Mucho más que hablar con 'e', qué es ser no binarie

Mucho más que hablar con 'e', qué es ser no binarie

La realidad de algunas de las personas más invisibilizadas dentro del colectivo LGTBI y unas pautas para usar el género neutro.

Persona sujetando la bandera no binaria.nito100 via Getty Images/iStockphoto

“Bienvenidos, bienvenidas y bienvenides”. Esta presentación está siendo cada vez más común en cualquier acto público inclusivo. De hecho, a la ministra de Igualdad, Irene Montero, le costó numerosas críticas utilizar el lenguaje inclusivo con las personas no binarias (nb) en un mitin de la campaña de Podemos a las elecciones para la Comunidad de Madrid en abril de 2021.

Sin embargo, la realidad de las personas no binarias va mucho más allá que el uso del lenguaje y las críticas que este pueda recibir, aunque es una parte fundamental de esta identidad sexual que se sale del binarismo hombre/mujer. Lejos de lo que se pudiera pensar, especialmente por parte de ciertos sectores conservadores, las personas no binarias no son algo nuevo ni tampoco el concepto surge del colectivo LGTBI ni del feminismo.

Numerosas tribus y pueblos refieren un tercer género —generalmente ubicado entre el hombre y la mujer— en su cultura ancestral. Ejemplo de ello son las personas mahu y bardache en Hawaii, las quariwarmi en Perú o las personas lhamanas o two spirits en la cultura india estadounidense. En algunos de estos casos, además, las personas asociadas a este tercer género o género indeterminado tienen una connotación sagrada, como ocurre con las muxe en México, hijra en la India, kathoey en Tailandia, apwint en Birmania.

Dentro del colectivo, las personas no binarias pueden tener diferentes identidades, desde fluir entre los dos géneros, a no identificarse con ninguno, a identificarse con un tercer género o con varios. De ahí los términos bigénero, trigénero, agénero o pangénero.

Para Darko Decimavilla, presidente de la Asociación No Binaries España, definir a las personas no binarias pasa por “hacer entender que hay diversidad dentro de las identidades”. “Hay personas que no nos identificamos ni como hombre ni como mujer y te puedes identificar con otra cosa. Sí que es cierto que un poco la definición oficial que usamos es que las personas no binarias no nos identificamos ni como hombre ni como mujer, o al menos, todo el tiempo”, explica, aunque admite que “a modo más coloquial, es hacer entender a la gente que nos identificamos fuera de la dicotomía hombre-mujer”.

Hay personas que no nos identificamos ni como hombre ni como mujer y te puedes identificar con otra cosa
Darko Decimavilla, presidente de la Asociación No Binaries España

Blue Rodríguez, activista no binarie del grupo joven de FELGTB, se refiere al colectivo no binario como parte del colectivo trans. “Hay personas trans que no se sienten cómodas con el grupo con el que les ha tocado nacer y deciden hacer una transición binaria para escoger entre hombres o mujeres, pero hay personas que en esa dualidad no se ven, que no se encuentran bien”, señala.

Asimismo, recuerda que no todas las personas no binarias realizan una transformación física. “Otras simplemente dicen ‘vamos a ver, es que yo estoy con un grupo de hombres y no me siento parte en este grupo aunque sean igual que yo, aunque sean LGTBI’. Y con un grupo de mujeres, me pasa exactamente porque esa etiqueta que han utilizado para definir su experiencia no se amolda a la mía”, detalla.

“Dentro de esa definición, de ni hombres ni mujeres, podemos ser muchas cosas: un poquito de cada, podemos fluir entre una u otra, podemos sentirnos parte de ambas y estar exactamente igual de cómodes con hombres o con mujeres. Hay una variedad de experiencias, pero que no se pueden definir solo como una única cosa”, explica.

Tanto Rodríguez como Decimavilla desconocían hasta hace relativamente poco la etiqueta de no binarie y, hasta entonces, no se habían sentido identificades con ninguna de las identidades establecidas hasta entonces.

“Siempre he vivido como una persona bastante ajena a las etiquetas, sentía que no era parte de nada”, comenta Decimavilla. “Esa etiqueta no la conocí hasta los 26 años, cuando encontré una persona que se definía así en una charla a la que fui. Cuando me identifiqué con elle empecé a investigar porque me interesó y me encajaba con cómo me sentía”, añade. 

Rodríguez, que recalca que se encuentra todavía en un proceso de “transición continua”, empezó a notarlo a “nivel mental” ya que muchas personas trans —tanto binarias como no binarias— no realizan una transformación física.

