"Comedia sin título": rage against the Hamlet machine

La obra inacabada de Lorca se ha estrenado en el Centro Dramático Nacional. El nombre de los dos encargados de la adaptación significa polémica teatral.
Una escena de 'Comedia sin título', estrenada en el Centro Dramático Nacional.
CDN / Luz Soria
Una escena de 'Comedia sin título', estrenada en el Centro Dramático Nacional.

Comedia sin título, la obra inacabada de Federico García Lorca se ha estrenado en el Centro Dramático Nacional. Esta vez, el completarla y el montarla se le ha encargado a dos polémicos profesionales de teatro. Al dramaturgo José Manuel Mora, habitual de los espectáculos de Carlota Ferrer, y a Marta Pazos, una señora de Pontevedra, según la describió Javier Marías en un polémico artículo en El País.

Ambos nombres significan, por tanto, polémica teatral. Habitualmente entre los que defienden el teatro como literatura inamovible, ajustada a lo que se ha convertido en academia, y los que defienden un teatro basado en la puesta en escena.

Los primeros, olvidan que una buena obra de teatro no tiene por qué basarse en un buen texto literario, aunque siempre debe ser un buen texto teatral. Los segundos, no van a permitir que un texto, independientemente de su calidad literaria o teatral, les arruine una buena imagen o acción potente en la escena.

Así que, con las armas en alto, ambos bandos se preparaban para recibir esta Comedia sin título pertrechados hasta los dientes. ¿Qué se han encontrado uno y otro bando en esta producción? Muchos argumentos para mantener sus posiciones. Mantenella y no enmendalla.

Los primeros, seguramente echarán de menos la versión que hizo Lluis Pasqual en 1989, que también dirigió, en el Teatro María Guerrero. Versión que contó con Gil de Biedma para traducir fragmentos de Sueño de una noche de verano de Shakespeare que se usan en la obra.

Claro ejemplo de lo que entonces era aquel Centro Dramático, al que se le acusaba de primar la imagen a la palabra por sus impactantes puestas en escena. Y la de esta obra lo era, llena no solo de imágenes, sino de estrellas televisivas y cinematográficas (Imanol Arias, Marisa Paredes y Juan Echanove, entre otros).

Posiblemente también echarán de menos la segunda vez que Lluis Pasqual la subió a escena en 2019 en el Teatro Español. Entre otras cosas porque el texto fue versionado y acabado por el dramaturgo y poeta Alberto Conejero. Al que seguramente se le encargó por su cercanía literaria con la tradición lorquiana y porque había hecho un trabajo excelente con Don Perlimplin, también de Lorca, para Dario Facal.

Los segundos se han llenado de argumentos viendo el resultado final del montaje del Teatro María Guerrero. Un espectáculo de luz y color. Mucho, mucho color. Donde la palabra de Lorca, la poca existente de la obra, ese discurso tan repetido y que parece no cansar ni a los profesionales ni a los amantes del teatro, sobre la función que tiene este, deja paso a la imaginACCión.

Otra escena de 'Comedia sin título', estrenada en el Centro Dramático Nacional.
CDN / Luz Soria
Otra escena de 'Comedia sin título', estrenada en el Centro Dramático Nacional.

Sí, imaginACCión, porque la obra está llena de impactantes imágenes en acción, fundamentalmente, danza contemporánea. Con las mejores referencias, como ese número que parece sacado de Vaca de Alberto Velasco, o la intervención de este mismo actor en la premiada Los Nadadores Nocturnos de Mora-Carlota Ferrer.

Y hay muchos momentos inolvidables en este montaje. Como la aparición de Lorca en escena. O como cuando el poeta ofrece un concierto de piano. Un momento bello, no, lo siguiente. En otro nivel basado en los juegos de proporciones y movimientos y en la música que lo acompaña. O como el finale del segundo movimiento, que no segundo acto. Denominación que da una pista acerca de qué va esta propuesta.

La pista de que esta obra está pensada más como una sinfonía musical antes que como una obra teatral al uso. Una obra que se mueve en un plano alto de abstracción, como ocurre con la poesía, la buena. Donde tratar de dar o buscar una explicación es, simplemente, una frustración. La frustración de los académicos o los academicistas, que se han pasado años para crear lo que ahora son respuestas rápidas y explicativas que da cualquiera que los haya leído, pero que no pueden superar la lectura directa de un poema que no se acaba de comprender o entender.

En esta nueva producción de Comedia sin título no queda tan claro como en los montajes citados lo que detona todas esas acciones. Que no es otra cosa que la revolución. La calle y la plaza del pueblo, delante del teatro ha sido tomada por la revolución. La gente muere por las balas perdidas. El orden y su forma represiva de actuar, trata de aplacar la revolución a la fuerza. Una revolución que también quiere imponer un orden, no se olvide.

Debido a dicha revolución los espectadores no pueden salir a la calle, a no ser que quieran exponerse al riesgo de morir. Por eso se quedan en el teatro y aguantan allí lo que haya que aguantar. Un teatro al que piden realidad. Pero ¿qué es eso de la realidad si en el teatro todo es mentira?

Y ¿qué debería ofrecer el teatro frente a esa fea realidad de muerte y destrucción que se queda fuera cuando uno entra en el teatro? ¿Comedia o tragedia? La respuesta de Marta Pazos es clara. Frente a la fea realidad, el teatro debería ofrecer belleza y justicia poética, sea lo que sea que eso signifique. Para ello se debería acabar con las convenciones. Pues si todo cambia fuera, el teatro no puede permanecer en sus convenciones.

Otro instante de 'Comedia sin título', estrenada en el Centro Dramático Nacional.
CDN / Luz Soria
Otro instante de 'Comedia sin título', estrenada en el Centro Dramático Nacional.

Convenciones contra las que se revelaba el poeta. ¿Qué es eso de que Sueño de una noche de verano de Shakespeare es una comedia? ¿Nadie ve que es una tragedia que no se tenga capacidad de decidir de quién te enamoras? ¿Qué es eso de que el amor sea puro azar?

Preguntas airadas. Tal vez esté ahí la clave. La de la ira de la obra con la que estos jóvenes dramaturgos y profesionales del teatro tratan la visión que se ha dado de los clásicos. Jóvenes, que hace mucho que dejaron de serlo, pero que siguen siéndolo para todos esos popes, grandes autores, que se han aposentado y les han aposentado en sus tribunas. Ellos que triunfaron por desmarcarse y airarse contra el statu quo y crear desde su ira, desde su revolución, que ahora se han convertido en un orden establecido imponiéndose a la fuerza, normalmente del mercado.

Una ira que se vislumbra en el discurso del autor, el personaje real y el ficticio de esta comedia. Hay que acabar, airarse, con la máquina que ha convertido a Shakespeare y, en concreto, su Hamlet en la vara de medir. ¿Por qué cuando un poeta o la poesía es un gold standard? ¿Cuándo entró en el museo de pesos y medidas parisino? ¿Desde cuándo no sirve para leer y entender el momento en el que se representa?

De ahí surge el descoloque que ofrecen Mora y Pazos. Y, también, todo el joven elenco, que están bien en lo que hacen, aunque atrapan más que por su técnica, por su entusiasmo por su entrega y compromiso en escena. Donde el exceso, la abundancia de referencias, buscan la sutileza de un apunte. El que permite apreciar en el ruido y la furia del teatro el Preludio de la siesta de un fauno de Debussy. Para lo que hay que estar atentos, muy atentos, como lo están los jóvenes espectadores no tan jóvenes que están tomando también las butacas del teatro.