Ni dios hombre ni mujer pecadora o virginal: estas mujeres quieren cambiar la Iglesia desde dentro

Ni dios hombre ni mujer pecadora o virginal: estas mujeres quieren cambiar la Iglesia desde dentro

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia reclama igualdad y dignidad para las mujeres en el cristianismo: “Esta fe no nos cuadra. La propuesta de Jesús se ha distorsionado”.

Pepa Moleón, Pepa Torres y Teresa Casillas.
Pepa Moleón, Pepa Torres y Teresa Casillas.CEDIDAS/EL HUFFPOST

Se declaran cristianas católicas y feministas, aunque su discurso incomode a unos y a otras. Creen en el Evangelio igual que creen en la igualdad de género; no son unas advenedizas, llevan años bebiendo de las fuentes de la teología feminista. Recurren a los orígenes del cristianismo para sostener que la Iglesia actual no es la comunidad que creó Jesús, y demuestran con su compromiso político y con sus prácticas diarias que son feministas como las que más, que no tienen que convencer a nadie por su ideología, sino por sus hechos. Ya lo dijo el mismo Jesús: “Por sus obras los conoceréis”.

Hablamos de las componentes de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, una organización heterogénea y diversa creada con un objetivo: cambiar la Iglesia católica de dentro hacia afuera, hacerla más acorde al mundo contemporáneo y a lo que Jesucristo predicó, incluyendo a las mujeres en igualdad de condiciones y no supeditadas a los ‘todopoderosos’ varones. Para ello estas mujeres han escrito un libro, organizan encuentros y llevan su palabra por redes on y offline para explicar su propuesta, que es crítica pero propositiva.

La Revuelta surge, cuentan sus “portavozas”, de un “profundo malestar” con la Iglesia y de una trayectoria feminista que ‘estalla’ en 2019, con la convocatoria de la huelga feminista del 8 de marzo. Pepa Torres fue una de las monjas que se hizo viral en aquel momento por un vídeo grabado con otras compañeras en el que contaba por qué, como religiosa, iría ese año a la huelga. La Revuelta nacería, paralelamente, en ese contexto, en esos encuentros en los que mujeres católicas feministas empezaron a plantearse: “¿Para cuándo la huelga de mujeres en la Iglesia?”, recuerda Torres, teóloga. A ella le gusta decir que la Revuelta de las mujeres es “una especie de 15-M en la Iglesia”, porque explota “de un malestar, pero conecta con un trabajo previo detrás”.

Esos orígenes coincidieron con un amago de aperturismo por parte del papa Francisco con la celebración del Sínodo para la Amazonía, donde tocó temas como las amenazas a los pueblos indígenas y la vocación de una Iglesia mucho más universal. “Pero al mismo tiempo sucedió algo terrible: en ese sínodo en el que había una gran presencia de mujeres, las mujeres no tuvieron voto”, lamenta Pepa Torres. Para las mujeres feministas de la Iglesia, aquello fue “la gota que colmó el vaso”. “Somos una presencia potentísima en la Iglesia, pero siempre invisible por el clericalismo y por el machismo”, denuncia Torres.

Habría que esperar a febrero de 2021 para que el papa Francisco diera derecho a voto a una mujer, Nathalie Becquart, en el Sínodo de los Obispos. Entretanto, la Revuelta ya comenzaba a bullir en 2020, justo antes de la pandemia, cuando una serie de manifestaciones frente a catedrales y arzobispados causó, como poco, revuelo.

Contentarse con el pequeño gesto del papa Francisco no entra en los planes de las mujeres de la Revuelta, que consideran este paso “simbólico pero anacrónico”, “insignificante”, si acaso “una pequeña grieta” en las estructuras arcaicas y machistas de la Iglesia.

En el Vaticano vemos más puertas abiertas que en la Iglesia española. Hay miedo en la jerarquía al diálogo con las mujeres
Teresa Casillas Fiori

Teresa Casillas Fiori, una de las componentes de la Revuelta, pudo reunirse con Nathalie Becquart, que le confirmó que la cuestión de las mujeres en la Iglesia está “en la agenda” del próximo sínodo. En los últimos meses, las mujeres de la Revuelta han hecho llegar a diócesis y obispos un documento donde sintetizan sus planteamientos, y han pedido audiencia con los líderes de las jerarquías eclesiásticas. Hasta ahora, se han encontrado con buenas palabras pero poca disposición. “En el Vaticano vemos más puertas abiertas que en las diócesis”, constata Casillas. “En la Iglesia española nos estamos encontrando mucha más resistencia. Hay miedo en la jerarquía al diálogo con las mujeres, a lo que vayamos a decir”, opina la mujer.

