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04/10/2015 10:02 CEST | Actualizado 04/10/2016 11:12 CEST

Nueva agenda (y promesas) en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible

mundo cuidadoCon los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible se amplían mucho más los objetivos específicamente ambientales y se cubren diversos aspectos que no estaban explícitamente contemplados anteriormente, como las metas relativas a eliminar la violencia de género o a reducir sustancialmente la corrupción. Y no sólo se lucha contra la pobreza entendida como algo extremo, sino contra la vulnerabilidad social y la desigualdad.

GTRES

Del 25 al 27 de septiembre de 2015 se ha celebrado en la sede de la ONU en Nueva York la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, congregando, en el marco de la Asamblea General, a representantes de casi todos los países de la Tierra.

El cometido esencial de esta Cumbre ha sido, tras hacer balance de los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que han guiado la cooperación al desarrollo desde el año 2000, lanzar una nueva agenda para del desarrollo post-2015. Ello se ha concretado en impulsar los nuevos Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS), que reemplazan a los ODM y se proyectarán temporalmente desde el 1 de enero de 2016 hasta el año 2030.

El texto de los ODS, resultante de una intensa labor auspiciada por la ONU desde 2012, se plasmó en el documento titulado Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que fue acordado por consenso en la sesión oficiosa del plenario de la Asamblea General el 2 de agosto de 2015 (véase anexo al doc. A/69/L.85, de 12 de agosto de 2015) y se ha aprobado formalmente en la Cumbre como resolución 70/1 de la propia Asamblea, no siendo jurídicamente vinculante. Cumple preguntarse, pues, ¿qué ha aportado esta Cumbre aprobando los ODS? ¿Qué supondrá pasar de los ODM a los ODS?

Para valorar qué han supuesto los ODM y qué podrán aportar los nuevos ODS interesa hacer un poco de historia. En la década de 1990, coincidiendo con el fin de la llamada "Guerra Fría" y un marcado auge del liberalismo económico, la ONU reorientó sus parámetros para la cooperación al desarrollo. Asumiendo que la apertura de los mercados y la globalización contribuirían al crecimiento económico, la ONU convocó una serie de grandes conferencias internacionales para tratar de afrontar concomitantes problemas ambientales y sociales. Entre tales conferencias destacaron, particularmente: la de Río de Janeiro de 1992, sobre medio ambiente y desarrollo, que difundió a escala mundial la noción de desarrollo sostenible, acuñada en el Informe Brundtland de 1987; y la Conferencia de Copenhague de 1995 sobre desarrollo social, donde se enfatizó que el centro del desarrollo debería situarse en el "ser humano".

Al iniciarse los años 2000, la Asamblea General de la ONU trató de concretar tales ideas, aprobando la Declaración del Milenio, mediante su resolución 55/2 de 8 de septiembre de 2000, y fijando una serie de objetivos para el año 2015, conocidos como los ODM. Éstos han incluido 8 objetivos y se han acabado concretando en 21 metas. Por ejemplo, dentro del genérico Objetivo 1 de "erradicar la pobreza extrema y el hambre", se incluyó la Meta 1.A, consistente en "reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas con ingresos inferiores a 1,25 dólares al día".

Esta Cumbre de Nueva York, celebrada en un complejo e inestable contexto internacional, pasará a la historia por tratar de formular, con los nuevos ODS, la hasta ahora más amplia, detallada y ambiciosa promesa política universal de un mundo mejor.

Los ODM no se configuraron como objetivos jurídicamente vinculantes, sino como compromisos políticos que guiarían la actuación de los estados y organismos internacionales. En los sucesivos informes elaborados sobre el grado de cumplimiento de los ODM, se han observado luces y sombras. Algunas metas han sido alcanzadas, pero otras han quedado lejos. Cabe precisar que algunas de las metas logradas, como la citada Meta 1.A sobre reducción a la mitad de la pobreza extrema, se han alcanzado gracias, en parte, al método para su cómputo (basado en un umbral de la pobreza extrema muy bajo) y también, en gran medida, al crecimiento económico experimentado por las economías emergentes, particularmente de China, durante las últimas décadas.

Los nuevos ODS mantienen, en buena medida, la lógica de los previos ODM, pero también presentan ciertas diferencias destacables. Por un lado, su proceso de elaboración, impulsado desde la Conferencia Río+20 sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en junio de 2012, ha sido más laborioso y abierto, impulsando numerosas consultas con la sociedad civil, empresas, instituciones académicas... Por otro lado, el contenido de los ODS es más amplio y más ambicioso que el de los ODM, como evidencia el incremento de los objetivos, que ahora son 17, y de las metas, que ascienden a 169.

Estos incrementos no sólo son cuantitativos, sino también cualitativos. Así, los ODM se focalizaron especialmente en la pobreza extrema, mientras que los ODS también cubren la pobreza no extrema, la vulnerabilidad social y la desigualdad. Este énfasis en la lucha contra la desigualdad casa con los diagnósticos del célebre libro de Piketty sobre el capitalismo en el siglo XXI y las crecientes desigualdades observables tanto en economías emergentes como en avanzadas.

Con los ODS también se amplían y concretan mucho más los objetivos específicamente ambientales y se cubren muy diversos aspectos que no estaban explícitamente contemplados en los ODM, como las metas relativas a eliminar la violencia de género o a reducir sustancialmente la corrupción. Ahora bien, bastantes de las metas incluidas se caracterizan por la ambigüedad de sus términos y por carecer de elementos cuantificadores, dificultando evaluar su grado de consecución.

Los ODS concluyen con un Objetivo 17 relativo a "fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible" y dedican sus últimos párrafos a los medios de implementación y seguimiento. En estos aspectos cruciales no parece que los ODS vayan mucho más lejos que los ODM, constatándose que muchas de las medidas necesarias para poder progresar en los ODS no se deberán tomar en la ONU, sino en otras instancias internacionales (como la OMC, el FMI, el Banco Mundial o el G-20) cuya composición y cuyos decision-making processes son notablemente distintos de los de la Asamblea General de la ONU.

En cualquier caso, esta Cumbre de Nueva York, celebrada en un complejo e inestable contexto internacional, pasará a la historia por tratar de formular, con los nuevos ODS, la hasta ahora más amplia, detallada y ambiciosa promesa política universal de un mundo mejor.

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