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05/11/2020 16:39 CET | Actualizado 05/11/2020 17:31 CET

Ser hombre tiene premio

En 16 de los 19 años estudiados en este informe (2000-2018) las mujeres no han alcanzado ni tan siquiera un tercio del total de premios.

María LaMuy

Hace unos días publicaba el Ministerio de Cultura y Deporte el Informe del Observatorio de Igualdad Género en el ámbito de la Cultura realizado por el Observatorio de Creación y Cultura Independiente y Fátima Anllo Vento como directora. Entre los distintos campos que analiza, resulta de especial interés cómo se argumenta eso que comúnmente llamamos “calidad” (y que para las mujeres ha sido un arma arrojadiza para ir en contra de las cuotas). 

El informe explica qué es el “poder de legitimación” en el campo de las artes (visuales, escénicas, literatura,  música, cine y audiovisual) y cómo este se utiliza para otorgar cierto grado de calidad, reconocimiento y precio a las obras de los y las artistas: “El poder de legitimación artístico establece el sentido, lo bueno, lo malo... Hay procesos y acciones llevados a cabo por determinados agentes dentro del sistema de los que deriva la asignación de valor artístico. Dicho en otros términos: determinadas acciones que tienen lugar dentro del sistema conceden a las obras y artistas que se incorporan o circulan por el sistema un cierto valor”. 

Este poder de legitimación depende de determinados agentes (el 82% de quienes dirigen instituciones culturales son hombres) pero también de espacios de poder y visibilidad (dos conceptos intrínsecamente relacionados), como son las ferias de arte, las exposiciones, la música en vivo, las representaciones teatrales y de danza, las nuevas producciones, que te seleccionen en un festival… 

Sólo comparando a personas individuales que han recibido galardones, el porcentaje de hombres asciende hasta el 70%

Por ejemplo: uno de los elementos comunes en los distintos países y que nos permite un análisis comparativo son los premios, que con sus diferencias nacionales tienen en común ser un nombramiento legitimador de poder (que puede ir acompañado o no de una dotación económica) pero que sitúa en un lugar de privilegio y distinción a quien lo recibe. Señala el informe que los premios “intervienen en la creación de referentes o estándares de calidad y, en gran medida, fortalecen o debilitan el canon ya existente” y, además, recibir un premio nacional “aumenta las posibilidades de que las personas receptoras y sus obras adquieran mayor valor. En resumen, reconocimiento, valor y precio son dimensiones que van asociadas”.

Los premios no son para las mujeres

A tenor de lo analizado por el estudio (557 premios y 325 medallas concedidas) se puede afirmar que los premios no son para las mujeres. De hecho, los hombres acumulan un 60% de los reconocimientos frente a un 26% de mujeres (el 14% restante corresponde a organizaciones, compañías y colectivos). 

En 16 de los 19 años estudiados (2000-2018) las mujeres no han alcanzado ni tan siquiera un tercio del total de premios. En todos los años, los hombres han superado a las mujeres, excepto en el año 2018, en el que las mujeres premiadas han superado a los hombres.

Analizando en detalle la conformación de esos grupos y colectivos que han recibido premios resulta que en la mayor parte de los casos son hombres quienes están al frente, ahondando en esta brecha de género. De hecho, dejando a parte los premios otorgados a grupos, sólo comparando a personas individuales que han recibido galardones, el porcentaje de hombres asciende hasta el 70%.  

En el caso de premios y medallas, la desigualdad se mantiene: ellos reciben el 74% de los premios y el 62% de las medallas.

En el caso de las artes visuales son destacables especialmente galardones como el Premio Velázquez (creado en el año 2002 por el Ministerio de Cultura en reconocimiento a los méritos en cualquier manifestación de las artes plásticas de artistas de Iberoamérica), el Premio Nacional de Artes Plásticas (concedido anualmente por el Ministerio de Cultura, instaurado en 1980, con el fin de reconocer la labor meritoria de artistas plásticos contemporáneos) y el Premio Nacional de Fotografía (creado en 1994 y destinado a reconocer la obra de un fotógrafo/a español/a que con su creación artística contribuye «al enriquecimiento del patrimonio cultural de España»).

Pues bien, el Premio Velázquez ha sido concedido a cinco mujeres de las 18 ocasiones en que se ha concedido (cuatro de ellas en los últimos cinco años, lo que nos indica cómo la fuerza del feminismo está haciendo por transformar esta desigualdad intrínseca de los premios). En informe señala que “el Premio Nacional de Artes Plásticas no se había concedido a ninguna mujer desde el año 2000 hasta el año posterior a la aprobación de la Ley de Igualdad, y desde entonces, hombres y mujeres siguen un ritmo de casi sistemática alternancia. Seis son las mujeres a las que se ha otorgado el Premio Nacional de Fotografía, solo una (Ouka Leele) con anterioridad a la aprobación de la Ley, cuatro de ellas en los últimos cinco años. En 2008 se le concedió a María Bleda de forma compartida”.

Todos estos elementos “invisibles” influyen decisivamente en el precio de las obras o la profesionalización de las carreras

Incluso en ámbitos tradicionalmente femeninos y donde se había relegado históricamente a las mujeres como es el espacio de la costura y las labores en torno al tejido, resulta que en el caso del Premio Nacional de Diseño de Moda, solo tres mujeres lo han recibido en sus 11 años de existencia. El dato sorprende, aunque si pensamos en otras profesiones supuestamente “femeninas” ocurre lo mismo, me refiero a la cocina y “los grandes chefs”. Ellas cocinan desde siempre pero, si nos paramos a pensarlo, ¿nos salen más nombres de chefs hombres o chefs mujeres?

Lo cierto es que, como recoge el estudio de manera pormenorizada, el sistema del arte sostiene las carreras de los y las artistas con muchos agentes que entran en juego, desde las galerías a comisarios, museos, críticas de arte, visibilidad en ferias, etc. Todos estos elementos “invisibles” influyen decisivamente en el precio de las obras o la profesionalización de las carreras, que ven posible cierta independencia económica gracias a verse “en el sistema”. El informe llama a estos elementos “gatekeepers” o guardianes de la puerta, marcando lo que es el arte en cada momento. 

Está claro que una ley es el primer paso de una sociedad para convertir un derecho social en algo intrínseco a su democracia, a su idiosincrasia: sin ley de igualdad no estaríamos reconociéndonos como un país que busca la igualdad plena, es decir, aquella donde las mujeres son reconocidas como ciudadanas de pleno derecho. Sin embargo, a más de diez años de la aprobación de la Ley, está claro que aún queda mucho por hacer. Otros elementos externos a la legislación han impulsado cambios importantes, como el auge del feminismo en los últimos años y las campañas en redes denunciado la desigualdad en jurados, seminarios, etc. Sin duda este informe es una excelente herramienta que nos da la foto fija de cómo estamos a 2020 para que la igualdad entre hombres y mujeres siga siendo una meta de trabajo diario y para que los premios no sean solo cosa de hombres. 

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