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18/11/2013 10:37 CET | Actualizado 17/01/2014 11:12 CET

Socialistas y catalanes: misterios sin resolver

Hay una larga sucesión de 'no se sabe' en el PSC. Tras su década convulsa (Pasqual Maragall llegó a la presidencia de la Generalitat en 2003), los socialistas catalanes están a la defensiva. Más que hacer una propuesta a los catalanes, están sacudiéndose de encima propuestas de otros. La opinión hegemónica en Cataluña les lleva a defender unas cosas; la opinión hegemónica en el resto de España les lleva a defender otras.

El Govern de la Generalitat, presidido por Artur Mas, y apoyado por un acuerdo entre CiU y ERC, se ha comprometido a realizar durante el año 2014 una consulta para que "el pueblo de Cataluña pueda decidir si desea convertirse en un Estado". Esa es la literalidad del acuerdo de Gobierno. La posición del PSC ante tal acuerdo es la siguiente:

1. Sí a un referéndum.

2. Se condiciona el referéndum a que sea pactado y legal.

3. En ese referéndum, el PSC pediría el voto para que Cataluña permaneciera en España.

4. La fórmula elegida para permanecer en España es el federalismo, mediante una reforma constitucional.

Este planteamiento puede considerarse impecablemente democrático, porque se basa en la idea de permitir que todos se expresen y defiendan una idea, por más contraria que sea a la idea propia, pero puede ser visto también como una fórmula para evitar comprometerse y escurrir el bulto.

Para el caso de que una mayoría de españoles, en uso de su libre decisión, no quiera una reforma federalista de la Constitución, no se sabe qué propone el PSC a sus seguidores. Precisamente el argumento de los nuevos independentistas es que la independencia de Cataluña se ha convertido en su opción "porque España no acepta ninguna otra fórmula". ¿Qué plantea el PSC si una mayoría de españoles rechaza esa reforma? ¿Es también su última propuesta antes de optar por la independencia? Si fuera así, el PSC sólo estaría en la estación previa a la de Artur Mas, para quien el pacto fiscal fue su última propuesta antes de optar por promover la independencia.

Sólo hay dos posibilidades: que el PSC considere que el actual marco constitucional, con todos sus defectos y limitaciones, es mejor que la incertidumbre que provoca un proceso independentista; o bien el PSC considera que el marco constitucional se ha estrechado tanto que, si no se reforma, lo mejor para los catalanes sería la independencia, por más incertidumbre que eso pudiera provocar. El PSC no aclara este punto. No considera conveniente defender el valor de la Constitución, y sí poner todo el énfasis en su reforma. Con ello dejan libre un espacio político en Cataluña, que está ocupando Ciutadans, y abre un boquete al PSOE, porque cede al PP y a UPyD la bandera del constitucionalismo en toda España.

En la política catalana se da la paradoja de que las fuerzas políticas herederas de la oposición a la dictadura no defienden hoy la Constitución de 1978. Desde la perspectiva de un demócrata español, de izquierda o derecha, tiene que resultar chocante la equiparación que resulta del régimen constitucional con el franquismo: es tan grande la opresión de la Constitución que para Cataluña sólo queda la salida de la autodeterminación, como planteaban los partidos de izquierda en vida de Franco.

El PSC defiende el derecho a decidir (la autodeterminación de Cataluña) pero asegura que su voto será sí a España. ¿Cómo lo sabe? Una vez abierto el debate, ¿sí a España en todos los casos? ¿Sólo en el caso de que España sea federal? Al defender el sí a España como opción indudable, parecería que el PSC considera que la unidad de España tiene un valor por sí misma, pero no se explica en qué consiste ese valor. ¿Por qué asegura el PSC un voto a la unidad de España en un referéndum del que se desconoce la pregunta? Probablemente sea el resultado de un compromiso con la dirección del PSOE, pero defendido sin argumentos sugiere la obligación de ser españoles. No se defiende el valor de la Constitución, no se explica qué interés tiene España, pero se compromete el sí a España.

El PSC supedita la celebración del referéndum a que sea pactado y legal. Esa actitud es de impecable respeto a las instituciones y a la ley, pero también equivale a hacer dejación de responsabilidad en el Partido Popular: si el PP consiente, nosotros qué menos. Si el PP no consiente, nosotros qué podemos hacer. En sentido contrario, parece obvio que nadie en España se plantearía una reforma federalista de no ser por la presión independentista. En todos los escenarios, la iniciativa política corresponde a otros. El PSC responde a impulsos ajenos. Propone una consulta, pero no plantea contenido, calendario ni método.

