Estrés térmico en el trabajo: un riesgo grave que pasa desapercibido y no deja de crecer

Estrés térmico en el trabajo: un riesgo grave que pasa desapercibido y no deja de crecer

Las altas temperaturas son peligrosas para la salud en muchos aspectos. Las organizaciones piden que el calor empiece a considerarse un riesgo laboral.

Un operario bebe agua en Sevilla en plena ola de calor, el 13 de junio de 2022.  CRISTINA QUICLER via AFP via Getty Images

Sudores, deshidratación, agotamiento, mal cuerpo, sarpullidos en la piel. Soportar varios días y noches seguidos de temperaturas extremas por la ola de calor pasa factura. Y esas son quizás las secuelas más inmediatas y evidentes, luego están las consecuencias más graves, las que no siempre ocurren instantáneamente, las que suelen pasar desapercibidas.

El trastorno más grave es el golpe de calor, que puede acabar con la vida de quien lo sufre, pero además las altas temperaturas aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y respiratorias, entre otras, e impactan en la fertilidad masculina y femenina, en los embarazos y el desarrollo fetal y en la asimilación de fármacos. 

Puede que hace un tiempo se bromeara con que los telediarios daban noticias sobre el calor porque necesitaban rellenar huecos de actualidad en el verano. Hoy la broma no funciona. El calentamiento global es un hecho ya, advierten los expertos, y sobre esa premisa hay que actuar. Esta semana, la Fundación Primero de Mayo ha presentado el estudio Los episodios de altas temperaturas como riesgo laboral. En él se defiende que el estrés térmico sea tratado “como un riesgo laboral que se está agravando” y “demanda la adopción de medidas públicas”.

“Trabajar con temperaturas extremas ya es una condición de trabajo casi permanente”, afirma Mariano Sanz, secretario confederal de Salud Laboral y Sostenibilidad Medioambiental de CCOOEn España, no hay registros oficiales sobre las muertes y enfermedades atribuibles al calor en el trabajo. Las organizaciones piden control, vigilancia y prevención, tanto por parte de las Administraciones como desde las propias empresas.

Qué es el estrés térmico

El estrés térmico en el ámbito del trabajo se define como “la carga neta de calor a la que está expuesto el personal como resultado de su actividad laboral en un ambiente concreto”, explica un informe del Institut Valencià de Seguretat i Salut en el Treball. A él contribuyen no sólo las circunstancias meteorológicas del momento, sino también las condiciones ambientales del lugar de trabajo (si hay hornos, por ejemplo), la actividad que se realice (cuanta más carga física, más temperatura interna) y las características de la ropa de los trabajadores (si llevan EPI, por ejemplo, crece el estrés térmico).

  Una mujer trata de refrescar su quiosco con un ventilador, el 13 de junio de 2022 en Sevilla.  CRISTINA QUICLER via AFP via Getty Images

Desde la Fundación Primero de Mayo señalan que los eventos meteorológicos extremos que antes “eran una excepción” y podían ocurrir cada 25 años en España ahora son una realidad capaz de repetirse cada 5 años. Por eso continuamente se baten récords de temperaturas –entre otros– y por eso nos resulta raro que haya una ola de calor a principios de junio, aunque quizás toca empezar a acostumbrarse y, sobre todo, tomar medidas al respecto. La Fundación Primero de Mayo reclama adoptar un “enfoque preventivo” sobre esta realidad, y empezar a ligar “salud laboral y cambio climático”.

Las ciudades, “islas de calor”

La socióloga Claudia Narocki, autora del informe Los episodios de altas temperaturas como riesgo laboral, explica qué factores acentúan ese estrés térmico. Así, por ejemplo, las ciudades actúan como “islas de calor”, donde se puede registrar hasta 10ºC más que en otros entornos y donde el calor no da tregua por la noche. La temperatura variará también dependiendo del paisaje urbano: los materiales de construcción, los aparatos de aire, la presencia o no de agua y medio natural, etcétera.

Se estima que los árboles pueden bajar hasta 12ºC la temperatura en las ciudades, de ahí la necesidad de incorporar vegetación donde sólo hay asfaltoSegún los registros del satélite Sentinel-3, el pasado 14 de junio la temperatura de la superficie terrestre superó los 53ºC en varias partes de España. En Europa ya hablan de la “segunda” ola de calor del año, cuando todavía no ha comenzado el verano.

Noches tórridas: diez veces más que en los 80

Sobre las islas de calor urbanas, Narocki señala en su informe: “El calor almacenado en los materiales de construcción durante el día no logra enfriarse lo suficiente durante la noche”. De este modo, las temperaturas “no descienden lo suficiente como para asegurar un descanso de calidad”, y a eso hay que sumar “el calor emitido por los aparatos de aire acondicionado”, de una presencia más concentrada en las ciudades.

