Sandra Sabatés: "En algunos cuentos clásicos no hay sólo una, hay distintas formas de violencia de género"

Sandra Sabatés: "En algunos cuentos clásicos no hay sólo una, hay distintas formas de violencia de género"

La periodista publica 'No me cuentes cuentos', diez historias que visibilizan la violencia de género y desacreditan el negacionismo.

La periodista y escritora Sandra Sabatés.
  La periodista y escritora Sandra Sabatés.EDITORIAL PLANETA

El último libro de Sandra Sabatés, No me cuentes cuentos, tiene como protagonistas a Caperucita Roja, Bella, Blancanieves o la Bella Durmiente. Pero también a la Bestia, al rey, a unos lobos y un príncipe.

Sí, todos son personajes de cuentos clásicos, relatos infantiles que hemos escuchado fascinados cuando éramos niños. Pero las historias que la periodista narra en este libro poco tienen que ver con finales felices. Las de estas mujeres son reales y, al igual que en esos cuentos clásicos, es la  violencia que sobre ellas ejercen bestias, príncipes y reyes la protagonista.

“Efectivamente, han pasado siglos y seguimos sufriendo esa misma violencia. No hemos cambiado tanto: hemos avanzado en muchos aspectos en materia de igualdad, pero la violencia de género sigue estando ahí. El principal objetivo de este libro es contar que esto está pasando, que esto es una realidad, por mucho que nos intenten vender que la violencia de género no existe e intenten restarle importancia. Esto está pasando aquí y ahora en este país y lo venimos arrastrando desde hace siglos”, reclama la autora y presentadora de El Intermedio.

Las protagonistas de las diez historias recopiladas en el libro han sufrido abusos sexuales infantiles, mutilación genital femenina, violación por sumisión química, violaciones en manada…  Este no es un libro fácil de leer, Sandra.

No, para nada. Es conmovedor… Yo lo he vuelto a leer, después de entregar el manuscrito y antes de que saliese, que ya había pasado un tiempo, y me sigue conmoviendo. Al final se trataba de eso.

Has elegido diez cuentos infantiles para denunciar esa violencia con la que muchas hemos crecido. ¿Por qué cuentos y no otros referentes culturales: películas, series o canciones?

Todo empezó haciendo la conexión con el caso de La Manada. Caperucita es uno de mis cuentos preferidos de cuando era pequeña, además es uno de los primeros cuentos que te cuentan y establecí ese paralelismo. El caso de La Manada ha sido uno de los más mediáticos y, de repente, vi a esa chica con el pañuelo rojo en San Fermín, como si llevase la caperuza roja, Al final las dos han pasado por lo mismo, porque debajo de la historia de Caperucita subyace la historia de una violación. Me pareció muy interesante establecer ese paralelismo y ver cómo seguimos arrastrando esa violencia. Empecé a mirar otros cuentos clásicos que nos han contado durante toda la vida para ver si había manifestaciones de violencia de género. En algunos casos son muy explícitas y es fácil localizarlas, y en otros cuesta un poquito más, porque están más maquilladas y son más sutiles. Pero las acabas encontrando. Y es más, en un solo cuento no hay solo una, hay distintas formas de violencia. Hay cuentos en los que dices ‘voy a seleccionar este párrafo porque me interesa hablar de un tipo de violencia concreto’, pero en un solo cuento puedes encontrar distintas formas de violencia de género.

Nuestras aspiraciones personales y laborales como mujeres han cambiado mucho, pero la violencia de género sigue estando ahí, eso no ha cambiado

¿Ya no queremos ser la princesa del cuento, ni la protagonista de Disney?

Hemos evolucionado bastante y hemos sido muy críticos y hemos reflexionado mucho, y ahí está la clave. Nos hemos dado cuenta de que en los cuentos y en las películas de Disney estaban preocupadas por la belleza, por el hecho de que el príncipe las rescate, las lleve a su castillo y tener hijos; adoptar el rol del ángel del hogar, y estar pendiente del marido, de los hijos y las labores domésticas. Yo creo que en eso hemos cambiado mucho y nuestras aspiraciones personales y laborales como mujeres han cambiado mucho, pero la violencia de género sigue estando ahí, eso no ha cambiado.

