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La democracia la inventaron los animales

19/06/2015 21:31 CEST | Actualizado 19/06/2015 21:31 CEST
GTRESONLINE

George Orwell, socialista democrático, escribió Animal Farm (Rebelión en la granja, 1945) como metáfora de la dictadura estalinista en la que había degenerado la revolución rusa. En la narración los animales toman el control de su granja con el ánimo de instaurar una democracia, un experimento que termina en desastre. En su intención paródica, Orwell jamás habría sospechado que la idea de una democracia animal está más próxima a la realidad de la naturaleza que el concepto clásico de una sociedad tiránica y cruel. Según explica a El Huffington Post el ecólogo de la Universidad de Wageningen (Holanda) Herbert Prins, "ahora sabemos que habíamos partido del axioma equivocado, asumiendo implícitamente que los grupos animales solo podían funcionar con líderes".

Prins y otros estudiosos del comportamiento animal nos han revelado la sorprendente conclusión de que la democracia se inventó en la naturaleza. Tal vez en general los animales no elijan a sus mandatarios por sufragio, aunque también hay casos: el ejemplo más conocido de investidura se da en los chimpancés, donde el individuo dominante siempre es un macho, pero debe contar con la aprobación de las hembras; si ellas no están satisfechas con su liderazgo, pueden promover una moción de censura y sustituirlo por otro más apto.

Pero incluso en los casos en que la dominancia no se vota, esto no implica que las decisiones se tomen de forma despótica. En la década de 1990, y después de dos años estudiando las manadas de búfalos africanos en el Parque Nacional del Lago Manyara, en Tanzania, Prins cayó en la cuenta de un curioso detalle: cuando aquellas hembras se levantaban del suelo para luego volver a tenderse no lo hacían, como en un principio había interpretado, para estirar las patas. El ecólogo observó que aquellos comportamientos se repetían durante una hora, y que las hembras parecían mirar en una dirección concreta. De repente, toda la manada se levantaba y comenzaba a caminar en la misma dirección, "como conducida por un amo", escribía Prins en 1996 en su libro Ecology and Behaviour of the African Buffalo (Chapman & Hall). "Dan totalmente la impresión de que saben adónde van; aparentemente, el grupo ha tomado alguna decisión".

Prins comprobó que la manada de casi mil búfalos marchaba precisamente hacia donde antes las hembras habían mirado, con un error de solo tres grados de orientación, y documentó ampliamente esta conducta a la que denominó "comportamiento de voto". Si entre las hembras, las únicas que votaban, surgían dos opiniones distintas, la manada se dividía en sendas facciones para pasar la noche, en una especie de versión del bipartidismo a lo búfalo.

LOS CIERVOS NECESITAN MAYORÍA DE DOS TERCIOS

grupo ciervos

Los rebaños de ciervos solo se ponen en movimiento cuando el 62% se levanta del suelo

Los bóvidos africanos no son una rara excepción; numerosos estudios han mostrado que en muchas especies animales las decisiones no las toma un sátrapa, sino que son producto del consenso o de la mayoría. En 2003 los investigadores Larissa Conradt, hoy en el Instituto Max Planck de Desarrollo Humano (Alemania), y Timothy Roper, de la Universidad de Sussex (Reino Unido), reunieron varios casos en una revisión publicada en la revista Nature: los rebaños de ciervos solo se ponen en movimiento cuando el 62% de los individuos adultos se levanta del suelo, casi una mayoría de dos tercios. Lo mismo sucede con los gorilas, que se mueven si el 65% lo pide con sus llamadas. Cisnes cantores, babuinos y otros monos, elefantes, cucarachas, bandadas de aves, bancos de peces; todos ellos toman decisiones en grupo.

Un caso interesante es el de las abejas. El hecho de que exista una reina podría dar la impresión de que ella ordena y manda. Y sin embargo, si toda la colmena tiene la función de protegerla es porque la reina asume la función crítica de la reproducción. Pero cuando se trata de elegir el lugar donde anidarán los 10.000 insectos de un enjambre que busca nueva casa, es una decisión compleja que no se toma a la ligera y que requiere un debate parlamentario a la manera de las abejas.

Así es como lo hacen: en primer lugar, los exploradores vuelan en distintas direcciones y a varios kilómetros de distancia, para regresar a la colonia y anunciar sus descubrimientos mediante su danza, que revela la ubicación del enclave y su idoneidad. Al principio las abejas defienden más de una docena de propuestas distintas, pero acaban poniéndose de acuerdo en un emplazamiento definitivo. Según Thomas Seeley, director del estudio publicado en Science en 2011, es "un concurso de popularidad con una fiesta de baile". Cuando entre 50 y 100 abejas danzantes llegan a un acuerdo, el enjambre ya ha votado su proyecto de ley. Y entonces, los recalcitrantes que persisten en la defensa de otras opciones descartadas reciben un castigo en forma de cabezazo para que desistan de su veto a la decisión mayoritaria.

