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Ciudades hechas a la medida de depredadores

14/05/2017 10:55 CEST | Actualizado 14/05/2017 10:56 CEST

UIG via Getty Images
Málaga, el rio Guadalmina a su paso por el centro de la ciudad.

El urbanismo español se está llenando de sastres que confeccionan trajes a medida para cualquier situación fuera de los rígidos parámetros de las ciudades regidas por los planes de ordenación urbanística. Tan rígidos e incumplidos como el resto de la legislación vigente en materia de suelo, contratos del sector público, medio ambiente o vivienda. No valen sólo los ejemplos del reciente pasado, como Marina d´Or, el Hotel Algarrobico de Carboneras, la Operación Canalejas de Madrid.

El auge de los fondos de inversión con la vivienda pública y las grandes operaciones de Campamento, Chamartín, Mahou, el Hotel en la Plaza de España, son grandes ejemplos de conflictos que se reproducen en las ciudades de menor tamaño: hay gente esperando que la ola de conservadurismo ofrezca alas y manos libres en el poder local a los herederos del negocio del agua, del Canal de Isabel II, las compañías eléctricas y los peajes de las autopistas.

Entretanto, cuando ya los trajes de Francisco Camps han perdido su corte mediático, poca gente se asombra de nuevos concursos, ideas y especulaciones que se montan a la vista de todo el mundo, sin cuestionar ni los modistos, ni la costura, ni la tela que cortan. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre (PP), ha ofrecido una idea al actor Antonio Banderas en los antiguos cines Astoria y Victoria en la Plaza de la Merced, con el apoyo entusiasta de los "agradadores" medios de la tradición caciquil. El Puerto de Málaga, con ayuda municipal del PP, C´s y el PSOE ofrece a precio de saldo a un grupo catarí un hotel de 135 m de altura, en una torre de casi 40 plantas en la bocana del puerto.

Todo vale a los fondos buitres, como los terrenos de Repsol, antes destinados a un parque, muy especulados por el ayuntamiento. El "traje a medida" es una solución para seguir adelante con lo que se explica en el libro de Fernando Abad Vicente "La piel de toro como trofeo"(2016), que ha denunciado el urbanismo a la carta de quienes ya negocian haciendo de su capa un sayo.

El urbanismo en España sigue bajo sospecha porque limita la concurrencia, favorece la competición trucada, el acoso patrimonial, destruye los espacios más sensibles y aplica la legislación adaptada a las necesidades propias de los sastres y sus vestimentas mediáticas; envueltas en sedosas y brillantes inversiones de origen dudoso y sostenibilidad nula.

Málaga está de moda, también, por su sastre municipal. Se hacen a medida cortes y recortes para más y más museos; aunque la Ciudad de Museos deje el paro de los malagueños y el exilio de la generación más joven.

Según informa Europa Press, "El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha vuelto a reiterar en relación con el pliego del concurso para adjudicar los suelos de la manzana del Astoria y Victoria que 'hay que evitar que se piense que es un traje a medida' para desarrollar el proyecto ganador del concurso de ideas, que fue la propuesta del arquitecto José Seguí y el actor Antonio Banderas, pero ha incidido en que 'las ideas, la filosofía de la idea ganadora es la que queremos que se desarrolle". Es esto lo que algunos llamamos urbanismo despótico, porque se hace a medida "la filosofía de la idea ganadora" del destinatario, con el argumento de la inversión y el empleo: es la manera de salvar los escollos de la regulación urbanística, de los Planes Especiales, del Puerto, del Centro, del Río Guadalmedina, siempre que la solución se acerque a la prevista, sugerida o anticipada por el déspota de turno, junto con sus aliados ciudadanos, que los hay en todas partes.

Así, la solución preconcebida y preanunciada sale favorecida, sean cuáles sean la opinión de la ciudadanía, los parámetros urbanísticos, o las estrategias de la ciudad. El coste del proyecto y su financiación quedan al albur de compromisos inciertos. La deuda oficial de Málaga es de 542 M€ y el presupuesto municipal para 2017 de 749 M€; es varias tallas mayor, pero está pespunteada, porque las cifras maquilladas de los convenios urbanísticos fallidos disimulan la deuda y el impacto de la "década prodigiosa" (2000-2011), pero no evitan que haya acuerdos que han volatilizado las reservas públicas en suelo y vivienda.

Málaga está de moda, también, por su sastre municipal. Es difícil que una crítica leal y razonada tenga eco, ante la avalancha de aplaudidores. Se hacen a medida cortes y recortes para más y más museos; aunque la Ciudad de Museos deje, como dramáticos retales, el paro de los malagueños y el exilio de la generación más joven. Algunos disfrutan de la ciudad "a medida" de los turistas y del escaparate de los maniquíes que la pasean, pero faltan limpieza, bomberos, policías, servicios, infraestructuras, empleos y futuro; mas ¿quién podría negar algo a un "perfil" famoso e internacional, que avala la operación y el modelo inmobiliario seguido, aunque fracase en los barrios de la ciudad sin centro ni firma?

Casi nadie pone en tela de juicio que se vulneren los anonimatos de los concursos, ni las alturas, ni los volúmenes, que se hagan los proyectos antes que los planos, que se aprueben antes de garantizar su gestión, que se elijan los autores antes que las soluciones y que se confíe tanto en los inversores como le venga bien a los presupuestos, antes de las autorizaciones (como la DEU del Puerto), pero es verdad que los depredadores y la codicia no acabaron con la burbuja. En estos tiempos de manipulación de masas y de medios, el manejo del urbanismo se ha hecho tan complejo que cada vez es más sencillo: se busca el traje, se corta a medida, se pone el precio y ¡a correr!

Como reza el subtítulo del libro de Fernando Abad, "sanguijuelas, vampiros, tiburones, buitres, cancerberos y otra fauna", acechan, para seguir con el urbanismo de casino y la ruleta rusa.