Sin quién no estaría aquí... Diego San José

"Contarle algo a la gente y que se ría es un subidón de adrenalina. Es muy difícil dejarlo cuando lo has probado. Y ya nunca deja de importarte que se rían de un chiste tuyo, es la peor droga de la historia".
Javier Cámara, Diego San José y María Pujalte en el 'photocall' de 'Vota Juan'.
Pablo Cuadra via Getty Images
Javier Cámara, Diego San José y María Pujalte en el 'photocall' de 'Vota Juan'.

¿Quién está en los orígenes de nuestros directores, creadores, guionistas más rumbosos? ¿Qué personas, qué historias, qué momentos contribuyeron a que ellos fueran lo que son hoy, que se dedicaran a lo que se dedican? En esta serie vamos a contar lo importante que es que alguien te abra ventanas. Por resumir, la pregunta que lanzo es: ¿Sin quién no estarían aquí?

Tras Darío Madrona, creador de Élite, y Javier Olivares, creador de El ministerio del tiempo, vamos con un excepcional tipo de Irún (Gipuzkoa), que está detrás de miles de horas cómicas de la televisión y del cine que hemos visto en los últimos 15 años.

Diego San José es Diego San José, uno de los guionistas más celebrados, más entusiastas, más valorados de la comedia en España, porque no sabía jugar al fútbol. La comedia, precisamente, se convirtió en la segunda opción de aquel chaval listo de Irún que ponía los apodos.

El niño torpe

Tenía una pequeña malformación en los pies pero era gracioso, y en esa selva que es la infancia, sabía ponerle los motes a los compañeros del colegio. Era algo así como una postura vital, como si dijera:

“Vale, seré torpe en el deporte, una nulidad, pero no os acerquéis a mi porque cargareis con el apodo toda vuestra vida”.

De hecho, Tuli, que es el mote que le cayó a su compañero Rubén, lleva siendo Tuli toda la vida. ¿Recuerda por qué le cayó ese nombre?

“No, ni siquiera recuerdo que fuera porque comiera mucho Tulicrem, pero treinta años después de ponerle el mote, él se hizo una cazadora con Tuli bordado en la espalda. Conseguí lo máximo, que los profesores le llamaran Tuli y no Rubén, es mi gran gesta como guionista”.

Y así llegamos a la adolescencia, al instituto...

San José sabe narrar bien, no solo cuando escribe. Hila su discurso, su relato, al contártelo. Y cuando piensa en sin quien no estaría aquí, tiene un nombre en la boca que parece que sea su segundo nombre, y viceversa: Borja Cobeaga. Pero ahí, a esa historia bonita, llegaremos más tarde.

Lo que veía Diego

Antes, los referentes, los inicios. San José veía a Alfonso Arus haciendo Al ataque. Llegaron las privadas y llegó Emilio Aragón, (“para mí, el gran cómico”9. Y el dúo Sacapuntas...

“Y mucho Mr. Bean, que fue mi bautismo. Billy Wilder llegaría mucho más tarde. Me gustaría decir que fue al revés, porque queda mejor, pero no. La verdad es que cuando cuento mi vida creativa, veo que la tele de entretenimiento tiene mucho peso. He pasado horas y horas viendo a José Mota (llegó a trabajar con él como guionista), con Los Morancos, con El Intermedio”.

Cuestión de suerte

Con todo eso en la retina, San José acaba la carrera, una carrera insólita para un genio de la comedia: Administración de empresas, ADE. Pero, por fortuna, le da pereza buscar trabajo y se dice, “voy a esperar un poco”. Y así llega una carambola del destino:

“Irún, una ciudad pequeña. Nos reunimos los compañeros del instituto en una cena de despedida. Formaron un equipo de fútbol y ante mi ineptitud para jugar me dieron una cámara (de las que se usaban en las bodas). Hicimos un corto, lo mandamos a un festival de la Semana de Cine de Terror de Donosti (la cinta de vídeo en la mano)... En el jurado de ese festival pequeñísimo, donde votaban tres señores, había una productora de ETB. Ve el corto, le gusta y me dice que sabe que en la tele vasca buscan a un guionista para un programa nuevo, una especie de magacine de humor”.

Solo le dicen el nombre del director. Es Borja Cobeaga, y el espacio, Vaya Semanita.

La primera en la frente.

