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10/02/2016 07:39 CET | Actualizado 09/02/2017 11:12 CET

El virus del Zika es un toque de atención para la humanidad

Si no nos tomamos en serio el cambio climático y el impacto de la degradación medioambiental en los vectores de enfermedad, si no abordamos el problema de la desigualdad de género y si no mejoramos las condiciones de quienes viven en la pobreza, la situación de la salud pública será cada vez de mayor riesgo.

UESLEI MARCELINO/REUTERS

El lunes, la Organización Mundial de la Salud declaró la propagación del virus del Zika como una emergencia sanitaria pública de importancia internacional.

A diferencia de otros virus transmitidos a través de la picadura del mosquito Aedes -como el dengue, la fiebre amarilla o chikunguña-, el virus del Zika había pasado desapercibido y se consideraba como una enfermedad tropical, ya que la mayoría de los portadores del virus no tenían síntomas. Pese a ello, Brasil se enfrenta a un brote sin precedentes -con más de 1 millón de infectados durante el último año- y a una cantidad inusualmente alta de recién nacidos con microcefalia. Existe un acuerdo internacional, aunque todavía no hay pruebas definitivas, de que el virus tiene consecuencias potencialmente catastróficas para las mujeres embarazadas contagiadas y para sus hijos aún no natos y de que es posible que el virus esté relacionado con otras enfermedades neurológicas graves. Los expertos creen que la destrucción medioambiental es la causante de que el virus infectara a los humanos y es la que hace que se propague de manera dramática por todo el continente americano.

Por desgracia, las recomendaciones se centran en una acción en concreto: qué es lo que debe hacer una mujer para protegerse a sí misma y a su futuro hijo. Dan por hecho que todas las mujeres tienen pleno control sobre su salud y sus elecciones reproductivas.

No existe cura ni vacuna para el zika, y la respuesta del sector sanitaria no es suficiente para pararlo. Esto significa que el miedo al contagio crece entre los habitantes de las comunidades más vulnerables de Latinoamérica, donde se ha informado de casos en 25 países y territorios.

Algunos de ellos han respondido a esta amenaza publicando sus propias recomendaciones: aconsejan a las mujeres que no se queden embarazadas, que se cubran y utilicen repelente antimosquitos. Por desgracia, las recomendaciones se centran en una acción en concreto: qué es lo que debe hacer una mujer para protegerse a sí misma y a su futuro hijo. Dan por hecho que todas las mujeres tienen pleno control sobre su salud y sus elecciones reproductivas y que tienen todos los recursos y los conocimientos para actuar en consecuencia.

Como ocurre con cualquier enfermedad, la población más pobre, las comunidades marginadas y los grupos sin poder ni recursos son los que más sufren el impacto.

El Comité de Emergencia de la OMS hizo hincapié en la importancia de tomar medidas drásticas para reducir las cifras de infección. Para detener la propagación del virus del Zika, los Gobiernos deben hacer mucho más. Como mínimo, hay que aumentar las medidas de control de mosquitos: fumigar las viviendas, eliminar los lugares de reproducción de mosquitos, reducir las aguas estancadas de las zonas urbanas y elaborar un mapa de la zona de acción del mosquito Aedes para una acción más eficaz.

Como ocurre con cualquier brote de enfermedad, como pudimos comprobar con el ébola y aprendimos después de trabajar con el VIH durante años, la sanidad y el desarrollo tienen mucho que ver. La población más pobre, aquellos que viven en asentamientos, las comunidades marginadas y los grupos sin poder ni recursos son los que más sufren el impacto.

Teniendo esto en cuenta, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) siempre ha apostado por un enfoque multisectorial ante la sanidad y reconoce que la vulnerabilidad ante una salud peor a menudo se debe a la desigualdad, las malas políticas comerciales, educativas, medioambientales o agrícolas y a la falta de respuestas coordinadas durante los brotes de este tipo.

Al declarar la propagación del virus del Zika como una emergencia sanitaria pública y global, la OMS ha reconocido que se necesita una iniciativa global conjunta e intersectorial para detener este virus. Desde el PNUD podemos ayudar por nuestra experiencia en la aplicación de programas a gran escala de desarrollo, medio ambiente o salud. Gracias a nuestra asociación con el Fondo Mundial, el PNUD dirige los programas contra la malaria en nueve países distintos y puede servir de apoyo a los esfuerzos contra el zika compartiendo su experiencia en cuanto a medidas multidimensionales de control de mosquitos. Además, el PNUD colabora estrechamente con agencias de salud importantes, organizaciones regionales y sociedades civiles para acelerar los esfuerzos realizados.

El virus del Zika ha supuesto una llamada de atención hacia la manera en la que abordamos el desarrollo y la salud en la época de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: si no nos tomamos en serio el cambio climático y el impacto que tiene la degradación medioambiental en los vectores de enfermedad, si no abordamos el problema de la desigualdad de género y si no mejoramos las condiciones de vida de quienes sufren la pobreza, la situación general de la salud pública será cada vez de mayor riesgo.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros

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