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10/11/2019 08:21 CET | Actualizado 10/11/2019 08:21 CET

El teatro en Madrid se programa para divertirse

Obras que mantienen la afición y crean nuevos públicos.

Como ya se ha dicho otras veces en este blog, el teatro en Madrid le pide al espectador divertirse, en el sentido de desviarse. Alejarse de lo trillado para ver obras que hacen falso el dicho de que “la curiosidad mató al gato”. Más bien todo lo contrario. Lo avivan, mantienen la afición y crean nuevos públicos.

.Gruyère de Los Absurdos.

Gruyère de Los Absurdos en el Teatro Lara. Para aquellos que quieren alejarse de la Gran Vía pero poco, esta inteligente comedia es una muy buena opción. En ella el teatro clásico, por sus partes en verso, se encuentra con el Nobel Dario Fo vitriólico y amable de sus comedias sociales y con las comedias locas del inicio de los Hermanos Coen (en concreto con Arizona Baby). Historia de una pareja atropellada por la crisis que frente a la pobreza absoluta pretenden jugar al robo y al pillaje. Gente corriente y moliente, como lo serán sus espectadores, lo que da lugar al malentendido, al vodevil, a la farsa en un mundo en el que se manejan mal o torpemente. Lo que tiene mucha gracia, una gracia basada en el cariño por sus personajes protagonistas. En definitiva, una obra bien escrita por Alfonso Mendiguchía que, sin estridencias, con amabilidad e inteligencia, habla de lo que pasa y de lo que nos pasa. Que como nos pasa de todo, no nos pasa nada, tan nada como los agujeros vacíos de un queso Gruyere.

Hacer el amor de Juan Ollero.

Hacer el amor de Juan Ollero en la Sala Cuarta Pared. Obra recientemente estrenada que tiene una excelente puesta en escena. La que le permiten sus dos extraordinarios actores, Franceso Carril y Angela Boix, que están de premio. Dos actores que con muy pocos elementos escenográficos, pero con todos sus recursos actorales, son capaces de llenar el mítico y gran espacio de la Cuarta Pared con la poesía, la alegría y el dolor de amarse, de hacerse el amor. Una obra exigente, también, para el espectador pues tiene como referencia Saraband de Bergman y su despojamiento. Obra en los que una mirada, una actitud en escena dicen tanto y llaman en el espectador, en apenas una intensa hora, a lo más hondo y a la lágrima. A pesar de que se sabe, y el texto y los actores señalan, que aquello es una ficción, pues el amor está lleno de momentos que no se pueden planificar. Tampoco repetir, reproducir mecánicamente. Se quiere y punto. Y además, se quiere contradictoriamente, disonantemente. Entonces, ¿cómo se puede representar? ¿Cómo se puede hacer del amor una representación? Convirtiéndolo en una experiencia única, la de sus protagonistas. Una experiencia muy reconocible de la que salir marcado. 

La excepción y la regla de Bertold Bretch.

La excepción y la regla de Bertold Bretch en Teatro del Barrio. Esta producción destaca por haber sabido cogerle el aire a ese aspecto didáctico a las que aspiraba el autor de la obra. Un didactismo directo que no da la brasa, ni lo pretende, pues este montaje está hecho para interesar al público con una historia capitalista a pleno rendimiento, llena de ambición, miedo y oportunidad. Sin embargo, le pide a su espectador extrañeza frente a lo que le presentan con sencillez y total normalidad. Historia de una businesswoman capaz de agotar a su guía y a su porteador con tal de obtener los beneficios de ser la primera en dar noticia y asignarse un territorio rico en petróleo. Cuyo mayor reclamo, sobre todo para los serielovers, es la participación de Alba Flores que tiene un momento estelar como juez (y parte). Papel que defiende con la intuición de la familia Flores y el saber adquirido en la escuela Juan Carlos Corazza. Montaje en el que destaca el trabajo físico de los actores. Casi una coreografía, que le da cierto aspecto de historieta, de pequeño cuento japonés o comic de línea clara. Aspecto con la que es consecuente la voz y la presencia de los actores en escena. A la que acompaña una música y un espacio sonoro interesantes, extraños e intrigantes creados por Clara Brea.

Lorca en Nueva York de Alberto San Juan y la Banda Obrera en el Teatro del Barrio. Esta obra muestra lo que ya se sabe: Lorca es inagotable. Esta vez Alberto San Juan, en ese empeño suyo de teatro documental y de que todo está en los libros, coge la conferencia que el poeta dio en la Residencia de Señoritas sobre su larga estancia en Nueva York. Le quita el acento andaluz al poeta, y con esa forma particular suya de interpretar, la forma chulesca de los tímidos que se echan para adelante, lo convierte en un atípico crooner. Un dandi de aspecto algo descuidado. Sensación que se acrecienta por esa manera de decir el verso mientras le acompaña la Banda Obrera con una música típicamente americana entre el jazz, el blues y el country. Una música que remite a cantautores norteamericanos como el canadiense Leonard Cohen. Un recital que antes que intenso pretende tener el lirismo de una clásica película en blanco y negro o de la poesía beat. Y mostrar que Lorca es tan universal que, con estos poemas, podría pasar por ser un poeta perfectamente americano. Un poeta de rascacielos cada vez más altos e inhumanos, y llanuras infinitas, donde corre el dinero y los negros bailan y cantan para exorcizar el traje y la vida de blancos que les han hecho.

Mauthausen, la voz de mi abuelo de Pilar G. Almansa.

Mauthausen, la voz de mi abuelo de Pilar G. Almansa en Nave 73. Esta obra, que lleva dos temporadas en la misma sala, es la recuperación de la voz de un español al que el azar le situó en bando republicano de la Guerra Civil española. Azar que lo convirtió en un exiliado y, posteriormente, en un interno de uno de los campos de concentración más terribles. Un español que recurre a la tradición de la picaresca española para sobrevivir a todas esas terribles situaciones y al humor para contarlas y sobrevivirlas. Experiencias de las que destila una sabiduría llena de sentido común que su nieta, Inma González, actriz que protagoniza con mucho más que oficio esta obra, recupera en escena gracias a la dramaturgia y dirección de Pilar G. Almansa. Historia emocionante y emotiva que, entre alguna sonrisa, produce ese tipo de silencio en la sala que se corta. Y que también provoca el entusiasmado aplauso final de la platea de un teatro que por estar en el off suele estar llena de gente más joven de la habitual y que esta vez también es ocupada por el público más mayor que se suele ver en los centros dramáticos nacionales.

 

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