Los estudios apuntan a que las noches tórridas, aquellas en las que la temperatura no baja de 25ºC, se han multiplicado por diez desde los años 80 en las diez capitales españolas más pobladas. Ya no es necesario que se declare formalmente una ola de calor para sufrir calor extremo.

  Una mujer toma el 'fresco' por la noche en Bollullos de la Mitación (Sevilla), en agosto de 2021, durante una ola de calor.   CRISTINA QUICLER via AFP via Getty Images

Una investigación del profesor Camilo Mora, del Departamento de Geografía de la Universidad de Hawái, describe “27 formas de morir por calor”. “Cuando la temperatura ambiental supera los 38ºC, el riesgo global de lesiones se incrementa en 10-15%”, explica Narocki en su informe. “La siniestralidad laboral aumenta durante los días de calor”, afirma la investigadora. 

Cuando la temperatura ambiental supera los 38ºC, el riesgo de lesiones aumenta en un 10-15%

La socióloga llevó a cabo este estudio también con el objetivo de reclamar más investigación, conocimiento y medidas sobre lo que ocurre a los trabajadores cuando suben las temperaturas. “Sabemos muy poco sobre esto”, lamenta Narocki. 

La investigadora menciona estudios que señalan que aproximadamente un 15% de las personas que trabajan en condiciones de estrés térmico, expuestas a más de 30ºC, sufren enfermedades renales, y que las Agencias para la Seguridad y la Salud en el Trabajo recomiendan trabajar durante 15 minutos por hora, y descansar los 45 minutos restantes, cuando se realizan labores pesadas a más de 30ºC. 

Los sectores más afectados

Los trabajadores de la construcción y la agricultura son probablemente los más vulnerables ante las temperaturas externas, pero también los sectores del mantenimiento de carreteras, la jardinería, la cocina, la logística o la mensajería –especialmente cuando el reparto se hace en bici–, explican desde CCOO.

  Varios turistas y un guía durante una ola de calor en julio de 2019 en Sevilla. David Carbajo/NurPhoto via Getty Images

“Las oficinas son la excepción”, recalca Claudia Narocki, que en su informe incide en cómo el estrés térmico “refleja y refuerza desigualdades sociales”, y puede afectar en mayor medida si el trabajador no está dado de alta. Recordemos la muerte de un jornalero en Lorca en 2020 abandonado inconsciente a las puertas de un hospital con un golpe de calor, cuando se encontraba en situación irregular en España y sin estar dado de alta en la Seguridad Social.

Tal y como denuncia Comisiones Obreras, el temporero que murió por calor había estado trabajando más de once horas y sin acceso a agua fresca, cuando el Convenio Agrícola Forestal Pecuario de Murcia establece que desde mayo hasta agosto se realizará jornada intensiva de 7 horas diarias. No basta, por tanto, con que existan normas al respecto; también tienen que cumplirse.

No podemos pedir a las personas, sin más, que se cuiden

Narocki explica que los primeros días en un puesto (con calor) son los más peligrosos, pues la persona todavía no está “aclimatada”. También intervienen, por supuesto, “la precariedad” y el hecho de estar sin vigilancia. “No podemos pedir a las personas, sin más, que se cuiden”, señala Narocki. “Hay que hacer planes preventivos, medidas técnicas, organizativas y de protección” –sostiene la socióloga–, que irían a completar los planes de prevención sanitaria ante altas temperaturas que se establecieron a partir de 2004, después de la histórica ola de calor de 2003, asociada a más de 10.000 muertes en Francia y más de 6.000 en España. 

Narocki advierte, además, de que los escenarios actuales “propician nuevas exposiciones”. Por ejemplo, los centros educativos solían librarse de los peores períodos de calor, pero no es así ahora, cuando las olas de calor ya asoman la patita a finales de mayo; por otro lado, existen nuevas profesiones que implican tareas de casi 24 horas al día 7 días a la semana, como en almacenes y en reparto; por último, el factor siesta: “Antes teníamos la siesta, y eso evitaba parte de las exposiciones porque la gente se podía termorregular durante esos momentos de máximo calor”, apunta la socióloga. Ahora, ni eso.

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Marina Velasco Serrano es traductora de formación y periodista de vocación. En 2014 empezó a trabajar en 'El HuffPost' como traductora de inglés y francés en Madrid, y actualmente combina esta faceta con la elaboración de artículos, entrevistas y reportajes de sociedad, salud, feminismo y cuestiones internacionales. En 2015 obtuvo una beca de traducción en el Parlamento Europeo y en 2019 recibió el II Premio de Periodismo Ciudades Iberoamericanas de Paz por su reportaje 'Cómo un Estado quiso acabar con una población esterilizando a sus mujeres', sobre las esterilizaciones forzadas en Perú. Puedes contactar con ella escribiendo a marina.velasco@huffpost.es