Cómo dejar de tenerle miedo a un 'tenemos que hablar'

Cómo dejar de tenerle miedo a un 'tenemos que hablar'

Entrevista con Juan Muñoz (Psicologería), autor de 'Discutir es sano (si sabes cómo)', sobre cómo aprender a tener conversaciones incómodas.

Una pareja discutiendo.Getty Images

'Tenemos que hablar' es una frase universal que todo el mundo ha vivido en alguna ocasión y casi siempre significando ser la antesala de algo muy negativo, ya fuera una ruptura, un toque de atención laboral o un diagnóstico serio. Para el psicólogo Juan Muñoz, conocido en redes como La Psicologería, pocas frases anuncian el inicio de un duelo de forma tan precisa.

Sin embargo, Muñoz defiende que hay que hablar, y no sólo hay que hacerlo todo el rato, sino que no hay que esquivar las conversaciones incómodas. Es más, sostiene algo que da título al libro que acaba de publicar: Discutir es sano (si sabes cómo) (Bruguera), porque, como explica, discutir y pelear no son sinónimos.

El especialista, que da herramientas para mejorar la manera de comunicarnos y lograr tener relaciones más sanas, asegura que discutir no es crear conflictos nuevos, sino solucionar los que ya existen. Propone, incluso, que las parejas agenden discusiones, como una forma de I+D amoroso para avanzar juntos.

(Nota: Muñoz utiliza el femenino para referirse al conjunto de la población, algo que hemos respetado en sus respuestas)

En el libro desmitificas el tema de discutir, porque tenemos una visión bastante negativa sobre ello.

Sí, parece que discutir y pelearse son lo mismo y son cuestiones diferentes. Discutir significa, de alguna forma, reclamar la dignidad de ser escuchada y también atender a la otra persona. Y pelear tiene como objetivo ser atendida sin que te importe tanto cómo lo está pasando el otro.

Y casi ganar, ¿no? Ser el vencedor de ese encuentro.

Exacto. El objetivo de una discusión sería llegar a pactos en común y pelear, imponer tu visión.

"Discutir significa, de alguna forma, reclamar la dignidad de ser escuchada y también atender a la otra persona"

¿Por qué solemos evitar a toda costa conversaciones incómodas, cuando realmente tenerlas nos puede beneficiar?

Principalmente por el miedo, por la forma en la que hemos sido educadas. Desde muy pequeñas ya hemos empezado a recibir ese tipo de mensajes de 'no respondas, no contestes, no hables así, no digas eso'. Hemos sido a veces educadas en el silencio y hemos desarrollado esa visión de que hablar de lo que nos importa, de nuestro punto de vista, nos da miedo porque puede ser visto por las otras personas como una amenaza. Y ante la posible desaprobación, preferimos callarnos. Muchas personas nos hemos alegrado enormemente y sorprendido a la vez cuando hemos mostrado una opinión que iba un poco en contra de la de otras personas y hemos sido escuchados, aprobados y no ha pasado absolutamente nada.

Pasa más en nuestra cabeza, todo lo que imaginamos que puede pasar...

A veces sí (se ríe).

El libro lo podías haber titulado casi 'cómo no tener miedo a un tenemos que hablar', esa frase terrible.

¡Ojalá hubiese sido el título! La cuestión es que en sociedad el 'tenemos que hablar' es como el inicio de algo que ya sabemos que no va a salir bien. Si tu pareja te lo dice, parece que nos va a dejar; si nuestra jefa nos llama 'ven a la oficina, que tenemos que hablar', uno ya va temblando, etc. A mí me gustaba la idea de resignificar un poco esa frase para poder darle una vuelta. Es que tenemos que hablar todo el rato. Los seres humanos nos comunicamos sin querer —aunque no queramos comunicarnos ya nos estamos comunicando— y, por supuesto, debería ser obligatorio.

Mencionas algo muy curioso y que nos pasa a todos, lo del 'ingenio de la escalera'. ¿Qué es y qué claves darías para cuando nos pase?

El ingenio de la escalera es ese fenómeno en el que se te ocurre la respuesta perfecta cuando estás en una situación un poco más distendida que aquella en la que se dio la discusión. Yo estoy discutiendo contigo, tú dices algo, yo no encuentro una respuesta, me voy a mi casa, llego a mi sofá y empiezo 'le tenía que haber dicho esto y la hubiese dejado planchada'. Esa reacción también está de alguna forma enfocada en ese valor que hablábamos antes más de pelea que de discusión, porque parece que si yo hubiese dado la respuesta perfecta hubiese ganado y no se trata de eso. Y como no se trata de eso, para mí el punto más importante es que si a mí se me ocurre la respuesta perfecta un poco más tarde, que puede ser todo el tiempo que yo requiera, te la puedo comunicar. Te puedo escribir y decirte 'me gustaría contestarte a algo que no te respondí antes porque quiero que sepas mi opinión'. Y, de alguna forma, desactivar también toda esa emotividad que está relacionada con el fenómeno del ingenio de la escalera en el que cuando vemos que ahora se nos ha ocurrido una respuesta mejor, inmediatamente después empezamos a recriminarnos a nosotros mismos: es que soy tonto, es que soy muy lento, es que no sé hablar...

"Si a mí se me ocurre la respuesta perfecta un poco más tarde, que puede ser todo el tiempo que yo requiera, te la puedo comunicar"

Hay otro punto en el libro en el que explicas los estilos de comunicación. Se habla mucho de los pasivos, los agresivos, los pasivo agresivos, ¿cómo podemos detectar de cuál de estas maneras nos ha hablado la otra persona?

