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24/06/2018 11:04 CEST | Actualizado 24/06/2018 11:04 CEST

Libertad para violar

EFE

En los últimos días nos ha costado un poco más a todas levantarnos de la cama. Hemos mirado de reojo la luz de la ventana y hemos tirado de la sábana hasta la altura de la nariz. Como si ese escaso pedazo de tela pudiera protegernos de la horrible realidad que nos espera fuera. Hemos sudado. No sabemos si de calor o miedo. Por unos instantes la penumbra de nuestro dormitorio nos ha parecido un lugar más seguro que la luz de la calle.

Nos hemos sentido solas, desamparadas, desalentadas. En nuestra cabeza aún resuenan los ecos de la manifestación del viernes. Vergüenza. Abuso. Justicia. Hermana. Silencio. Afuera sigue sin escucharse nada. Ponemos un pie en el suelo y dudamos sobre dónde y cómo pisar.

Mucho se ha pronunciado esta semana la palabra "libertad". Ese estado que todos y todas ansiamos y que nuestra sociedad avanzada promociona sin parar. Libérate. Feel free. Libre de grasas. Barra libre. Libre mercado. Libertad condicional.

Nos hemos sentido solas, desamparadas, desalentadas. En nuestra cabeza aún resuenan los ecos de la manifestación del viernes

Todas las personas queremos más de ese elixir soñado. Pero pocas veces nos advierten de sus posibles efectos secundarios: en muchos de los casos el disfrute de ese derecho fundamental conlleva asociada la usurpación de los derechos de otras personas. Para ampliar nuestro espacio, en lugar de crear terreno nuevo se lo robamos a otros.

Yo soy libre de comprar camisetas a 5 euros a costa de quitarle a otro su derecho a trabajar en buenas condiciones. Yo soy libre de utilizar estereotipos a cambio de negar el derecho a un colectivo a ser representado dignamente. Yo soy libre de lucir pantalones vaqueros impidiendo a poblaciones enteras el derecho a beber agua potable...

La justicia no es sólo algo que sucede entre las cuatro paredes de un juzgado, es un acto simbólico que indica a la sociedad cuáles son las fronteras que se pueden o no se pueden traspasar

La libertad provisional de los 5 hombres que agredieron sexualmente a una mujer en sanfermines ha implicado que 23.000.000 de mujeres vean su libertad menguada. Hoy hay 23 millones de mujeres con menos libertad para caminar seguras por la calle. 23 millones de mujeres con menos libertad para denunciar una agresión. 23 millones de mujeres con menos libertad para confiar en la justicia. 23 millones de mujeres con menos libertad para relacionarse con los hombres. 23 millones de mujeres con menos libertad para acudir a fiestas. 23 millones de mujeres con menos libertad para vestir como quieran. 23 millones de mujeres con menos libertad para expresarse. 23 millones de mujeres con menos libertad por el hecho de ser mujeres.

La justicia no es sólo algo que sucede entre las cuatro paredes de un juzgado, es un acto simbólico que indica a la sociedad cuáles son las fronteras que se pueden o no se pueden traspasar. Esta semana los jueces y la jueza del caso de La Manada no sólo han tomado una decisión sobre la condición de 5 individuos, al decretar su área de libertad también han redibujado las del resto de la sociedad. El peligro no está sólo en que esos 5 imputados vuelvan a violar sino en el mensaje de libre acceso al cuerpo de las mujeres que se da a los hombres en general.

El peligro no está sólo en que esos 5 imputados vuelvan a violar sino en el mensaje de libre acceso al cuerpo de las mujeres que se da a los hombres en general

La libertad no puede entenderse como algo que se consigue perjudicando a los demás. Para aplicarla es necesario tener en cuenta siempre su dimensión colectiva. Si algo ha dejado patente este juicio es que las mujeres, además de ser seres individuales también somos capaces de pensar y movernos como grupo. Esa es, sin ninguna duda, la llave hacia el futuro. Si nos tocan a una nos tocan a todas. Si la justicia es injusta para una, no te preocupes hermana: lograremos cambiarla entre todas.

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