Esta misma semana, en una entrevista ponías el foco en una forma de violencia que cada vez es más frecuente: violaciones por sumisión química, que en el libro protagoniza la Bella Durmiente.  Asombra la culpabilidad que siente, encima de lo que le pasa.

Sí, estas formas de violación están aumentando. En el caso de la Bella Dumiente se siente culpable porque lo que ha pasado va a afectar a las personas que están alrededor. No se lo quería contar a su madre porque sabía que esa mujer no volvería a ser la misma, la iba a destrozar la vida. Ella me decía: “Es que abres los ojos, ves las luces de la policía, llega la ambulancia y dices: ‘¿Qué he hecho? Porque algo malo habré hecho pero no sé qué ha pasado”. Ella tiene que convivir con el desconocimiento absoluto, con ese vacío porque nunca va a saber lo que pasó esas horas en las que perdió la conciencia. “Tú no sabes el dolor que arrastro de no saber qué han hecho con mi cuerpo”, me decía. Sabe que la violaron, nada más. Y nunca lo va a saber… Ella pierde la conciencia con ese último chupito y se despierta con la policía y en bragas. Ella se siente culpable, por el ‘cómo ahora le cuento a mi madre esto’ y continuamente busca justificaciones sobre qué podría haber hecho para evitarlo. 

¿Has hablado con todas las protagonistas, verdad?

Para mí era importante, más allá de contar yo sus historias, que también ellas estuviesen presentes y que su voz se oyese en cada una de las historias. Creo que es importante que el mensaje principal lo transmitan ellas. El denunciar, el pedir ‘no os quedéis calladas que si no, no avanzamos’. Si se denuncia podemos ayudar y como sociedad somos más conscientes de lo que está pasando. Sabemos que hay casos, que hay un problema y podemos actuar.

La culpabilidad es un sentimiento que se repite en casi todas las protagonistas del libro. Sandra, a raíz del asesinato del niño de Sueca en manos de su padre, los comentarios de algunos medios de comunicación no dejaban de, en cierta manera, culpabilizar a la madre por dejarle ir con su padre.

Bueno, con este caso hay que hacer un poco de crítica: no podemos estar fallando a estos niveles, no puede ser que los juzgados no crucen datos y que luego pasen estas cosas, porque hay vidas de por medio. Ahí murió un niño de 11 años asesinado a manos de su padre. Por un lado, las mujeres tenemos que ser muy conscientes e insistir en que hay que denunciar, porque es la única manera en la que podemos ayudar. Y por otro lado, hay que reforzar los protocolos y los recursos para que estos casos no se repitan. La madre no es responsable de ello y un maltratador no puede ser un buen padre, y eso ya lo recoge la ley. Lo que no se pueden permitir son estos errores.

La sociedad como tal debe estar empujando y ayudando ante casos como estos y los medios de comunicación tenemos la responsabilidad, y tenemos que sentirnos responsables, de denunciar y visibilizar este tipo de casos y luchar de forma constante para desacreditar esos discursos negacionistas. Solo hay un culpable: el maltratador y una víctima no es responsable de nada.

