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27/05/2018 10:23 CEST | Actualizado 27/05/2018 10:44 CEST

Por qué ceder el espacio profesional a las mujeres es necesario para la igualdad

Imagen de la campaña #MoreWomen

Una de las preguntas que más se plantean los hombres que desean conseguir la igualdad es cuál es su papel dentro del movimiento feminista y dónde se tienen que situar. Algunos avispados intentan acaparar el micro y plantarse en primera fila. Otros dan consejos que nadie les ha pedido acompañados de interminables mansplainings. Tic tac, tic tac. Muchos se cabrean cuando los espacios son no mixtos. Y los más aguerridos intentan redefinir hasta la mismísima feminidad. Están perdidos, muy perdidos y era de esperar, porque a esta revolución se han sumado tarde y llegan sin estudiar.

Pero no todos son palos al aire, también hay hombres que han sabido detenerse, escuchar y entender cuáles son los movimientos necesarios. Hace unas semanas un grupo de hombres académicos de las ciencias sociales dieron en la diana promoviendo una iniciativa en la que se comprometían a no participar en eventos profesionales (conferencias, congresos o jornadas) que no cuenten con al menos una mujer en calidad de experta. La propuesta, que se difunde bajo el hashtag #NoSinMujeres y ya cuenta con más de 600 firmas, es muy certera porque apunta a uno de los gestos clave que necesitamos de los hombres: que cedan su lugar en los ámbitos profesionales. Esto puede sonar injusto, a priori. Otorgar preferencia a alguien por su condición de género suena fatal pero eso es lo que lleva sucediendo a lo largo de los años con el género masculino: que han tenido ventaja por ser hombres y ahora nos toca compensar. Nadie dijo que fuera fácil ni cómodo, es una medida que implica grandes dosis de compromiso y esfuerzo, pero ¿por qué es conveniente hacerlo? ¿Implicaría un descenso del nivel de excelencia? ¿Qué conseguiríamos a la larga?

Barcelona. Empresa dedicada al sector audiovisual lanza un concurso de cortos. Se presentan 185 hombres y 43 mujeres. El jurado se reúne para valorar los proyectos y premian a dos autores masculinos porque tienen mayor calidad. Consecuencias: muchas mujeres pensarán que no son suficientemente buenas para merecer un premio lo que influirá a la hora de volver a presentarse a otro concurso. Los hombres se sentirán reconocidos y animados a seguir aprendiendo y desarrollando su carrera. Se generará mayor confianza en los trabajos masculinos porque tienen mayor visibilidad. Primará una mirada masculina generalizada a la hora de valorar lo que es calidad. Los hombres premiados ocuparán mañana los puestos de otro jurado y conectarán mejor con el trabajo de otros hombres... Difícil salir de esta espiral. Este es un caso ficticio, pero no está lejos de la realidad. Hace escasos días la plataforma Cultura Inquieta anunciaba el resultado de un concurso de micropelículas sobre historias de mujeres. El premio fue para dos autores hombres, lo cual implica un doble agravio: que a ellos se les sigue considerando mejores y además son ellos, no nosotras, quienes siguen construyendo nuestros relatos.

La opción más fácil siempre es seguir la corriente y no pensar. Defender el territorio o agarrarse a la silla repitiendo "mi tesoro" a lo Gollum. Pero si no hacemos un gran esfuerzo entre todos para romper esta inercia y favorecer la visibilidad de las mujeres en los puestos profesionales es imposible equilibrar la balanza. ¿Cuántas veces hemos escuchando a los organizadores de algún acto lo difícil que ha sido encontrar mujeres? Puede que actualmente haya más hombres excelentes, pero eso también tiene una explicación. A todo lo anterior hay que sumar que la ley y la estructura económica dificultan mucho más el desarrollo profesional de las mujeres. La conciliación familiar para nosotras es un hándicap. Ser madres nos penaliza en la escala laboral. Nuestros trabajos están peor pagados y cuando uno de los miembros de la pareja tiene que renunciar a trabajar para cuidar de un bebé suele ser el que aporta menos ingresos a la familia. No es que nosotras no podamos ser excelentes en cualquier trabajo, es que no tenemos las mismas oportunidades para desarrollarlo.

La iniciativa de los hombres académicos es un ejemplo que debería ser secundado e imitado en todos los ámbitos: medios de comunicación, empresas, deporte, política, espectáculos... Para conseguir la igualdad no podemos dar ahora mismo las mismas oportunidades a hombres y mujeres. Primero hay que nivelar la enorme diferencia de base, y una vez conseguido esto podremos elegir a las personas sólo en función de su talento. La ley recomienda que haya al menos un 40% de mujeres en todas las áreas profesionales. Ojalá este "al menos una" sea el comienzo para que un día seamos la mitad.

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