¿Una consulta para decidir el inicio de una reforma constitucional? ¿O para sancionarla? Es lógico suponer que, si llegara a modificarse la Constitución en el sentido que plantean los socialistas, el resultado de la reforma se sometería a consulta. ¿Con esa votación se daría por satisfecho el derecho a decidir, o a continuación se consultaría sobre la independencia? En ese caso, el PSC estaría convocando al PP y al PSOE, y al conjunto de los españoles, para una reforma constitucional que después competiría en las urnas catalanas con la propuesta de independencia. Tremendo lío. Es muy difícil saber qué propone el PSC exactamente.

La actual dirección del PSOE, a través de Ramón Jáuregui y de Alfredo Pérez Rubalcaba, ha planteado una reforma constitucional cuya votación daría cumplimiento al derecho a decidir. ¿Está de acuerdo el PSC? Ramón Jáuregui publicó un artículo en La Vanguardia rechazando un referéndum de autodeterminación el año que viene para obtener una independencia inmediata; añadía que si en Cataluña se dan mayorías sólidas, reiteradas de manera sucesiva, y pacíficamente expresadas a favor de la independencia, deberá buscarse acomodo en el ordenamiento jurídico. ¿Está de acuerdo el PSC con los dos planteamientos? ¿Sólo con uno de los dos? ¿Con ninguno?

Hay una larga sucesión de no se sabe en el PSC. Tras su década convulsa (Pasqual Maragall llegó a la presidencia de la Generalitat en 2003), los socialistas catalanes están a la defensiva. Más que hacer una propuesta a los catalanes, están sacudiéndose de encima propuestas de otros. La opinión hegemónica en Cataluña les lleva a defender unas cosas; la opinión hegemónica en el resto de España les lleva a defender otras.

El PSC opina y se posiciona sobre los planes de los demás. Ofrece un proyecto, más o menos concreto, pero la ausencia de hoja de ruta para su oferta limita su credibilidad. Ofrece otro destino, el federalismo, pero no indica cuál es el camino. O señala un camino inverosímil: "¡Por allí, que está cerrado!". Para mayor confusión, el PSC utiliza la misma expresión que Artur Mas, el derecho a decidir, sin precisar si el contenido de lo que hay que decidir es también lo mismo: la independencia. En su programa electoral proponía someter a consulta "cualquier cambio sustancial en las relaciones entre Cataluña y España", una fórmula en la que cabe todo. Puede ser una consulta a la Rubalcaba (votar una nueva Constitución y un nuevo Estatuto, que es un cambio sustancial). Puede ser una consulta a la Junqueras (votar sí o no a la independencia, también bastante sustancial). Un año después de las elecciones catalanas, no se sabe cómo sería una consulta a la PSC.

Si el PSC propone una consulta, tiene que explicar a los catalanes qué quiere consultar y con qué calendario. O bien explicar que su propuesta es la del PSOE: no a un referéndum para una independencia inmediata, y el derecho a decidir se ejercerá al votar una reforma constitucional y el Estatuto que resulte de ella. Mientras tanto, aclarar cuáles son las ventajas de la unidad de España que le empujan a garantizar el sí o sí, y si considera que el marco constitucional, con todas sus limitaciones, es en todo caso preferible a la incertidumbre de un proceso de independencia. O no. Puede defender lo contrario, u otra cosa distinta, pero a un partido político le es exigible que diga: este es mi plan.

A la credibilidad del PSC tampoco contribuye la situación precaria del PSOE. ¿Cuánto durará Rubalcaba en la secretaría general? ¿Mantendrá el PSOE su plan de reforma de la Constitución si la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, toma el control del partido? ¿Entre qué y qué habrían de decidir entonces los catalanes? ¿Qué quiere decir Susana Díaz cuando escribe en El País que "Andalucía está en disposición de volver a ser garantía de igualdad entre españoles como lo fue hace treinta años en la configuración del Estado autonómico"? Hay demasiados misterios sin resolver entre socialistas y catalanes.

Los problemas del PSC son también reflejo de las dificultades del conjunto de la izquierda. Si, como sugieren algunos socialistas, el PSOE acabara presentando sus siglas en Cataluña, en las próximas elecciones un catalán de izquierdas podría votar a ERC, al PSOE, al PSC, a Iniciativa, a la CUP, a Nova Esquerra (una escisión del PSC) o a Ciutadans, con lo que la izquierda catalana batiría el récord de La vida de Brian, donde los legendarios Monty Python hacían competir al Frente Popular de Judea, al Frente Judaico Popular, al Frente Popular del Pueblo Judaico y a la Unión Popular de Judea. ¿Están seguros de disponer de suficientes ideas para tanta sigla?

(Por supuesto, cuestiones nacionales al margen, todos ellos proponen gobernar la economía "sin recortes". No se sabe cómo, más allá del mecanismo al que a veces recurre la izquierda, y que consiste en diseñar un futuro ideal mientras el presente lo gestiona la derecha. Algo que no deja de ser asombroso en Cataluña, considerando que, según el Barómetre d'Opinió, el 60% de los catalanes se declara simpatizante de izquierda).