Mariana, la protagonista de La Sirenita, sigue arrastrando muchas secuelas: tiene unos dolores menstruales aterradores, infecciones, problemas para mantener relaciones sexuales y su parto fue muy complicado

La historia de La Sirenita, sometida a una mutilación genital en su país, es especialmente dura…

Es desgarrador cómo lo cuenta y lo presente que lo tiene, porque solo tenía 8 años cuando sucedió. Ella no lo ha superado… Todas pasan por un proceso de terapia, de meses y años, para ser capaces de asimilar lo que ha pasado e incorporarlo. No se puede borrar y hay que convivir con ello, pero hay que intentar llevarlo de la mejor manera posible, ubicarlo en un espacio donde no moleste mucho, ni a los que las rodean tampoco, para poder reconstruirse y seguir adelante. Además del proceso psicológico, también arrastran muchas secuelas físicas. Mariana, la protagonista de La Sirenita —una de las tres mujeres que pidieron dar sus nombres verdaderos—, sigue arrastrando muchas secuelas: tiene unos dolores menstruales aterradores, infecciones, problemas para mantener relaciones sexuales, su parto fue muy complicado... De hecho hay muchas mujeres que han sufrido mutilación genital que mueren en el parto. Ella se sometió a una reconstrucción, pero ella cuenta que esa reconstrucción no la sanó y no le permitió quitarse de encima la losa que arrastra. Hasta que descubrió que era algo psicológico: siente la dualidad de que su familia, por tradición, le ha enseñado que es bueno, porque es un paso para que tu comunidad te acepte, pero ella nació en España y ha crecido con otros valores y su educación es distinta, y sabe que es una salvajada y que no es bueno. 

Pero este tema, no sólo lo sentimos con lejanía,  sino que vemos la solución casi como un imposible.

Claro, el problema es ese. Efectivamente, esto es nuestro país está penado pero sigue habiendo niñas que están en riesgo porque las mandan a sus países para hacérselo. Aquí hay una serie de protocolos y formación a trabajadores sociales y pediatras que hacen todo un trabajo de prevención y seguimiento. Incluso a los padres se les pide la firma de un documento preventivo… Mariana insiste en que esto pasa por la educación y hay que educar y enseñar en que no aporta nada, que es una salvajada y es violencia contra la mujer. Ella dice “yo no quiero formar parte de un colectivo que trata así a las mujeres. No nos pueden arrebatar nuestra capacidad de sentir”.

Por supuesto, también abordas la trata de blancas con el cuento El zurrón que cantaba. ¿Hasta qué punto es un problema en nuestra sociedad y hasta qué punto tiene solución en nuestro país, que es uno de los más puteros del mundo?

Es la esclavitud del siglo XXI. Es un negocio criminal, de los más lucrativos, que mueve cinco millones de euros al año, a la par con el tráfico de drogas. En el caso de España, lideramos este ranking del tránsito y la explotación sexual, somos los primeros en Europa y terceros a nivel mundial. Y bueno, tenemos un 40% de hombres que reconocen haber recurrido a la prostitución. Al final estamos hablando de deshumanizar a las mujeres, de pisotear sus derechos, su dignidad, su integridad…

El 80% de las mujeres que ejercen la prostitución son víctimas de la trata. Cuando se está pisoteando su dignidad, estamos hablando de derechos humanos. Son mujeres que no tienen libertad, que están sometidas, que están compradas, que hacen con ellas lo que quieren, que les dan palizas, y que llega un putero, les extiende un cheque y se cree que puede hacer con ellas lo que quiera. 

La Niña, la protagonista de esta historia, ha necesitado muchos años de tratamiento psicológico. Consiguió salir de allí gracias a la mediación de APRAM (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida) cuando tenía 25 años y ahora tiene cuarenta y tantos y sigue arrastrando muchas secuelas físicas

Y ella, el día que recibe el primer bofetón, lo justifica: ‘Es que me lo merecía, me dijo que no saliera sola

Sandra, ¿cuántos Barba Azules hay en España aún?

¡Buffff! ¡Muchísimos! Y fíjate como te van comiendo la cabeza... En este caso, el agresor te va convenciendo de que todo lo que hace es por tu bien: ‘Vete con mi madre, no salgas sola’, ‘no te vistas así’, ‘este chico te ha mirado’… Y ella, el día que recibe el primer bofetón, lo justifica: ‘Es que me lo merecía, me dijo que no saliera sola’. Luego se da cuenta de que nadie tiene derecho a imponerle normas. Pero es que, cuando estás dentro, como dice la chica de Bella, no sumas dos más dos, no te saltan las alarmas. Por eso es importante para ellas contarlo y entrar en detalles que para ellas son fundamentales.

