Las 11 razas de perro más sensibles al calor

Por raro que parezca, el pelo no es el principal factor de riesgo.
Bulldog francés bebiendo agua en una fuente.
Bulldog francés bebiendo agua en una fuente.

Llegó el calor y con él, los golpes de calor. Esto no sucede solo con los humanos, las altas temperaturas también afectan mucho a las mascotas, en especial los perros, que salen a pasear a la calle, a veces cuando el mercurio alcanza máximas.

La etóloga de Educanin, Mar Ibáñez, señala que la temperatura corporal de los perros “suele rondar los 39 grados” y que cuando se da una insolación esta asciende a los 42.

“Los perros que son más mayores o los cachorros suelen ser más susceptibles de sufrir golpes de calor”, explica a El HuffPost. La experta recuerda que los canes no tienen tantas glándulas sudoríparas como los humanos. “No sudan apenas y expulsan el calor y regulan su temperatura mediante la boca y la nariz”, señala.

Por este motivo señala que hay que estar especialmente atentos a si la nariz del animal se reseca o si jadea demasiado. “Una nariz que no esté húmeda implica una subida de temperatura corporal, suele pasarles también cuando tienen fiebre, aunque a veces sucede cuando están en un ambiente reseco y poco ventilado”, apunta. También hay que estar pendientes a si el animal no se mueve, le cuesta moverse o se tambalea.

“Algunos perros salivan mucho cuando pasan calor para tratar de humedecerse y a otros, cuando la falta de oxígeno es muy alta, se les entumece la lengua y se torna azulada. Esos son casos muy graves ante los que hay que llevarlo al veterinario”, señala.

¿Cuáles son los más sensibles?

En el caso del pelo, esto no es un factor tan determinante para que sufran golpes de calor como sí lo son las dificultades respiratorias o la obesidad. “El pelaje es protector contra las radiaciones solares, por eso recomendamos no rapar a los animales esta época del año”, explica.

“Los perros generan una especie de cámara de aire que les regula la temperatura y los mantiene frescos”, señala Ibáñez. Por ello, no porque un perro tenga mucho pelo, por ejemplo, un afgano, un perro de agua o un hushky tiene que ser más propenso a sufrir golpes de calor.

Esta teoría se plasma en los datos extraídos en un estudio publicado en 2020 en la revista Nature, en el que se recoge la incidencia de enfermedades y muertes derivadas de las insolaciones en las distintas razas de perros.

De este modo se vio que los perros con forma de cráneo braquicefálico y los que pesaban más de 50kg (considerados obesos en muchos casos) tenían mayor riesgo.

Razas de perro más sensibles al calor

Según esta investigación, en 2016 las enfermedades relacionadas con el calor tuvieron una incidencia del 0,04 en las consultas veterinarias de Reino Unido —cabe recordar que allí la temperatura media estival máxima de 23ºC frente a los 30º máximos de media en España—.

Estas dolencias tuvieron una letalidad del 14,18% y en el análisis se muestra que los principales factores de riesgo son: la raza, el peso en relación con la media de la raza, el sexo y tener más de 2 años.

Gráfica de la investigación 'Incidence and risk factors for heat-related illness (heatstroke) in UK dogs under primary veterinary care in 2016' publicada en Nature en 2020.
Gráfica de la investigación 'Incidence and risk factors for heat-related illness (heatstroke) in UK dogs under primary veterinary care in 2016' publicada en Nature en 2020.

¿Cómo evitar que suceda?

Para la veterinaria, es imprescindible que el animal esté en un “sitio fresco y que tenga agua fresca disponible”. “Es importante que tenga sombra y agua disponible, no tenerlo en sitios cerrados y evitar que esté atado, por ejemplo, cuando está en la terraza o en el jardín ya que puede estrangularse tratando de beber agua y le dificulta a veces la respiración”, explica. “Por supuesto, nunca dejarlo en una terraza al sol y mucho menos encerrado en un coche”, recalca.

También recuerda que hay que tratar que los paseos sean breves en horas de calor y evitar salir a la calle a las horas puntas de altas temperaturas. “El suelo, por ejemplo el asfalto o el hormigón desprenden calor que puede afectar al animal, e incluso en algunos casos dañarle las almohadillas de las patas”, señala.

“Cuando se salga a pasear es importante ir por zonas sombreadas, con vegetación y frescas, y llevar siempre agua para darle al animal en un bebedero o una botella”, recuerda. También señala que el animal no debe hacer gran ejercicio físico y que no se les debe dar de comer en horas de calor. “Siempre temprano por la mañana o a última hora de la tarde, ya que al hacer la digestión sube la temperatura corporal y puede ser fatal”, señala.

Ibáñez aconseja estar atentos a los factores de riesgo del animal, especialmente si se trata de una de las razas más propensas a sufrir golpes de calor, si el animal tiene enfermedades respiratorias o cardiovasculares, la edad o si tiene obesidad.

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