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09/02/2021 18:13 CET | Actualizado 09/02/2021 18:13 CET

Alzar la vista más allá de nuestros privilegios

Menon lo tiene claro: el activismo político feminista debe siempre ser sensible al contexto en el que se ubica.

María LaMuy

En 2012 se publicaba en inglés el libro Seeing like a feminist de la influyente pensadora feminista india Nivedita Menon, que es ahora traducido por Consonni como Ver como feminista. Es importante señalar esta distancia temporal porque esos ocho años de diferencia han marcado grandes cambios desde los que Menon apunta, en un estado muy inicial, en este libro. 

La obra está dividida en 6 capítulos que aglutinan una serie de temáticas clave e interrelacionadas, con un texto repleto de referencias bibliográficas y un lenguaje claro y conciso. A partir de conceptos generales (familia, cuerpo, deseo, violencia sexual…) la autora profundiza en temas más concretos que atañen a cada uno de estos, como son las políticas coloniales, la justicia patriarcal, el matrimonio, el acoso sexual en el trabajo y en las universidades, los vientres de alquiler, el aborto (en concreto el aborto selectivo de fetos femeninos), o las acciones feministas que han transformado el panorama en India. 

La autora plantea, desde el principio, el tono de todo el libro cuando afirma que “el feminismo no va de varones y mujeres individuales, sino de entender los modos en que “varones” y “mujeres” se producen e insertan en patriarcados que cambian de forma en cada época y cada lugar”. Así, Ver como feminista tiene como punto de partida el análisis con perspectiva interseccional desde un lugar concreto, La India, pero con alusiones a movimientos feministas en todo el mundo. 

Uno de los puntos más interesantes en el libro es su constante disección del concepto “familia”, afirmando en uno de los capítulos que “la familia tal como existe hoy es el núcleo que sostiene el orden social”. Este orden social “reconoce, con acierto, que el deseo no heterosexual y el desafío de las expectativas de apariencia “adecuada” a un género son, de hecho, señales de una negativa a participar en el negocio de reproducir la sociedad con todas sus identidades existentes intactas”. Menon es clara: para ella “la familia como institución se basa en la desigualdad. Su función es perpetuar formas específicas de la propiedad privada y el linaje: formas patrilineales de propiedad y descendencia, en las que la propiedad y el “apellido” de la familia fluyen de los padres a los hijos varones”. Quizá sea este uno de los puntos más interesantes de todo el libro, utilizando una perspectiva materialista de análisis de cómo las construcciones sociales, especialmente la familia, han estructurado nuestro comportamiento social. 

Menon lo tiene claro: el activismo político feminista debe siempre ser sensible al contexto en el que se ubica, qué será específico y único tanto en términos de época como de localización geográfica.

Menon se aleja de retóricas confusas y elitistas para elaborar un texto claro que, de manera constante, alude a ejemplos reales, desde acciones universitarias para denunciar el acoso sexual hasta códigos sexistas de vestimenta deportiva o sentencias de reclamación de manutención ante un divorcio. La autora sí se detiene especialmente en detallar las evoluciones legislativas en India respecto a cuestiones que atañen al feminismo y lo hace sin dejar de poner sobre la mesa la importancia de una mirada interseccional, sobre todo cuando se habla de un país donde la desigualdad de género está fuertemente atravesada por la división de castas, la diversidad religiosa y las grandes diferencias entre regiones. 

La lectura de Ver como feminista es incómoda, no se lo niego. A menudo cuestiona el lugar desde el que leemos y nos pone ante la disyuntiva de tomar posición en situaciones que no habríamos pensado; por ejemplo, Menon cuenta el problema de las cuotas de mujeres en el Parlamento de India. El reclamo de un 33% de esos puestos para mujeres ha sido fuertemente contestado por activistas de castas más bajas: “Las luchas democráticas de la década de 1980 transformaron al Parlamento; un órgano que solía estar compuesto en su mayoría por personas de las clases y las castas superiores educadas en inglés se convirtió en un cuerpo legislativo un poco más representativo de la masa poblacional de la India en términos de clase, casta y nivel educativo. Hoy sería muy probable que la transformación inmediata de un tercio de los escaños en puestos reservados para mujeres diera acceso sobre todo a aquellas mujeres que ya tienen el capital cultural y político para presentarse a elecciones y, en una sociedad tan extremadamente desigual como la India, estas mujeres no pueden sino ser parte de la élite”. 

Menon lo tiene claro: el activismo político feminista debe siempre ser sensible al contexto en el que se ubica, qué será específico y único tanto en términos de época como de localización geográfica. 

Ver como feminista es un libro necesario para comprender que nuestra mirada siempre está condicionada por aquel lugar donde nos socializamos, donde crecemos y nos educamos. Así, la autora termina con un final abierto a la esperanza y planteando, más que respuestas, muchas preguntas y abriendo nuevos debates: “El feminismo no va de un momento de triunfo final coma sino de una transformación gradual del campo social tan decisivas que las antiguas demarcaciones cambien para siempre”. De ahí la importancia temporal con que daba comienzo este texto. En ocho años el feminismo se ha situado como la fuerza transformadora y democrática más sólida del mundo. Miremos como feministas y leamos más allá de nuestro espacio de confort. 

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