“Empecé a tener unos cambios de humor muy fuertes. Entonces tomé la decisión de pedirle a mi madre que me llevase a le psicólogue”, relata, fue allí donde recibió uno de los primeros ataques nbfóbicos. “Fue básicamente decirme que si yo no tenía ningún problema con mi cuerpo no era trans, ya está, era un chico y punto, pero lo que sí apuntó es que efectivamente, mis cambios de humor se venían dando por una inestabilidad en cuanto a una pequeña crisis identitaria”, añade.

  Protestas de activistas no binaries en la Puerta del Sol de Madrid.Aldara Zarraoa via Getty Images

A raíz de ahí, en 2017 o 2018, empezó a buscar una etiqueta con la que sentirse representade, fue entonces cuando encontró gender fluid. “Ahí con toda la literatura que había en inglés, que era mucho menos que ahora, empecé a encontrarme fuera de la estructura binaria”, explica, aunque admite que ha tenido luchas en el día a día con su identidad.

Decimavilla recuerda que incluso dentro del colectivo LGTBI hay poca divulgación y falta conocimiento. “Se está favoreciendo la inclusión en toda la sociedad y desde los colectivos, pero sí que es cierto que las entidades, organizadores y demás no cuentan con nosotres. Ahora que se están reuniendo para la Ley Trans a nosotres nos excluyen de las negociaciones y demás y cuesta. Poco a poco lo estamos consiguiendo pero cuesta trabajo”, reivindica.

Además, le representante de No Binaries España rompe con algunos mitos como que esté ligado a una expresión de género determinada. “Al final es cómo te muestras al mundo, hay personas que decidimos maquillarnos o llevar las uñas de cierta forma o la ropa, el cómo nos expresamos, cómo nos movemos, cada uno lo hace como quiere. Ahí está lo bonito, que existe una gran diversidad de formas de expresarse y que cada uno se sienta bien”, recalca.

La visibilidad del colectivo no binario ha hecho que tanto elles como las personas cis hagan públicos sus pronombres, por ejemplo, en redes sociales e incluso en perfiles laborales donde cada vez es más común encontrarse con un she/her, they/them o he/him en las descripciones. El término en inglés they —que en español sería elle— es el más común, ya que allí la existía ese pronombre neutro.

“Al aprender inglés ya se decía que they era para cuando no conocías el género de una persona, ya estaba ahí, además los adjetivos no tienen identidad de género”, recuerda Rodríguez, quien se queja de que se tache de “raro” el género neutro en castellano.

“Si yo por una necesidad clara necesito un cambio de lenguaje para poder sentirme parte de la sociedad en la que estoy viviendo, en este caso hispanoparlante, voy a utilizar el lenguaje como quiera. Además, no lo estoy destruyendo, lo estoy moldeando”, explica, aunque admite que da lugar a ciertos equívocos como en su caso decir “estoy muerte” en lugar de “estoy muerto/a” en referencia a estar cansade.

Entendemos que ‘grande’ o mesa tienen género pero no influye la identidad de nadie. Sin embargo, cuando dices guapo te imaginas a un hombre. Pues ¿qué pasa conmigo? Que yo no soy un hombre ni una mujer
Blue Rodríguez, activista no binarie del grupo joven de FELGTB

Tal y como señala Rodríguez, las palabras a modificar son aquellos adjetivos con identidad de género. “Entendemos que ‘grande’ sin más o mesa, que tiene género pero no influye la identidad de nadie. Sin embargo, cuando dices guapo te imaginas a un hombre. Pues ¿qué pasa conmigo? Que yo no soy un hombre ni una mujer. Entonces de ahí nace de la necesidad de crear un lenguaje en el que yo pueda definirme”, sintetiza.

Además, recuerda que la lengua se ha ido modificando a lo largo de los años, por ejemplo, adaptando profesiones que eran masculinas. “El feminismo ha llegado y ha dicho ‘yo quiero ponerle una ‘a’ a juez por cuestiones de activismo para hacer notar de alguna forma impulsar a que las mujeres trabajen en trabajos que eran únicamente de hombres’. No ya no por el motivo de la lengua, sino por motivos de historia. Y ya no suena mal decir jueza”, apunta.

Sin embargo, incluso la propia lengua genera debate, tanto en el plural como a nivel de pronombres ya que, según Decimavilla, no todas las personas no binarias se identifican con el género neutro.

Esto para Rodríguez es una lastra a la hora de conseguir unidad. “Es como me gustaría utilizar pronombre neutro, pero tengo 80 años y tengo coño pues entiendo que la gente me trate en femenino, que es lo fácil, es la costumbre”, indica. 