“Valoramos nuestra situación en la Iglesia como vulneradora de derechos y de nuestra propia presencia”, asevera Pepa Moleón, también portavoz de la Revuelta. “Entendemos que la institución no nos escucha, no tiene sensibilidad para aceptar nuestra presencia”, dice. “La Iglesia se está perdiendo la reflexión, la decisión y las intuiciones del 50% de su población”, lamenta la mujer.

La Iglesia se está perdiendo la reflexión, la decisión y las intuiciones del 50% de su población. No nos escucha, no tiene sensibilidad para aceptar nuestra presencia
Pepa Moleón

Por su parte, Teresa Casillas reconoce que, aunque las mujeres de la Revuelta no comparten “algunas cosas de las que dice el papa Francisco”, sí ven en el pontífice una intención de “abrir un poco la puerta”. “Y esa pequeña puerta queremos aprovecharla”, dice. Pepa Torres apostilla: “Los pocos cambios que Francisco está haciendo en relación con las mujeres –no significativos pero sí novedosos– es porque se están forzando desde las bases, y en las bases estamos nosotras”.

Qué piden las mujeres de la Revuelta

“Tener la misma dignidad, los mismos derechos y el mismo acceso a las vocaciones que los hombres es un deseo histórico”, responde Teresa Casillas. En realidad, explica, el objetivo de la Revuelta es doble: por un lado, recuperar la fe en la Iglesia en la que ellas creen y ayudar a otras mujeres en esa situación; por otro lado, establecer “un diálogo con la jerarquía de la Iglesia para que esta cambie”. “Nosotras creemos que la Iglesia es nuestra casa, y que esta no es la Iglesia que Jesús quiso”, sostiene Casillas.

“Esta fe no nos cuadra”, prosigue la mujer, que entiende que el “mensaje subyacente” de la Iglesia relega a las mujeres a roles limitantes y peyorativos. “En la medida en que Dios es hombre y sólo los hombres lo pueden representar, la mujer es la hija de Eva, la que trajo el pecado: la Iglesia tiene una visión de la mujer en la que, por un lado, es pecadora, prostituta y, por otro, virginal y etérea. Somos una o somos otra. Y esto hace que la mujer sea mucho más condenable. En cambio, los hombres pueden representar lo sagrado, tienen la gracia de Dios”, abunda Casillas.

La mujer es vista como pecadora y prostituta o como virginal y etérea. En cambio, los hombres pueden representar lo sagrado, tienen la gracia de Dios. Esta no es la Iglesia que Jesús quiso

Teresa Casillas no entiende que todavía en 2023 haya que “acudir a un hombre” para que “Dios te perdone los pecados”. “Estas cosas ya no podemos entenderlas ni aceptarlas en el mundo de hoy, es casi una cuestión de derechos humanos”, sostiene. “Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos que en Afganistán no dejan que las mujeres estudien y, de alguna manera, esa exclusión se está produciendo también en nuestra Iglesia”, denuncia Casillas.

La mujer se considera “resiliente” por “aguantar” años de invisibilización y discriminación por parte de la Iglesia, pero sabe que otras mujeres han tirado la toalla, y la Revuelta quiere abrirse a ellas. “Hay tantas mujeres que se han ido porque no encuentran un eco en su fe, con un dios hombre, masculino, con la represión y el control que vivimos de nuestra sexualidad, de nuestro cuerpo”, enumera Casillas. Por eso la Revuelta ha creado sus propias liturgias, oraciones y celebraciones para hacerlas más inclusivas.

Cuándo surgió el “ninguneo” a las mujeres en la Iglesia

Pepa Torres es teóloga, y Teresa Casillas y Pepa Moleón tienen estudios en Teología. Las tres coinciden en señalar que la propuesta de Jesús fue inclusiva, “rompedora”, del lado de los más vulnerables, y que eso, con el tiempo, se fue “distorsionando”.

“La primera persona que recibió el mensaje de la resurrección fue María Magdalena y un grupo de mujeres. Ellas estaban, y estaban en primera fila”, ilustra Teresa Casillas. Pepa Moleón sostiene que hay que vincular el “ninguneo” a las mujeres “a la institucionalización de la Iglesia”. “Jesús no funda una Iglesia, crea una comunidad de hombres y mujeres que van escuchando boca a oreja sus propuestas”, dice Moleón.

El clericalismo es una cara más del patriarcado. En la estructura piramidal de la Iglesia, las mujeres vamos quedando abajo
Teresa Casillas

En cambio, cuando en el siglo IV el emperador Constantino hace del cristianismo la religión del Imperio Romano, la iglesia se “institucionaliza” y pasa a adoptar “los planteamientos patriarcales de ese momento”, apunta Moleón. “La institución se hace más fuerte que las propias comunidades”.

En ese contexto imperialista, añade Casillas, la Iglesia “se convierte en una estructura piramidal en la que el poder pasa a estar en manos de hombres célibes ordenados”. “En esa estructura piramidal las mujeres vamos quedando abajo. El clericalismo es una cara más del patriarcado”, remacha Casillas.

