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23/10/2013 07:17 CEST | Actualizado 22/12/2013 11:12 CET

¿Has visto a la muerte cantar?

Benjamin Smoke, fue un performer gay que se dio a conocer en los noventa a través de su banda Smoke, un grupo radical, de letras valientes. Era drag queen desde muy joven, aparecía en público siempre vestido de mujer, fumando. Murió a los 39 años víctima de una hepatitis C.

Robert Dickerson, más conocido como Benjamin Smoke, fue un performer gay norteamericano que se dio a conocer en los noventa a través de su banda Smoke, un grupo radical, de letras valientes. Era drag queen desde muy joven, aparecía en público siempre vestido de mujer, fumando. Murió a los 39 años víctima de una hepatitis C. Come, and back again es una coreografía inspirada en su vida; cinco bailarines la escenifican mientras que cinco músicos tocan y cantan en directo sus piezas. La idea surge del reconocido coreográfo estadounidense David Dorfman, que participa en la pieza bailando junto al resto de los integrantes de su compañía, ganadora de cinco premios Bessie. Lo vemos a sus cincuenta años, sin la esbeltez de un cuerpo joven, ya sin pelo, bailar en el escenario con rabia. Hacer una coreografía con un niño que simboliza su infancia, perseguirlo, librarse de él, luchando por reconciliarse con su pasado. Mover los brazos energéticamente de arriba abajo afirmando haber soñado con que no cesaba de hacer ese movimiento y sentirse feliz porque iba a hacer ese movimiento siempre, y sentirse mal porque iba a hacer ese movimiento siempre.

Come, and back again explora la vulnerabilidad humana y la imposibilidad de volver atrás a enmendar lo que nos va a dañar de manera definitiva. En este caso, la enfermedad. Así la pieza da comienzo con un audiovisual I just wanna clean up the mess. I just wish I could go back clean up the mess (Sólo quiero limpiar el desastre. Sólo deseo poder volver atrás y limpiar el desastre). La escenografía no deja indiferente; bailan detrás de un vertedero, un fondo de metales, muebles y desperdicios, todos superpuestos y enyesados, inamovibles en su propio caos. Pero la obra no es unilateral; interactúan con el público, fuerzan a que los espectadores sostengan la mirada a la persona de al lado y se pregunten a cuántas personas habrá amado realmente esa persona.

Cortesía del Brooklyn Academy of Music. Foto: Ian Douglas.

La música de Benjamin Smoke (sobre el que Peter Sillen hizo una película documental en 2000 con el mismo nombre) es profunda, intensa, oscura, pero sin embargo la pieza no se regodea en el dolor egoísta de un solo hombre que va a perder su vida, sino en el dolor de la humanidad entera. Así, Dorfman, que aparece como alter-ego de Benjamin Smoke, se rodea de los demás bailarines que hacen la vez de amigos. Todos visten de negro. Dialogan sobre la muerte con aceptación, es un miedo colectivo, que juega con todos, se respira compañerismo, como si fueran en el equipo que ha nacido para perder. "Hey chicos, es hora de marcharse". " Yo seré el primero en irme". "Yo no quiero irme nunca" (dice una mujer) "Vámonos" (insiste él). "¿Podemos volver?" (dice un tercero). Silencio. Abandonan el escenario poco a poco, uno apoya su brazo en el hombro de la otra, se acompañan. En una esquina Dorfman dice adiós con la mano a sus amigos, que lo miran desde el ángulo opuesto, y se va con dignidad.

¿Has visto a la muerte cantar?

Come and back again se presentó por primera vez en Nueva York el 16 de octubre en el BAM (Brooklyn Academy of Music), concretamente en el Harvey Theater (en mi teatro favorito), dentro del prestigioso festival New Wave.

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