca o de lejos. Lo bueno es que al menos me he forjado una gran carrera de fotógrafa, con lo de siempre ponerme detrás de la cámara, y no delante. Verme en fotos me produce una sensación de angustia en el estómago. Es increíble que podamos ver la belleza de nuestras amigas, hermanas, madres y tías sin prestar la más mínima atención a sus defectos... y que nos obsesionemos de forma enfermiza con nuestras propias imperfecciones. Nos fijamos en nuestros defectos hasta el punto de llegar a ocultar cualquier tipo de documentación que muestre nuestra cara redonda y un cuerpo con curvas. No existen las fotos que muestren cómo AMAMOS, cómo reímos, cómo nos quiere nuestra familia. Me pregunto cómo una papada puede llegar a sobreponerse a la belleza de una madre acurrucando a su hijo; cómo la grasa del brazo te puede hacer obviar una foto perfecta de un abrazo espontáneo; cómo podemos dar más importancia a nuestra BARRIGUITA que al extraordinario ataque de risa que nos entró cuando hicieron la foto.

En nuestras retorcidas mentes las fotos se convierten en espejos congelados en los que podemos embobarnos una y otra vez y escudriñar nuestros gestos.

Ya lo sé, chicas, ya lo sé.

Mi lema personal tipo "sálvese quien pueda" (o "pon una cara graciosa") a la hora de hacerme fotos cambió completamente cuando tuve un grave accidente de coche el año pasado y decidí empezar de nuevo. En un segundo (o mejor dicho, en lo que tardó la chica en leer el mensaje que tenía entre manos), mi vida entera cambió. Estuve a punto de dejar este mundo sin haber dejado pruebas visuales del amor inconcebible que siento por mi propia vida, por mi marido, por mi familia y amigos. No nos habíamos hecho ninguna foto profesional desde nuestra boda en 2006... siempre a la espera indefinida de verme lo suficientemente delgada (lo suficientemente guapa) como para querer tener un recuerdo permanente de mí misma. Obviamente, no podía permitir BAJO NINGÚN CONCEPTO que quedaran pruebas de mi apariencia real.

Esta es la cruda realidad. Pero, escuchadme bien: nuestro orgullo no es un motivo suficiente para evitar una cámara. La vida no puede esperar a que adelgaces lo suficiente para poder capturar la imagen. La vida avanza... las cosas están sucediendo ahora mismo y el único momento que tenemos garantizado es el que estamos viviendo. Me da miedo pensar que puedo irme de este mundo sin dejar fotos de mi vida (en las que YO salga). Mi madre se alegra de que, tras el accidente, "seamos una familia completa". Mi regalo para ella estas Navidades fue una foto de familia nueve meses después del accidente en la que se veía, simplemente, una familia completa.

¿Sabéis lo que ve mi madre cuando mira esta foto? A su preciosa familia unida.

¿Sabéis lo que ve mi marido? A la familia que ganó cuando me conoció (y lo mucho que se parece a mi padre...).

¿Sabéis lo que ve mi padre? A la familia feliz por la que ha trabajado todos los días de su vida.

¿Sabéis lo que ve mi hermano? Que él salió con pantalones cortos...

Pero, adivina: nadie se fija en lo gorda que salgo.

¿Estamos de acuerdo en que hay que valorar más la familia que la gordura? Quizás debamos aceptar que los kilos que hemos estado intentando perder durante cinco años son en realidad una parte de nuestra imagen... y que, si llega ese día mágico en que nos vemos lo suficientemente delgadas, puede que nos arrepintamos de no tener una sola foto en la que se nos vea con nuestros niños desde sus 5 a sus 10 años. La verdad es que las inseguridades que tenemos en la cabeza nunca formarán parte de cómo nuestros hijos, maridos y amigos nos ven. Simplemente, deja que tus seres queridos tengan un recuerdo de TI, tal cual eres y tal cual te quieren.

Los niños quieren fotos con su madre.

Un marido quiere fotos de su preciosa mujer.

Una madre y un padre quieren fotos de la mujer feliz e increíble que han criado (y, claro, si también salen sus nietos, pues mucho mejor).

Y si piensas que tu excompañera de instituto cuando te vea en Facebook dirá "¡uf, ha engordado bastante!", tu respuesta tiene que ser ¡vaya, qué novedad!. Has engordado. Has llorado. Has leído un libro. Has bebido café. Has visto la tele. Qué más da, acepta de una vez la realidad. Y la realidad es que has ganado muchas cosas más aparte de peso (una carrera, una familia, niños, una casa, amor por los viajes, capacidad para combinar tu ropa...), y que a esa chica del instituto que visita tu Facebook le darán mucha más rabia todas esas cosas que tu papada.

¿Dices que te sigues viendo demasiado gorda como para hacerte fotos? Bueno, que sepas que eres la única que se da cuenta. Los demás están demasiado ocupados queriéndote.

Teresa es fotógrafa y bloguera. Puedes ver su trabajo en myfriendteresablog.com.

Traducción de Marina Velasco Serrano

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