  Darko Decimavilla, presidente de No Binaries España, y Blue Rodríguez, activista no binarie del grupo joven de FELGTB.Getty Images/Cortesía de Blue Rodríguez

Le activiste de FELGTB defiende un uso del plural inclusivo con el género neutro, una postura que también genera debate dentro del colectivo. “Puedo decirle ‘guape’ a una persona que se siente parcialmente mujer o parcialmente hombre. Si hay un lenguaje que acabo de generar con esa necesidad de incluir a personas, ¿por qué no utilizarlo como plural genérico? No hay necesidad de estar diciendo todas, todas y todes constantemente, porque entiendo que hay que ahorrar en cuanto a lenguaje”, explica.

Decimavilla discrepa con elle y reivindica que cada género tiene su propia identidad y reivindicaciones que se plasman en el lenguaje. “Las mujeres con toda la historia y la lucha que llevan detrás no deberían de dejar de usar el femenino. Por ejemplo, en el rodaje en el que estoy estamos usando el femenino genérico y creo que es importante a nivel de feminismo usarlo”, recalca. Para él, el lenguaje inclusivo no pasa por la ‘e’ sino por palabras más genéricas.

“Suelo poner el ejemplo: alumnos (masculino), alumnas (femenino), alumnes (neutro) y el alumnado (inclusivo) y estarían representados todos. Creo que es importante empezar a diferenciarlo porque muchas feministas con razón están verbalizando que el neutro no las incluye, que es totalmente cierto”, detalla.

A pesar de lo que se intenta por el lenguaje y la visibilidad que se le intenta dar en asociaciones y colectivos, las personas no binarias siguen estando invisibilizadas, en muchos casos tanto a nivel burocrático como a nivel mediático.

Decimavilla cuenta que están trabajando en que se les tenga en cuenta en la Ley Trans que elabora el Ministerio de Igualdad con una tercera casilla en el DNI que les represente. “Es la demanda más grande porque es el reconocimiento de las nuevas identidades, que el resto también tienen discriminación, pero al menos existen socialmente. El problema que tenemos nosotres es que no existimos. Nuestro problema es que se nos reconozca a nivel burocrático y social”, explica.

Blue, quien comenta que en algunas entidades públicas como el Instituto de la Juventud (Injuve) sí que se habla en neutro a quien se identifica como nb, achaca esta invisibilidad a que no se manifieste públicamente en una transformación externa. “Hay muchas personas pero pocas visibles fuera del armario que lo manifiesten. Porque tú lo sabes por dentro, pero como no necesitas cambio físico, pues al fin y al cabo, te acostumbras a que te den palos y ya está, tiras pa’adelante”, sentencia Rodríguez.

  Activistas no binaries en una manifestación en la Puerta del Sol.Aldara Zarraoa via Getty Images

Elle señala también que no hay apenas referentes en España fuera del activismo y que han surgido a la vez en EEUU, donde sí hay algunes como Demi Lovato, Sam Smith o Miley Cyrus. “Siempre hemos formado parte del colectivo trans, que es otro colectivo al fin y al cabo, pero camuflades y con mucho miedo. Entonces ahora estamos empezando a salir y efectivamente hace cinco años yo no recuerdo ningún referente nb”, indica.

De cara al futuro, tanto Rodríguez como Decimavilla se muestran optimistas a una sociedad más inclusiva en la que el binarismo deje paso a las personas que no se identifican con ninguno de los dos géneros. “Vamos a una sociedad mucho más abierta de mente, donde las personas no tienen la presión de encajar en cierto estándar, no de cómo vestir o cómo verse o cómo actuar, sino cómo ser”, explica Rodríguez. 

Decimavilla ve en el no binarismo el futuro del feminismo. “A muchas feministas le dolerá esto, pero creo que el no binarismo es la siguiente ola del feminismo porque las personas no binarias con nuestras mera existencia estamos rompiendo con el binarismo de género y los estereotipos de género con los que el feminismo lleva siglos intentando erradicar”, señala. “Es una forma de romper el patriarcado, hace que exista una diversidad y que cada persona pueda ser como quiera dentro de nuestras posibilidades. Es algo que también busca el feminismo, que cada persona pueda ser como quiera”, sentencia.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Marina Prats es periodista de Life en El HuffPost, en Madrid. Escribe sobre cultura, música, cine, series, televisión y estilo de vida. También aborda temas sociales relacionados con el colectivo LGTBI y el feminismo. Antes de El HuffPost formó parte de UPHO Festival, un festival urbano de fotografía en el marco del proyecto europeo Urban Layers. Graduada en Periodismo en la Universidad de Málaga, en 2017 estudió el Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo y en 2018 fue Coordinadora de Proyecto en la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. También ha colaborado en diversas webs musicales y culturales. Puedes contactarla en marina.prats@huffpost.es