En el estilo pasivo nos daríamos cuenta de que la otra persona lo está teniendo porque no está hablando sobre sus deseos, metas, emociones, etc. No está defendiendo sus propios derechos. Esto se da mucho en el trabajo, por ejemplo, cuando la jefa te dice 'oye, ¿te puedes quedar esta tarde un rato más?' y tú en realidad no quieres, pero como sabes lo que te viene si no, no te defiendes.

En el otro extremo estaría la actitud más agresiva. Sabemos que la otra persona está siendo agresiva con nosotros porque no está teniendo en cuenta nuestra posición, sólo la suya.

En el punto medio estaría el estilo asertivo, en el que de alguna forma puedo tener en cuenta tu visión y la mía y desde ahí comenzar a construir algo en común. La pasivoagresiva sería la forma en la que no mostramos ningún tipo de conducta agresiva, no hablamos, el típico '¿qué te pasa? Nada, tú sabrás'. Lo hemos hecho todo el mundo, es una forma de comunicación en la que en realidad se está mostrando agresividad sin que lo parezca, enmascarándola desde la pasividad.

Das un truco para aprender a decir 'no' que es intercalarlo con síes. ¿Cómo es esto en la práctica?

Lo que ocurre con el 'no', o ese poder transformador de la palabra no, es que no estamos acostumbradas a decirlo. Parece que la validación pasa por decir que sí siempre, que el amor que nos van a dar pasa por afirmar siempre a la otra persona o ponerla por delante, ya me esfuerzo yo para que esto vaya bien. Cuando la persona empieza a decir que no, se siente muy mal. Bajo ese punto de vista tampoco quería embravuconar a todo el mundo a que empezase a decir que no a diestro y siniestro. Me parece una buena estrategia tanto en la regulación emocional que podemos hacer con nosotros mismos a la hora de decir que no —porque seguramente nos vamos a sentir bastante mal, sobre todo al principio—, pues ir intercalando algún sí y algún no, vamos a ver cuáles son importantes para nosotros y los vamos a seguir. Y luego, para la otra persona, para que de alguna persona también se pueda ir acomodando a este nuevo estilo de comunicación que vamos a tener.

"Lo que ocurre con el 'no' es que no estamos acostumbradas a decirlo. Parece que la validación pasa por decir que sí siempre"

Es un poco elegir las batallas.

Absolutamente. Aunque hay estilos de comunicación más deseables que otros, todos tienen su punto interesante y no es obligatorio ser asertivo 24/7. Podemos decidir mostrar otro estilo diferente.

Sobre las discusiones de pareja, hablas incluso de acordar un tiempo para discutir. ¿Por qué lo defiendes y qué ventajas puede tener?

Fíjate que a mí lo que me llama muchísimo la atención es que siempre que lo he propuesto, tanto en consulta como en alguna charla, la gente se sorprenda de que yo defienda hablar con la pareja. Algo que debería ser tan obvio, pues es sorprendente. Yo defiendo, por ejemplo, que el jueves por la noche, durante una hora, apaguemos pantallas, nos sentemos a cenar juntos y discutamos, y hablemos sobre cómo ha ido la semana, sobre qué cosas has hecho que me han encantado y que me gustaría que siguieses haciendo, y qué cosas has mostrado que me gustaría que cambiases y que pudiésemos llegar a acuerdos. 

"Yo defiendo, por ejemplo, que el jueves por la noche, durante una hora, apaguemos pantallas, nos sentemos a cenar juntos y discutamos"

Para mí es la mejor forma de desactivar el 'tenemos que hablar': es que ya estamos hablando y, además, lo hacemos con una frecuencia bastante interesante. Por otra parte, para poder ir solucionando los conflictos de la vida cotidiana, porque el conflicto es inevitable en una relación, en cualquier tipo de relación. La única herramienta que, al menos a mí, se me ocurre para poder gestionarlos en el día a día es discutir.

Desde fuera, ¿qué pinta tiene una discusión sana? Porque muchos igual piensan que sin gritos. ¿Eso es así?

Bueno, si queremos pegar algún grito de cuando en cuando no pasa nada (se ríe). Tampoco me gustaría que esta visión de la discusión desactivase todo el registro emocional de las personas. Yo tengo derecho a emocionarme mientras hablo contigo y, quizás, a levantar un pelín la voz. También me tengo que regular en ese momento, porque obviamente no podemos discutir a gritos, no es el estilo de comunicación que deseamos en ningún tipo de relación. Pero sí tengo derecho a que se me salten las lágrimas, a reír cuando no toca porque estoy muy nervioso o a quedarme callado durante un rato, y esa gestión emocional la haré luego o durante la conversación. Desde fuera, una discusión sana, para mí, suena a algo parecido a dos personas hablando entre ellas e intentando acordar un punto en común, sabiendo que ambas tendrán que ceder en algo. La imposición se parece a otra estructura, pero no a la discusión.

"Desde fuera, una discusión sana, para mí, suena a algo parecido a dos personas hablando entre ellas e intentando acordar un punto en común, sabiendo que ambas tendrán que ceder en algo"

¿Tú discutes mucho? ¿O una vez que se ha entrenado la manera de comunicar y de discutir, se minimizan los conflictos?

Para nada. Los conflictos siguen ahí para siempre, lo que ocurre es que cogemos un poco de carrerilla. Yo pienso que cada vez con más facilidad enfrentamos la discusión, la aplazamos menos y, cuanto antes se pueda discutir sobre algo que nos duele, menos tiempo nos va a doler. Yo discuto muchísimo, no paro de discutir todo el rato, pero lo hago de la mejor forma que sé (se ríe).

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