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29/05/2018 07:30 CEST | Actualizado 29/05/2018 07:30 CEST

Libertad de represión

Carta abierta a los artífices de las últimas reformas del Código Penal y a los jueces que las aplican. Sobre la libertad de expresión, o de represión, según se mire

AOL

Estimados cargos y empleados públicos, sigo la actualidad política religiosamente, me gusta leer la prensa y escuchar las tertulias en la radio. Alguna vez (pocas) me animo con un medido tuit, un retuit o comentarios en posts en las redes sociales. Por otro lado, lo cierto es que se me suelen ocurrir más viñetas filosóficas o emocionales que políticas o reivindicativas. En eso mandan más las musas que yo.

Sin embargo, últimamente he notado un cambio en mi comportamiento. El más evidente; atreverme a escribir este texto. De repente quiero protestar enérgicamente todo el rato, pero no para que me escuchen a mí, que al fin y al cabo mi opinión es irrelevante, sino para unir mi voz a la de todos los que nos estamos sintiendo últimamente así. ¿Así cómo? - se preguntarán. Pues VIOLADOS. Sí, lo sé, es una palabra fuerte, pero lo puedo explicar.

He estado pensando que quien atenta contra la libertad sexual de una persona comete una violación (y no un mero abuso sexual). No hay discusión sobre ello. Pues bien, si trasladamos el mismo supuesto a otra libertad constitucionalmente protegida, como la libertad de expresión o de opinión, podríamos afirmar igualmente que quien la coarta o la reprime, comete otro tipo de violación. Es fácil: se trata de dos libertades públicas violentadas.

En el primer supuesto la violación o agresión sexual no está amparada por la ley, por tanto se trata de una conducta ilícita que tiene una consecuencia penal, todo ello en aras de salvaguardar la libertad sexual individual.

El problema lo encontramos en el segundo caso, cuando la represión viene amparada por la propia ley que la legitima. Estaríamos entonces ante una especie de violación legal de una libertad pública protegidísima por la Constitución. Qué contradictorio ¿no? Claro, es en este punto cuando muchos juristas echan mano de conceptos jurídicos incomprensibles para la mayoría de los ciudadanos, como el de "la ponderación de bienes jurídicos protegidos", a fin de justificar que no todo vale. Aunque ese "todo" se refiera a meras palabras. ¿Existe el derecho a no ser ofendido? ¿Ese sería el bien jurídico protegido? En fin, no voy a entrar en un análisis jurídico penal y constitucional de este asunto, porque a lo que pretendo apelar es al sentido común.

El caso es que cada vez que se censuran con medidas punitivas las idioteces o las genialidades que suelta públicamente cualquiera, también nos están privando de nuestro derecho a escucharlas. La violación de la libertad de expresión, conlleva una especie de amputación de lenguas, oídos y, en última instancia, de cerebros. Si no hablamos ni escuchamos, no pensamos y por tanto, no podremos decidir con criterio. Y en la libre decisión descansa la democracia.

¿Ven lo serio que es este tema?

¿De verdad nos quieren sordos, mudos y borregos?

¿Es cierto que pretenden amputarnos?

¿Tanto miedo tienen de que seamos libres para decir, escuchar y decidir?

¿Qué tienen que esconder?

¿Es necesario dañar la democracia así?

¿Cuándo piensan recuperar el sentido común?

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