'Macbeth' o ¿por qué Denzel Washington está nominado al Oscar como mejor actor?

'Macbeth' o ¿por qué Denzel Washington está nominado al Oscar como mejor actor?

No parece que sea un actor con herramientas para hacer Shakespeare.

Macbeth.APPLE TV

Es un clásico que la industria del cine recurra al teatro en busca de historias. En este sentido, las obras de Shakespeare se llevan la palma. La última en llegar ha sido La tragedia de Macbeth (Macbeth “para los amigos”). Lo hace de la mano de Joel Cohen, que la ha versionado y guionizado, y de Frances McDormand y Denzel Washington, que la protagonizan.

Por si no fuera bastante, la produce Apple TV, que está en busca y captura de un éxito que por un lado le de prestigio y por otro le proporcione suscriptores frente al resto de plataformas. Como ya han tenido Netflix o HBOmax, cuyas películas han pasado, no sin polémicas, por los festivales más importantes y han recibido premios muy prestigiosos.

¿Ha conseguido el objetivo Apple TV? Parece que lo del prestigio, no. Pues esta película solo ha obtenido dos nominaciones a los Premios Oscar que se entregarán en la madrugada del domingo 27 al lunes 28.

Y las nominaciones han ido a… la mejor fotografía y la de mejor actor principal. La primera merecidísima. La segunda plantea dudas, muchas dudas, a pesar de que cuando comenzó su carrera comercial y de premios la Asociación de Críticos de Toronto, ya le dieron a Denzel Washington el premio al mejor actor.

En un principio, podría pensarse que estas dudas están condicionadas por un prejuicio. El de que Macbeth, normalmente interpretado por actores blancos, sea interpretado por un actor negro. Y la tentación de caer en la cultura de la autocancelación, se vuelve muy fuerte. Una tentación que desaparece cuando recuerda que otro prestigioso actor, este español, como Carlos Hipólito, tampoco le gustó en el último Macbeth que se montó en el Centro Dramático Nacional.

  Macbeth.APPLE TV

Hay que reconocer que Denzel Washington es una celebridad, una estrella de Hollywood. Un hombre guapo y carismático al que quiere la cámara. Solo tiene que mirarla y sonreír para que la platea, independientemente de su edad, raza, tendencia política u orientación sexual, se quede enganchada. Sí, es de ese tipo de actores.

A lo que se añade que habitualmente, sobre todo en sus últimas películas, típicos blockbusters, representa a ese tipo de aspecto y vida normales al que le ocurren cosas fuera de lo normal. Circunstancias que le exigen un comportamiento ejemplar con el que conseguirá el esperado happy ending. Papeles que le han convertido en un modelo al que parecerse. El hombre que tener a tu lado, como amigo o compañero, o el hombre que ser. Lo que aumenta la empatía de los espectadores con el actor, que es visto como uno de los nuestros.

Y no, no es un mal actor. De hecho, su interpretación es, muchas veces, la única razón para ver una película. Y lo único por lo que algunas películas atraen a la crítica especializada y aparecen en las listas de premios. Sin embargo, no es el caso de La tragedia de Macbeth.

Sus formas de interpretar, más basadas en la acción, en la fisicidad, en el cuerpo, le alejan de Macbeth. Un personaje que mantiene la máscara de la respetabilidad y la nobleza. Mientras en su interior le consume una ambición desmedida, sangrienta y sin sentido por ocupar el trono y, con el mismo, cualquier poder.

Sin sentido, pues es un poder que desaparecerá y acabará cuando el muera. Ya que su matrimonio es estéril, no tiene hijos ni parece que los puedan tener. Macbeth, como Hamlet, duda entre ser y no ser quien quiere ser o ser lo que es.

En esta película, él no es capaz de mostrar este tipo de emociones y pensamientos que corroen al personaje. Ni si quiera es capaz de encontrar la manera de trasladarlas al lenguaje corporal del actor. Transformar los versos del bardo en una voz y en acciones que muestren las preocupaciones del personaje.

No es capaz de mostrar este tipo de emociones y pensamientos que corroen al personaje

Al contrario, recurre a los modos y maneras que normalmente usa en las películas de acción que protagoniza. Lo que contrasta con las formas y maneras del resto del elenco. Sobre todo, con los secundarios o de reparto, estos sí merecedores de una nominación, por hacerse presentes y mantenerse en la memoria del espectador a pesar de los pocos minutos que están en pantalla.

El mejor ejemplo lo ofrece la penúltima secuencia de la película. Esa escena en la que Macbeth lucha con MacDuff, su antagonista, a muerte. En la que Denzel Washington actúa como en los thrillers en los que triunfa. Como si estuviera luchando con los malos. No se da cuenta que el malo es su personaje y que está en una película con pretensiones artísticas en la que, tal y como está planteada, no encajan las formas que usa en las películas de acción.

No, no parece que sea un actor con herramientas para hacer Shakespeare. O al menos este Shakespeare, por muchas nominaciones o premios que reciba. Por cierto, como suele ser habitual cuando una estrella se presta a hacer una película con una fuerte coartada cultural. Como si le dieran un premio por asumir un riesgo artístico.

En el aire queda la duda de si tanto Apple TV como Joel Cohen le han dejado hacer con tal de tenerlo en el elenco. Incluso a cambio de que el actor, por interpretar un papel de prestigio en una producción también de prestigio, haya rebajado su caché. Como hacían las grandes estrellas de Hollywood cuando querían trabajar con Woody Allen.

El dato de si han conseguido muchas más suscripciones gracias a esto no está disponible. Pero desde luego el único cine que la proyectaba en Madrid, y, a pesar del revuelo mediático producido en las páginas o secciones culturales de los periódicos, estaba vacío un viernes por la noche, y tampoco salía mucha gente de la sesión de tarde anterior.

Es cierto que se proyectaba en unos multicines de centro comercial y periférico de la capital. Un establecimiento en el que se suele proyectar un tipo de cine más comercial y familiar, y en versión doblada. Al que no suelen ir los aficionados a las películas más artísticas o culturetas, que también tienen sus costumbres y sus lugares cinematográficos de referencia.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.