Las mujeres de la Revuelta, en la manifestación del 8 de marzo de 2020 en Madrid.
  Las mujeres de la Revuelta, en la manifestación del 8 de marzo de 2020 en Madrid.REVUELTA DE MUJERES EN LA IGLESIA

Pepa Torres comparte análisis con sus compañeras, aunque sostiene que el cambio comenzó a darse antes, a finales del siglo II, cuando se empieza a fijar “el canon” y “las tradiciones en el cristianismo”, y pasan a considerarse como “verdaderas” las tradiciones escritas, mientras que las orales –aquellas producidas principalmente por mujeres– quedan desvirtuadas.

Con Constantino, el cristianismo adquiere unas formas de organización y de poder propias del imperio. Se domestica terriblemente, se jerarquiza, y las mujeres quedan invisibilizadas
Pepa Torres

“Se fijan como textos propios de la Iglesia aquellos en que la mujer es más invisible, o con roles más secundarios”, afirma Torres. Mientras, “los evangelios que resaltaban más la presencia de mujeres en igualdad entre los apóstoles, como el Evangelio apócrifo de María Magdalena o el del apóstol Tomás, no son reconocidos, no se consideran canon, así que todas esas aportaciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres quedan invisibilizadas”, lamenta la teóloga.

Por otra parte, en el siglo II la organización de la Iglesia “se jerarquiza mucho más desde la figura de un obispo: se vuelve más clerical y empieza a discriminar a quienes no son clérigos, a los laicos, y de entre los laicos, a las mujeres”, indica Torres. El Edicto de Milán firmado por el emperador Constantino fue la puntilla: “El cristianismo se domestica terriblemente. Adquiere unas formas de organización, de poder, incluso de visibilización, propias del imperio”.

“Trabajando para el hoy, pero también para el mañana”

La frustración de Torres y de sus compañeras llega al punto de que están convencidas de que el Evangelio “tiene que ver con la liberación de las personas, de los pueblos y de las mujeres”, mientras ven cómo la Iglesia “se ha convertido en uno de los bastiones del patriarcado”. “Vemos una contradicción intrínseca y sentimos un profundo malestar”, dice la teóloga. De ahí la necesidad de “forzar” el cambio.

“No renunciamos a nuestra actitud creyente, no nos apeamos de nuestra convicción de que el Evangelio nos sirve para vivir, así que, desde la teología feminista, proponemos volver a una interpretación de los orígenes donde el movimiento de Jesús fue tremendamente igualitario”, relata Torres.

Proponemos volver a una interpretación de los orígenes, donde el movimiento de Jesús fue tremendamente igualitario

Cuentan las mujeres de la Revuelta que su movimiento ya está presente en todas las comunidades autónomas de España, y que cada vez que organizan encuentros en ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao reúnen al menos a medio centenar de participantes.

Para su “sorpresa”, la Revuelta ha atraído a mujeres desde los “veintitantos años” hasta los “ochenta y tantos”, detalla Pepa Moleón. El acercamiento de “muchas mujeres jóvenes” les supone “una profundísima alegría”, confiesa: “Vienen con muchos menos prejuicios, muchas de ellas muy vinculadas a los movimientos civiles feministas, son mujeres muy preparadas, con reflexiones muy interesantes”. “El encuentro intergeneracional está siendo de una riqueza enorme”, asegura Moleón. “Estamos trabajando para el hoy, pero también para el mañana”, incide.

Encuentro de la Revuelta en Barcelona, en octubre de 2022.
  Encuentro de la Revuelta en Barcelona, en octubre de 2022.REVUELTA DE MUJERES EN LA IGLESIA

Por su parte, Pepa Torres insiste en que las “reformas radicales” que piden para la Iglesia no son sólo para dentro. “Entendemos que el compromiso de los cristianos y las cristianas es en el mundo, en la sociedad civil, por la justicia, por el cuidado de la Tierra, por la equidad de género, esa es la Iglesia que reivindicamos”, razona Torres.

La Iglesia nos importa, queremos a la Iglesia, por eso queremos otra Iglesia, una comunidad de comunidades comprometida con los derechos humanos

“No queremos cambiar la Iglesia para que sea una Iglesia de sacristía, sino para que sea una comunidad de comunidades comprometida con los derechos humanos, con las organizaciones que creen en otro mundo posible…”, enumera la teóloga: “Esa es la Iglesia que nos inspira el Evangelio”.

De ahí que estas mujeres vean tan “necesario” que la Iglesia “dialogue con los movimientos de liberación de mujeres y con las aportaciones de los feminismos”. “Debe haber un cambio de paradigma para proponer alternativas al clericalismo y al patriarcado en la Iglesia”, pide Pepa Torres: “La Iglesia nos importa, queremos a la Iglesia, por eso queremos otra Iglesia”.