“Misericordia”, una comedia romántica en el exilio

“Misericordia”, una comedia romántica en el exilio

Su anuncio en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán del Dramático ha recibido toda la atención de los profesionales.

Denise Despeyroux autora, directora y actriz de MisericordiaGeraldine Leloutre

Cuando estrena Denise Despeyroux la colonia teatrera se moviliza para verla. En este caso más porque se anunciaba que el reconocido dramaturgo y director de teatro Pablo Messiez volvía a los escenarios como actor, y solo como actor, en esta obra. Así que el anuncio de Misericordia en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán del Dramático ha recibido toda la atención de los profesionales.

Lo que se han encontrado ha sido la historia de una familia de tres hermanos, hijos de exiliados políticos uruguayos que llegaron a España cuando eran pequeños o ni siquiera habían nacido. El caso es que ahora viven en España, donde crecieron y se han desarrollado. Los padres ya están muertos. Y cada uno se dedica a lo que la vida les ha dado a entender.

El mayor es dramaturgo y director de escena y va a estrenar en la sala grande del María Guerrero. La mediana, está interesada en la Cábala como Madonna, y vive de acuerdo con sus dictados. Y la más pequeña, que hace tiempo que dejó de ser una niña, está desarrollando un videojuego, que permite introducir este elemento referencial para muchas personas en nuestra sociedad y su punto de vista. ¡Que ya era hora!

Los tres orbitan alrededor de Dante. El amigo dramaturgo, que ha decidido dejar la profesión teatral y dedicarse a la inmunopsiconeurología. Amigo con el que hermano sale casi todas las tardes a ver teatro y a aburrirse en él. Y del que se enamoran las dos hermanas. Y, en algunos momentos, parece que también está enamorado el hermano y amigo. De hecho, cuando llevan un mes sin verse porque Dante está flirteando con la hermana cabalística, le propone ir al cine y Dante le responde algo así como que no le proponga hacer planes de novios.

En este sentido está muy bien elegido Cristóbal Suárez como Dante. Un actor que tiene presencia en escena y da bien el papel de guapo y/o atractivo, como para ser el objeto del deseo de los tres hermanos. Deberían ir a verlo los directores/as de casting para ver con que naturalidad se desenvuelve en la comedia encima de un escenario.

Pablo Messiez en MisericordiaGeraldine Leloutre

Cuento todo esto, porque la obra se supone que va sobre el exilio. En concreto sobre el exilio político uruguayo que causó la dictadura de aquel país, que la autora y directora de la obra conoce de primera mano porque lo vivió en primera persona. Pero parece más una comedia romántica. De hecho, son las escenas de este estilo las que mejor funcionan y las que más interés tienen.

Por tanto, no hubiera pasado nada si se saca de la ecuación de la obra el exilio como tema principal y el emotivo video real que se proyecta durante la función. En el que la niña que fue Denise Despeyroux es entrevistada para una televisión australiana en Uruguay. Donde pudo volver unas vacaciones gracias a que el gobierno español llevo a su país a los hijos de los exilados para que vieran a sus familiares, abuelos, tíos y primos.

También sobra la escena, por excesiva, de Dante, cuando en aplicación de la psiconeuroinmunología, la dieta keto y otras técnicas más de bienestar que sigue para mantenerse en forma y promociona en un canal de YouTube, se mete en una bañera que previamente ha llenado de hielos. Quiero decir que sobra la puesta, no es necesario que Cristóbal Suárez se bañe en calzoncillos en una bañera llena de hielos.

Y digo la puesta, porque la conversación que tiene con su amigo Darío en ese momento es importante y se podría haber hecho más sencilla y sin someter al actor a esa pequeña tortura. Ya que se trata de una conversación telefónica.

Lo primero, lo del exilio real de la autora que se cuela en la obra, puede tener que ver con la autoficción teatral. Según lo que contó en el encuentro con el público, este tipo de teatro poco le interesa para trabajar. Excepto como elemento de reflexión sobre el mismo y las artes escénicas.

En este sentido, se nota y se siente, que hay partes autoficcionales. Desde la entrevista citada a la intervención de la autora, que también tiene un papel secundario en la obra. Hace de la persona que asesora al hermano dramaturgo en su obra, ya que Sergio Blanco, el verdadero rey teatral de la autoficción, uruguayo para más señas, declina hacerlo al estar a tope de trabajo en Corea del Sur.

El elenco de Misericordia vestido de Final FantastyGeraldine Leloutre

Por tanto, tenemos una comedia romántica que funciona por las situaciones y por su elenco. Situaciones que se prestan al equivoco y provocan la sonrisa, incluso la risa, por lo no dicho y lo que no se puede o no se quiere decir. Un elenco que incluye a Natalia Hernández a la cabeza de un equipo formado por Marta Velilla, los citados Cristóbal Suárez y Pablo Messiez, que quizás es el más flojo de los cuatro. También está Denise Depeyroux que se interpreta a sí misma. Un elenco de cinco personas con diferentes energías, que curiosamente sintonizan ante los ojos del público

Después, dependiendo de la crítica que se lea, uno se encuentra con que cada crítico y cada crítica tiene su escena favorita. Sin embargo, fríamente, hay que decir que es difícil escoger una, entre otras cosas, porque son necesarias para atar y anudar el enredo amoroso. Aportan.

Escenas que se representan en una de las escenografías más bonitas que se han visto en el Dramático recientemente. Una idea de Alessio Meloni que representa una casa amarillo chillón, el color corporativo del teatro en el que se ha estrenado la obra, y negro, al estilo industrial-acogedor que se ve en los programas de reformas de la tele. Sobre la que salen lunas y soles grandes y redondos.

Dicho esto, se puede concluir que el público en general que vaya a ver esta obra, lo pasará bien. A nadie le amarga una comedia romántica, sobre todo si bascula entre la forma de escribir de Nora Ephron y Yasmina Reza y, tal vez por el toque judío de La Cábala, con sus gotas melancólicas a lo Woody Allen.

Y, ya se sabe que para que una comedia de estas características funcione, es necesario que tenga cierto glamour. Esta producción lo tiene, sobre todo en el vestuario de ellas con la elegancia con la que se viste a Natalia Hernández y con el mejor estilo otaku de Final Fantasy con el que se viste a Marta Velilla. Aunque, lo más importante que debe tener, a parte del guion o el drama, es un buen elenco algo que tiene este montaje.

También te puede interesar...