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09/07/2020 11:13 CEST | Actualizado 09/07/2020 11:13 CEST

Periodismo teórico

Entrevista con Jesse Owen Hearns-Branaman, teórico del periodismo y de los medios de comunicación.

VectorMine via Getty Images

No se sorprenderán si les digo que las facultades de comunicación enseñan teoría y que la profesión periodística tiene que ver fundamentalmente con la práctica. Dicho de otro modo: todo se aprende trabajando y la facultad no serviría de mucho. En realidad, creo que esa perspectiva es un tópico bastante dañino y defiendo más bien lo contrario: la práctica es la que no te enseña casi nada sobre la interpretación de la realidad política, económica o social que vas a contar con supuesta objetividad e imparcialidad. Los marcos teóricos que no aprendas en la universidad no vas a aprenderlos en la redacción. 

Distinto es que haya malos profesores en el grado de Periodismo, que se enseñen teorías poco elaboradas o que se expliquen buenas teorías de un modo inadecuado e insuficiente.

He entrevistado al profesor de periodismo Jesse Owen Hearns-Branaman para hablar sobre lo que debería saber un periodista desde un punto de vista teórico. No se preocupen ahora por la parte práctica, que ya llegará:

 

ANDRÉS LOMEÑA: Tengo la impresión de que el periodismo se ha teorizado muy poco. Afortunadamente, mi idea se va al traste con los cuatro marcos epistemológicos que usted propone para analizar los medios de comunicación: el realismo, el pragmatismo, el antirrealismo y el hiperrealismo. ¿Podría explicar estos cuatro modos?

JESSE OWEN: Tuve una discusión en Twitter sobre esto hace tan solo unas semanas y era el único que defendía que el periodismo está “sobreteorizado”. Los estudios de periodismo son un híbrido entre los estudios de medios, los estudios de comunicación, los estudios sociales, la literatura, la economía política y muchos otros campos, y dado que utiliza métodos cuantitativos y cualitativos, los teóricos del periodismo pueden postular sus teorías a partir de una gran variedad de fuentes. Sin embargo, algunas cuestiones como la objetividad siguen infrateorizadas, lo cual supuso una inspiración para mi libro El periodismo y la filosofía de la verdad. Volví a las fuentes primarias y comprobé qué teorías se estaban usando de forma explícita o implícita y propuse cuatro marcos teóricos.

El realismo y el pragmatismo son dos teorías normativas que reflejan casi la misma discusión teórica que las ciencias duras. El realismo consiste en que deberíamos creer en la exposición de la realidad objetiva como consecuencia de experimentos que persiguen un método objetivo. Si lo aplicamos al periodismo, esto se traduce en que el resultado será objetivo mientras los periodistas usen esos métodos objetivos al escribir sus noticias. Si no es objetivo, entonces los periodistas no hicieron bien su trabajo. El pragmatismo, en cambio, viene de la tradición del “mercado de las ideas”: lo que deberíamos tener es una amplia variedad de opiniones que compiten abiertamente. Por ejemplo, el New York Times cree que deberíamos oír hablar del senador Tom Cotton, que pide la intervención del ejército en las protestas contra la brutalidad policial, y al exponer esa idea conseguimos que las personas se alineen a favor o en contra de la misma. Incluso deberían fomentarse puntos de vista que rechacen ese tipo de opiniones.

Tenemos que observar cómo influyen los medios, no solamente a través del lenguaje o la política, sino por su propia naturaleza mediática.

En última instancia, defiendo que esas posiciones son incompatibles (“No se puede llegar a un equilibrio en la verdad”, como dijo mi entrevistado Chuck Todd), pero los periodistas las necesitan y las intercambian como autodefensa. Siguiendo el ejemplo de Tom Cotton, criticaron al New York Times por no verificar los hechos al publicarle en su página de opinión; la defensa del periódico fue que ellos solo dieron voz a una opinión, y que como también publican otras opiniones, estaban siendo “equilibrados”, o al menos estaban ofreciendo varias perspectivas. No hay una solución epistemológica para este conflicto. El editor de esa sección fue despedido por motivos políticos (debido al contexto específico del momento y a las reacciones negativas que se produjeron), no porque hiciera su trabajo de forma inadecuada. El New York Times publica habitualmente opiniones belicistas o a favor del excepcionalismo estadounidense, como mucha gente resaltó en los medios sociales, así que la columna de Cotton no era algo tan anómalo.

