‘Una terapia integral’ o el pan nuestro de cada día, véndanoslo el Lidl

‘Una terapia integral’ o el pan nuestro de cada día, véndanoslo el Lidl

Personajes como Tony Roca que divierten, entretienen y alimentan a más de un 'cuñaaao'. Que hacen que una cadena rompa audiencias.

Una escena de 'Una terapia integral'.
Una escena de 'Una terapia integral'.NACHO PEÑA

Es un gustazo encontrarse un teatro lleno. Más en Madrid con la grandísima competencia que hay. Por un lado, de musicales, a cuál más espectacular. Por otro lado, de comedias y cómicos de todo tipo y condición. Pues bien, en este competitivo mercado del entretenimiento en el Teatro Fígaro lo está petando Una terapia integral escrita y dirigida por Cristina Clemente y Marc Angelet.

¿Qué no sabe quiénes son? Eso es que no vive en Cataluña. Los dos llevan triunfando en aquella comunidad por todo lo alto. Con público, pero también con premios. Aunque muchos espectadores lo situarán mejor si se les informa de que son los autores de Laponia, la obra con Amparo Larrañaga que se granjeo el favor del público y de la crítica en último trimestre del 2022 en el Teatro Maravillas donde volverá en febrero de este año (ya se pueden comprar las entradas con descuento.)

Estos dos autores y directores vuelven a triunfar con una comedia. Sí, pequeñoburguesa, de salón o de sillón de orejas o como quieran llamarlas. Del mismo tipo en las que se categorizan las obras de Yasmina Reza, Jordi Galcerán o Jordi Vallejo. De hecho, muchas de las obras de estos autores han pasado por los teatros de SMedia. Autores que también tienen su crédito entre la crítica y entre el público.

Una escena de 'Una terapia integral'.
  Una escena de 'Una terapia integral'.NACHO PEÑA

Pues bien, en esta estela de problemas del primer mundo llevados al absurdo que se tratan en estas obras, esta vez le toca a la cocina gourmet y al coaching o autoayuda. Absurdo muy real, pues la credulidad del público se suspende en un pispas. Lo que se debe a que todo parece muy posible.

Porque es altamente probable que tres personas con sus dificultades emocionales se apunten a un curso colectivo para aprender a hacer pan con un panadero mediático. ¿Quién no conoce a alguien así? ¿Apuntándose a cursos a la más mínima frustración? Donde lo de menos es el pan de tipo Masterchef sino el autoconocimiento que adquieren gracias al contacto con un panadero que parece más Risto Mejide en un talent show que otra cosa.

También funciona por su misterio. El misterio de ver cómo una cardióloga, una joven infantil en paro, católica y cantante de góspel, y un joven adulto millonario se someten hasta límites inconcebibles a la voluntad de dicho panadero. Cierto, que es uno de los mejores pero su tortura sofisticada tiene muchos decibelios.

Tantos, que convencidos de que lo que les dice es verdad, llegan a hacer cosas que asustarían a cualquiera. Por lo que los tres protagonistas no lo habían hecho hasta ser mezclados, amasados y horneados por Tony Roca, el cocinero celebrity de la obra.

Y, si bien sus actos son estúpidos, sus reacciones son tan humanas que la platea sigue lo que pasa en escena con muchísimo interés. Como si fuera cierto. Como si pudieran ser ellos. Y de ese choque entre lo humano del día a día, lo banal, y lo extraordinario, surge la risa. A veces floja, como si se abriese una espita por la que soltar presión. Cuando no se ponen a comentar la escena, la jugada concreta, como se hace en partido de fútbol a provechando los oscuros que separan las escenas.

Una escena de 'Una terapia integral'.
  Una escena de 'Una terapia integral'.NACHO PEÑA

Este choque no tendría el mismo resultado sin su elenco. Sus cuatro actores tienen un curriculazo teatral. Aunque todos poseen un pasado televisivo por la que el público sabe quiénes son y quiere verlos en vivo y en directo. Estar con esos ídolos televisivos que de cuando se sientan en su comedor, en su salita de estar o en su dormitorio y los acompañan y cuentan historias antes de dormirse la siesta o de simplemente de acostarse.

Solo unos actores como estos mezclados, amasados, reposados y horneados pueden dar un pan como el que da esta obra. Un pan suculento, con más miga de lo que parece, que reparten por la platea con generosidad. Para que el público salga saciado, satisfecho, contento. Y lo cuente a sus familiares y amigos en las reuniones. Pues no hay duda de que el éxito de esta obra es un fenómeno boca oreja, antes que periodístico o de crítica.

Un pan que nos recuerda lo necesitado que está este mundo de personalidades fuertes. De gentes que lo tengan claro. Pues la mayoría de las personas son, somos, pura zozobra. Da igual las absurdeces que propongan lleven al caos. Incluso a ir contra sí mismos, como les ocurre a estos personajes. A hacerse daño. A ponerse en riesgo o en peligro.

Personajes como Tony Roca que divierten, entretienen y alimentan a más de un cuñaaao. Que hacen que una cadena rompa audiencias. Y que se ponen cada vez más democracias por montera. Solo hay que usar un campo semántico para conseguirlo, el contexto es lo de menos, aunque sea una escenografía tan bonita y eficaz como la de esta obra.

El personaje que habla de la importancia de la libertad y la seguridad individuales para el desarrollo personal. El que propone abandonar las zonas de confort de la sociedad, lo público. Y una vez que te han dejado a la intemperie, o, lo que es lo mismo, currando como reponedor o comprando en un supermercado cualquiera, toman tu dinero y corren y si te he visto no me acuerdo.