Estas mujeres terminan pensando como él y en el caso de la violencia psicológica eso es tremendo porque no lo ves venir, es un goteo. Hasta el día que no te reconoces, ni física ni mentalmente. Pero hasta el punto de que, como contaba Blancanieves, cuando alguien le preguntaba sobre algo, lo primero que pensaba es ‘¿qué pensará él?’. Era una dependencia total, no se reconocía ella porque veía a través de sus ojos: ella veía lo que él veía. Ese es el nivel.

“Es muy triste porque temo al único hombre al que hasta ahora he querido en mi vida”, dice la víctima de Barba Azul. ¿Cuánto daño nos ha hecho el mito del amor romántico?

Nos han vendido que viene un príncipe, el gran amor de tu vida, con el que vas a tener una felicidad absoluta y no es así. En muchas ocasiones, ese amor romántico se convierte en un amor muy tóxico. El capítulo dedicado al amor romántico es el de Blancanieves y por eso juega un poco con el tema de la madrastra. En esta historia es muy importante el mensaje que lanza: ‘Como te quieras tú, no te va a querer nadie’. A ella en su casa nunca la han querido ni la han valorado. Entonces llega este chico que te dice lo guapa que eres y lo mucho que vales, y caes rendida y te sometes. Ella contaba que cuando fue a ver el monólogo de Pamela Palenciano sintió que lo que estaba relatando sobre el escenario era su vida; no era ella, eran otras personas y otros escenarios, pero era su vida. A mí me parece maravillosa la labor que está haciendo Pamela Palenciano y después de ver el monólogo le pedí permiso para coger algunas frases que son los patrones que se repiten en todas las historias. Tus padres no están en casa y, si están, están cansados y no se preocupan por ti, falta educación emocional. De repente llega el príncipe, que solo tiene ojos para ti. Te hace sentir que eres lo mejor cuando nadie lo ha hecho, nadie te ha sabido valorar. Pero luego se giran las tornas y empiezas a ser tú la que se preocupa, la que está pendiente… Hasta que él empieza a pasar, se producen los largos silencios, que son aterradores. Blancanieves vive mirando el móvil y le excusa pensando que se ha quedado sin batería, pero cuando ve que se repite, ya sabe que no. Luego vuelve arrepentido y pidiendo perdón pero, cosa que ocurre con muchos maltratadores, justifica su pérdida de control por su provocación.

Tenemos que hablar mucho con nuestros hijos y hay que hablar de sexo con ellos, porque no podemos permitir que estén viendo en el móvil pornografía y que esta sea su fuente de información y conocimiento sobre las relaciones sexuales

¿Ves negro el futuro cuando de acabar con la violencia de género se trata?

Según el Barómetro de Juventud y Género de 2021,  1 de cada 5 jóvenes de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género es un invento ideológico. Y si comparas con anteriores, esta cifra ha crecido. Y, según este mismo informe, parece que ellos no le dan tanta importancia a los celos, al control…  Esto indica que vamos hacia una senda bastante peligrosa. Y los discursos negacionistas de la extrema derecha no ayudan porque cuando estamos en la etapa adolescente, esos mensajes que te van repitiendo una y otra vez, acaban calando.

Quiero tener esperanza porque como padres, profesores, sociedad y periodistas tenemos una responsabilidad y hay que seguir luchando. El tema está en desacreditar este tipo de argumentos y mostrar la realidad, y ahí la  educación es clave. Pero además tenemos que hablar mucho con nuestros hijos y hay que hablar de sexo con ellos porque no podemos permitir que estén viendo en el móvil pornografía y que esta sea su fuente de información y conocimiento sobre las relaciones sexuales. Y esto es una parte importante de la educación porque son las nuevas generaciones y deberían crecer con una mayor igualdad.