El antirrealismo es, hasta cierto punto, la misma teoría normativa en el periodismo que en las ciencias sociales y la lingüística. Básicamente, el lenguaje no reflejaría la realidad y es arbitrario, así que no resulta útil comparar las representaciones que se dan en el periodismo o el cine con la realidad porque no las describe adecuadamente y resulta del todo insuficiente. Por ejemplo, los académicos no deberían definir con exactitud la palabra terrorismo y luego criticar a los periodistas por usarla con un sentido que no comparten. En lugar de eso, deberíamos ver cómo la usan los periodistas y por qué lo hacen en determinadas situaciones (por ejemplo, dos grupos usan tácticas similares, pero solamente uno aparece citado como terrorista).

La teoría que presento sobre el hiperrealismo está sacada de Baudrillard y se ha usado en los estudios de medios, pero no tanto en el ámbito específico del periodismo. Desde la epistemología hiperrealista, que no es normativa ni prescriptiva, creo que se puede radicalizar el antirrealismo. Por ejemplo, la palabra terrorismo se usa para dar signos de realidad a través de los códigos usados en los medios. No debemos criticar a los medios de comunicación por no representar la realidad; habría que mirar cómo la expresión terrorista ha llegado a ser un “significante vacío”, aunque sea uno con mucho poder. Quienes publican titulares y producen programas de televisión saben que si usan terrorismo, atraerán a más audiencia, por lo que enmarcan sus noticias así por motivos económicos, para tener más clicks o cuota de pantalla. Los políticos que quieren criticar a otros saben que si usan terrorismo para etiquetar ciertos acontecimientos, como las manifestaciones, los medios se fijarán en ese marco de sentido y crearán su propia realidad. La audiencia asociará las protestas con el terrorismo, lo que hará más difícil apoyarlas por la misma razón que no apoyamos el terrorismo. Tenemos que observar cómo influyen los medios, no solamente a través del lenguaje o la política, sino por su propia naturaleza mediática.

A.L.: ¿Qué le diría que estudie a un estudiante de periodismo en 2020?

J.O.: Le aconsejaría que lea tanta variedad como le sea posible. Al principio, yo solo leía a Baudrillard y a Chomsky, pero a menos que entiendas los fundamentos de las teorías periodísticas, será muy difícil aplicarlas con éxito. Por ejemplo, cuando leía a Gaye Tuchman y su crítica a la objetividad del periodismo de los años setenta, o “codificar y descodificar” de Stuart Hall, vi conexiones entre ellos y Baudrillard que otros, hasta donde sé, no investigaron. Necesitas cierta comprensión de las teorías, ya sean normativas o radicales. Si no te familiarizas con ambas, no podrás entender bien a los teóricos de una u otra. Eso es justo lo que revolucionó los estudios culturales y los estudios de periodismo en los años setenta, la introducción de teorías francesas radicales (Foucault y Barthes, sobre todo) que luego se integraron a las teorías más populares. 

Se gasta demasiado tiempo en el presente, especialmente cuando las cosas están cambiando muy rápido a causa de tecnologías disruptivas y de los medios sociales. Al mismo tiempo, alguien hace un estudio sobre cómo los periodistas usan los medios sociales o el Big Data y se convierte en una explicación histórica de lo que estaba ocurriendo hace unos años. Esto no significa que su validez haya caducado, solo que tenemos que centrarnos más en exponer las estructuras del periodismo y no distraernos demasiado por las modas. Tenemos que atender a las novedades, claro, pero como parte de la estructura político-económica que la tecnología cambia o subvierte.

A.L.: Los criterios de noticiabilidad de la prensa no me parecen suficientemente fundamentados y no sé si la crisis del periodismo se debe en parte a esa manera de proceder cada vez más mercantilizada y menos exigente con los valores de la prensa. ¿Qué opina usted? 

J.O.: Los criterios de noticiabilidad son un buen ejemplo de algo que los profesionales de los medios, los periodistas, los relaciones públicas y las audiencias han interiorizado por igual. Los relaciones públicas puede que hasta lo usen de forma más explícita que los periodistas para convencer a sus clientes de su estrategia. Esos criterios funcionan razonablemente bien sin que tengan una gran carga teórica, así que tendríamos que preguntarnos qué ganamos si le aplicáramos algo tan denso como el idealismo trascendental kantiano. Además, los criterios de noticiabilidad dependen de las diferentes culturas y de los sistemas de medios, por lo que no creo que funcione una teoría universal.

No sé si podemos vincular la crisis financiera del periodismo a la crisis epistemológica de los medios porque tienen diferentes causas. Incluso Trump en la Casa Blanca y su desprecio por periodistas, entrevistadores y científicos viene de un sentimiento antiintelectual y antielitista más profundo, algo que se aprende de Fox News y de ciertos programas de radio conservadores. La falta de confianza en los medios y los políticos hipócritas no son nada nuevo, aunque la crisis de financiación del periodismo sí que lo es.

