Ahora en serio, nos los estamos cargando: cada día son más lelos

El esfuerzo es un tabú; el éxito, un derecho; lo mismo que el móvil, las redes sociales o la promoción por imperativo legal.
Una fila de niños espera para entrar a su cole, en Granada. 
Una fila de niños espera para entrar a su cole, en Granada. 

Nos los estamos cargando, en serio. Cada día son más tontos, más lelos. ¿Os habéis dado cuenta? Visten igual. Las mismas zapatillas, los mismos tres cortes de pelo, las mismas chapas estilo segunda guerra mundial. Les habéis frito el cerebro. Quizá compense. A mí también me encanta tomarme una cerveza sin que me molesten, supongo que es el precio a pagar: YouTube como anestesia antes de los tres años.

No habría influencers sin influenciables. Quiero decir, sin en plan influenciables. Tú lo dices también, y eso que te creías intocable. En fin, imagino que nadie está a salvo de nada.

Tengo que explicar vocalizando, calculando los tiempos. En un señor 4º de ESO hasta llegué a poner una serie de carteles que avisaban a los alumnos de cuándo debían prestar total atención, eso sí, en bloques de no más de quince minutos, si no, se pierden. Pero no pasa nada, hay mil excusas: unos son hiperactivos, otros han vivido una separación, otros tienen problemas económicos, pero, realmente, sea cual sea la causa, nadie se entera de nada. Quizá es que no debería explicar: cositas con las manos, trabajitos, competencias. Lo que se lleva. Ya luego la vida les explicará un par de cosas.

“Hay mil excusas: unos son hiperactivos, otros han vivido una separación, otros tienen problemas económicos, pero, realmente, sea cual sea la causa, nadie se entera de nada”

Comienzas a recortar el nivel: el COU ahora es el equivalente a casi un 3º de grado. Pero, claro, eran otros tiempos, los de la barbarie, porque la memoria no vale (quizá es que sean mejores personas los amnésicos), el esfuerzo tampoco, recuerda, vale con soñarlo, ¡no dejes de soñar! El esfuerzo es un tabú, el éxito, un derecho; lo mismo que el móvil, las redes sociales o la promoción por imperativo legal. Los deberes no se llevan, en ninguna de sus acepciones.

Pero te pones malo y quieres un buen médico. Se te estropea el coche y lo quieres arreglado antes de que tengas que llevar a los críos a las extraescolares, esas que no te dejan hacer la digestión. No te gustan los profesores exigentes, los neonazis, pero Masterchef revienta los audímetros.

No conoces a tus hijos, y eso te jode y te pones a la defensiva, o ni siquiera eres consciente y es hasta peor. Te has criado en la calle, en la plazoleta, pero no en las redes sociales. No sabes lo que es un GIF o una historia, menos un reel. No me meto en TikTok, que me ha cogido mayor incluso a mí, que me creía el Peter Pan que evitaba la ancianidad a la par que sus alumnos. Les has mandado a una calle que no conoces, a una plazoleta en la que no te has criado. Pero, joder, lo entiendo, trabajas muchas horas, por poco dinero, ya te los educamos en los institutos, algo tendremos que hacer, ¿no?

“No conoces a tus hijos, y eso te jode y te pones a la defensiva, o ni siquiera eres consciente y es hasta peor. Te has criado en la calle, pero no en las redes sociales. No sabes lo que es un GIF o una historia, menos un reel”

Quizá olvidas que la decisión fue tuya, fue vuestra. Que trabajabais los dos, que no había abuelos, que quizá no te daban esa ayuda o ese colegio. No pasa nada (sí pasa). Yo lo haré lo mejor que pueda (igual que estás haciendo tú) los años que pasen por mis manos. El resto de la vida serán tuyos. La burbuja solo dura hasta 4º de ESO, luego el sistema educativo os mira desde la ventana con un barreño de agua y una toalla, como en su día hizo el quinto prefecto de la provincia romana de Judea.

No le pidas responsabilidades al sistema. Imagino que nadie quiere hacerse responsable de lo suyo.