LA SUPERVIVENCIA DEL MÁS DEMOCRÁTICO

Pero ¿por qué todo esto? ¿Por qué no simplemente imponer el criterio del individuo alfa, como en la dictadura animal que, según Prins, siempre hemos imaginado? Para algunos investigadores, la respuesta está en la selección natural aplicada a los grupos, un enfoque del darwinismo que comenzó a estudiarse en las últimas décadas del siglo pasado. Es decir, que en lugar de hablarse solo de ejemplares más aptos, se contempla que ciertos grupos de animales poseen determinados rasgos que les ayudan a sobrevivir en comparación con otros. Según el biólogo evolutivo David Sloan Wilson, uno de los principales proponentes de esta idea, "el grupo que toma una buena decisión tendrá más éxito que el que toma una mala decisión".

Conradt y Roper atribuyen esta mejor preparación de algunos grupos a la decisión democrática; las opciones despóticas elegidas por un solo individuo pueden ser demasiado extremas y perjudicar al grupo, mientras que la democracia produce decisiones más moderadas que protegen el bien común. Curiosamente, esto recuerda a la política humana, en la que suelen primar los partidos que ofrecen opciones más alejadas de los extremos. Esta idea, conocida por politólogos y economistas como Teorema del Votante Mediano, explica por qué los partidos mayoritarios suelen tratar de pescar votos en el caladero del centro político, lo cual suele derivar en sistemas bipartidistas donde ambas opciones coinciden en muchas de sus propuestas.

En cuanto a la mayoría de dos tercios en los ciervos y en los gorilas, para Conradt y Roper se trata de decisiones importantes que pueden tener un alto coste y cuya adopción entraña un riesgo mayor que dejar las cosas como están. En estos casos, no basta con una mayoría absoluta del 51%. Y una vez más, los humanos hemos copiado este concepto sin saberlo: en ciertos países la aprobación de medidas de especial calado, como las reformas constitucionales, requieren el apoyo de dos tercios de las cámaras legislativas.

LA SABIDURÍA DE LAS MULTITUDES

Y por si alguien lo duda, ¿por qué las decisiones grupales, cuanto más moderadas, son más idóneas para el bien común? Prins lo resume en una idea: "La sabiduría de las multitudes". O tal como lo plantea Christian List, profesor de Ciencias Políticas y Filosofía de la London School of Economics, que ha elaborado extensamente la teoría de la democracia en animales, "la respuesta yace en la idea del aporte de información". "Las decisiones democráticas son beneficiosas para estos animales porque son buenas reuniendo la información que está dispersa entre muchos individuos". Según precisa List a El Huffington Post, este aporte comunitario extrae la información y reduce el ruido, siendo beneficioso incluso cuando existen diferencias de opinión; no solo porque se llegue a soluciones de compromiso aceptables para todos, sino por otra razón que explica con un ejemplo.

bufalos

Las hembras de los búfalos deciden hacia dónde debe ir la manada

Cuando un grupo animal dispone de una fuente modesta de alimento, abandonarla en busca de otra mejor es arriesgado, lo que requiere una mayoría amplia. Por el contrario, cuando puede haber un depredador cercano, integrar las señales de todos es importante: "Las decisiones falsas negativas (no moverse cuando hay un depredador) son más costosas que las falsas positivas (moverse aunque no lo haya)", escribía List en un comentario publicado en la revista Trends in Ecology & Evolution. "Aquí el voto submayoritario es óptimo: permitir que unas pocas señales alerten al grupo hace menos probables los falsos negativos".

De acuerdo al modelo de Conradt y Roper, solo hay un caso en el que un sistema despótico funcionaría, y únicamente en grupos pequeños: cuando el líder es tan experimentado en comparación con los demás miembros que su promedio de error es menor que el del resto. En otras palabras, el gobierno de los sabios; o como lo llamó Platón en La república, la sofocracia. Pero salvando excepciones, la democracia es evolutivamente ventajosa, y por este motivo surgió una y otra vez en la naturaleza, "incluyendo a los primeros ancestros de los humanos", apuntan los investigadores.

Así, para Prins, la democracia está "absolutamente" enraizada en nuestra evolución. Por su parte y como científico social, List opina que el retrato de la democracia humana es más matizable: "Sería un error dar una simple explicación evolutiva a formas complejas de organización social en humanos; la historia es demasiado compleja para eso". En todo caso, es innegable que la democracia ya estaba inventada antes de que los humanos modernos creyéramos haberla inventado. Y según Prins, deberíamos extraer una enseñanza de sus verdaderos inventores: "El despotismo solo funciona en cautividad. Los líderes hacen esclavos, pero los esclavos facultan a los líderes".

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