Me gustan los planes para un periodismo financiado públicamente, pero solo funciona en el plano teórico.

Uno de los primeros trabajos que tuve fue vender periódicos cuando tenía doce años en un pequeño municipio de Canadá. Parte del trabajo era recoger el dinero de la suscripción de mis clientes, que era de unos dos o tres dólares por semana. En la actualidad, resulta muy difícil convencer a la gente para que pague esa cantidad al mes o al año para empresas de medios como el Guardian, que tiene mucho más contenido que un periódico local. Esto tiene que ver con las empresas que no se adaptaron al reino digital lo suficientemente rápido, ya que pusieron todas sus noticias de forma gratuita en Internet hace veinte o veinticinco años y nos hemos acostumbrado a la gratuidad. Han empleado los últimos diez o quince años en intentar rentabilizar el soporte digital, con un éxito que varía de un medio a otro. Lo mismo ocurrió con Napster y el mp3 por aquella época. Apple lo hizo bien con iTunes, pero el periodismo aún no ha dado con su propio iTunes o Spotify.

Queda muy bien decir que las noticias son un bien público y me gustan los planes para un periodismo financiado públicamente, pero solo funciona en el plano teórico. Reino Unido reducirá la financiación de la BBC y Trump ha hecho lo mismo para limitar el servicio público de radiodifusión en Estados Unidos. No estoy seguro de cuál es la situación en los diferentes países europeos. En Estados Unidos y Reino Unido, creo que se produciría una dura batalla en contra de ese periodismo entendido como bien público y se desataría una gran oposición desde los medios de la derecha y sus audiencias. Las personas lo politizarán todo, y contener esa polarización será difícil por culpa del sentimiento antiintelectual que mencioné antes.

A.L.: Creo que vive en Hong Kong. ¿Siente que es un lugar privilegiado para comprender los medios?

J.O.: Vivo y trabajo en Zhuhai, que está en la provincia de Cantón, cerca de Hong Kong. Mi universidad es muy internacional, aunque tiene una fuerte influencia del continente chino y de Hong Kong. Resulta interesante tan solo por este entorno y por la distancia y la perspectiva que tenemos de los acontecimientos internacionales. 

No creo que los extranjeros en China debamos comentar demasiado lo que ocurre aquí porque solo somos invitados y no tenemos una posición privilegiada para emitir un juicio, incluso aunque tengamos interés y conozcamos algo de la historia y la cultura chinas. Deberíamos escuchar y aprender de la diversidad de perspectivas que hay aquí. Los ejemplos que doy en clase suelen venir de Estados Unidos y Reino Unido, y confío en que los alumnos den ejemplos de China o que hagan un análisis desde la perspectiva china que proporcione un buen contraste y una comparación productiva.

En relación con lo que está ocurriendo en Estados Unidos, Internet y los medios sociales me ayudan a mantenerme al tanto de lo que está pasando, pero no puedo salir a las calles con mi gente y protestar contra la violencia policial ni decirles cara a cara a mis amigos y familiares que lleven mascarillas. Tengo una idea general de lo que está pasando muy influida por los medios. Mi familia y mis allegados pueden ayudarme a rellenar muchos matices que me faltan, pero no tanto como si estuviera allí. Para mí es una posición un tanto extraña.

A.L.: Me gustaría saber cómo cree que sentará nuestra conversación en los medios, si es que tiene algún tipo de impacto.

J.O.: Como académico, sé que nuestras palabras no tienen un gran efecto y ni siquiera es inmediato. Puedes publicar algo y ver referencias a tu obra aquí y allá al cabo de unos años. También me agrada leer un artículo o un libro que encaja con algo que he escrito, pero no podemos esperar mucho más que eso. No tenemos la expectativa de que de repente las noticias aborden uno de nuestros últimos artículos. Hay tanta información que actualmente no hay muchos gatekeepers que puedan hacer eso. Incluso si consigues financiación de una empresa o de un gobierno para una investigación, no tienen por qué usar tus conclusiones.

Si somos honestos con el empeño que ponemos e intentamos hacer algún cambio positivo, habrá un efecto acumulativo, aunque no podamos medirlo. Yo me centro en tener una influencia positiva en mis estudiantes y colegas de profesión porque es lo que está en mi área de control. Una influencia mayor está lejos de mi alcance. Quizás los académicos deseamos en el fondo convertirnos en personajes públicos, pero si realmente quisiéramos eso, dejaríamos de ser académicos.

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