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05/02/2017 10:04 CET | Actualizado 05/02/2017 10:04 CET

¿Por qué cotilleamos?

gossipHay estudios que afirman que dos de cada tres veces que abrimos la boca, es para cotillear. Esto, aunque suene feo, es normal. Las personas somos animales sociales y hablar de las personas cercanas no tiene por qué ser forzosamente malo. Pero no todo se vale a la hora de cotillear.

Foto: Getty Images.

Hay estudios que afirman que dos de cada tres veces que abrimos la boca, es para cotillear. No sólo comentamos lo sucedido o lo que nos han contado o lo que creemos saber, lo hacemos acompañando nuestros comentarios de juicios morales. 

Esto, aunque suene feo, es normal. Las personas somos animales sociales y hablar de las personas cercanas no tiene por qué ser forzosamente malo. De hecho es necesario porque o te relacionas o te marginas. Además, interesarse por lo que les sucede a los demás es señal de empatía.

Pero no todo se vale a la hora de cotillear. Cuando hablamos de otras personas estamos influyendo al que escucha, sin quererlo generamos una opinión y ésta influirá mucho en como las personas que escuchan le tratarán en el futuro. De nada sirve que digas que no lo cuenten o que no estás seguro.

Alguien dijo que para que tres personas guarden un secreto hace falta que dos estén muertas, de modo que si no lo sabes seguro, mejor no digas nada. Si hablamos tan a menudo de los demás es porque necesitamos saber quién es de fiar y quién no lo es y nos guste o no, es difícil extraer información sincera cuando la persona en cuestión está presente.

Si no estás seguro de que sea cierto, si no se trata de algo bueno por lo que me pueda alegrar y si no sirve para nada más que para  hacer daño... mejor no digas nada.

Algunos pensaran que esto de cotillear es cosa de las peluquerías... nada más lejos de la realidad.

  • Cotilleando se han ganado y perdido guerras, se ha hundido la reputación de políticos o actores y han conseguido que acciones de importantes empresas caigan en bolsa.
  • Cotilleamos todos pero no todos lo hacemos con las mismas intenciones ni del mismo modo.
  • Muchos adultos arrastran complejos e inseguridades que nacieron en la escuela por un comentario de un compañero mal intencionado o de un profesor patoso.
  • Hay personas que pierden sus empleos, relaciones que se rompen y familias destrozadas por un chisme mal intencionado.

Hablar de quien no está presente tiene una gran influencia en su vida. No necesariamente mala. Si destacas los talentos y las virtudes de quien no está presente generarás confianza y complicidad en él o en ella. Hoy más que nunca tenemos que tener cuidado con lo que decimos. Las redes sociales llegan a mucha gente y además no olvidan, se quedan ahí como testigos del paso del tiempo.

Si dudas sobre si debes o no contar algo, hazte las tres preguntas de Sócrates:

1- ¿Estás seguro de que lo que vas a contar es cierto?

2- ¿Es algo bueno?

3- ¿Es necesario contarlo?

Si no estás seguro de que sea cierto, si no se trata de algo bueno por lo que me pueda alegrar y si no sirve para nada más que para  hacer daño... mejor no digas nada.

SOMOS LO QUE HACEMOS