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03/09/2013 11:11 CEST | Actualizado 03/09/2013 11:11 CEST

Telescopio Espacial Spitzer, feliz cumpleaños: lo mejor de diez años mirando al cielo (FOTOS)

NASA/JPL-Caltech

Con sus apenas 85 centímetros, el Telescopio Espacial Spitzer tiene un tercio del diámetro del Hubble y es 42 veces más pequeño que el GTM, el mayor telescopio sobre el planeta. Sin embargo, su especialización ha permitido conocer el espacio como nunca hasta ahora. Diseñado para durar dos años y medio, acaba de cumplir 10 mirando al cielo por nosotros.

Spitzer nació con retraso. Concebido a finales de los años 80 iba a estrenar el programa de grandes telescopios espaciales de la NASA. Para los científicos, la atmósfera que rodea la Tierra es como unas gafas de sol, protege pero impide ver los detalles. Por eso había que poner en órbita telescopios. La idea de la agencia espacial estadounidense era que cada uno se especializara en ver sólo una parte del espectro electromagnético.

VISIÓN INFRARROJA

A Spitzer, que viajó al espacio a lomos de un cohete Delta II a finales de agosto de 2003, le tocó la radiación infrarroja. Invisible al ojo humano (sensible a la luz entre 0,4 y 0,7 micras del espectro), este telescopio puede ver la franja desde 1 micra (cercano infrarrojo) a 200 micras (lejano infrarrojo). Los objetos sólidos del espacio, desde un grano de polvo cósmico hasta un exoplaneta gigante, emiten radiación infrarroja. Por eso Spitzer ve lo que otros, como el Hubble, no pueden.

En esta década, el telescopio ha escaneado el universo, atrapando en su retina cometas, asteroides, exoplanetas, estrellas o galaxias. Hecho de berilio, un raro metal con aún más raras propiedades, el telescopio cuenta con tres instrumentos de medición que, especializados en analizar la radiación infrarroja, se mantienen a bajísimas temperaturas gracias a un proceso de criogenización mantenido por un tanque de helio líquido.

Entre los logros de Spitzer está el estudio del cometa Tempel 1, contra el que la NASA estampó una nave en 2005 para estudiar su interior en la misión Deep Impact. Sus ojos infrarrojos también mostraron el mayor de los anillos de Saturno, una dispersa banda de hielo y polvo imperceptibles en la luz visible, pero no para Spitzer. Sin embargo, una de sus mayores aportaciones fue la detección de luz procedente de un planeta de fuera del Sistema Solar. Era una de las primeras pruebas de la existencia de exoplanetas.

"Siempre supe que Spitzer funcionaría, pero no me imaginaba que pudiera ser tan productivo, estimulante y tan duradero como lo ha sido”, decía en una nota el científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y CalTech, Michael Werner. Para él, uno de los que ayudó a crearlo, “las espectaculares imágenes que sigue enviando y su avanzada ciencia están mucho más allá de lo que podríamos haber imaginado cuando iniciamos este viaje hace ya más de 30 años”.

Aunque Spitzer debía de haberse retirado hace años, la NASA sigue encontrándole misiones a realizar. Ahora lo han repescado para la Iniciativa Asteroide, un plan para cazar un pequeño asteroide y redirigirlo hasta una nueva órbita entre la Luna y la Tierra para que los astronautas y científicos puedan explorarlo y estudiarlo. Y ya tiene sus ojos puestos en uno. En octubre su cámara, su espectrógrafo y su fotómetro infrarrojos estudiarán el asteroide 2009 DB para determinar su tamaño. 2009 DB es uno de los candidatos a ser desviado. Quizás después le dejen descansar.

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