La risa en común

“Borja y yo nos hicimos reír mutuamente. Así que me dedico a quedar con él y hacernos reír. Ocurre que el sentido del humor es tan íntimo como un desnudo. No lo puedes cambiar: si te llevas bien con alguien porque te ríes de lo mismo, ya está. No es algo que se pueda forzar. Borja y yo nos lo pasábamos, y nos lo pasamos muy bien juntos. Es una relación emocional y así crecemos”.

El programa sigue con soltura, como la relación. Aunque no todo fue tan fácil:

“En realidad, toda nuestra carrera, la de Borja y la mía, nace un día que Vaya semanita estuvo a punto de desaparecer. Cada semana tenía menos audiencia. Se emitía los jueves. Un día nos dijeron, ‘o subís de share u os quitamos el programa’ (frase mítica de la tele). Y esa semana dijimos ¿ya que nos van a quitar el programa, por qué no vamos a saco? Y surge una idea: un gag de inmigrantes en patera, maquetos, que llegaban a la costa de Donosti. La consejera del PNV llamó inmigrantes a los estudiantes que venían a Donisti. En el gag había gente de Albacete llegando a Euskadi. Nuestros actores en la Concha, en una barca de playa, la Ertzaintza los detenía, les daba sidra... se esforzaban en hablar euskera. Jóvenes que huían de España para venir a Euskadi. Un gag complejo, desde luego. Pero dijimos, ‘si vamos a ir al paro, vamos a irnos a gusto’. Como en la tele no tenían el programa hasta la hora de la emisión, el jueves a las diez, no pudieron visionarlo antes. El programa tuvo solo un poco más de audiencia pero se convirtió en un referente de humor político. Y a partir de ahí todo lo demás”.

Espero que todos leáis en esta anécdota la misma moraleja que yo: hay que ATREVERSE.

La tenacidad

Parece mentira todo lo que ha salido de la cabeza de este hombre verborreico y sagaz, al que por cierto nunca he visto de mal humor. Pagafantas, Fe de Etarras, Ocho apellidos vascos, Ocho apellidos catalanes, Súper López, Las aventuras de Tadeo Jones, Vaya Semanita, Qué vida mas triste... y una lista larga. ¿Pero cuántos años tiene, 60? No, 41. Es rápido en los chistes, afable, inquieto, siempre ha hecho “lo que me ha dado la gana” y como dice Javier Cámara (que luego entraremos en ese idilio de ambos) es un tipo “con una tenacidad calmada, un martillo pilón, muy vasco, muy de Irún”. Y he aquí la historia que lo ejemplifica:

Vota Juan y luego Vamos Juan (la serie de Mediapro para TNT protagonizada por Cámara y creada por Diego San José) surge por un fracaso en realidad. Para llevarle la contraria a la televisión. Después de Ocho apellidos vascos, en el 2014, nos quedamos con la idea de que el conflicto vasco había que contarlo en otro tono, así que hicimos Aupa Josu, un piloto para ETB. Era una tvmovie de 50 minutos. La cadena lo emitió una noche, como algo auto conclusivo y ya. No se le dio continuidad, y yo dije, pues no me da la gana”.

Y como las ganas y las ideas seguían, y un productor visionario y tenaz, Javier Méndez, vio Aupa Josu y le gustó y empezó a moverlo, los dos guionistas se pusieron a escribir para continuar con esa historia.

“Lo estuvimos moviendo un par de años, un piloto de 60 páginas para el prime time convencional, pero no tuvo cabida. Yo había crecido con una ley que era: si una cadena no lo ve, no lo ve, igual vale para otra cadena pero si esa cadena tampoco lo ve, ahí acababa la historia. Y entonces llegaron las plataformas y todo cambió”.

El encuentro feliz con Javier Cámara

San José, (junto a Borja Cobeaga, como siempre, aparecen juntos incluso en la foto de Wikipedia), sigue teniendo en la cabeza una comedia con ETA de fondo y sigue dándole vueltas. ¿Por qué nadie se había atrevido nunca a hacerlo? Y Javier Méndez continúa en su vida, animándolo. Lo que llevan entre manos es Fe de Etarras, que era un proyecto complejo para una cadena generalista. Pero entonces llegó Netflix, que es más macarra para esto moralmente y les da luz verde. Así que Javier (Méndez) monta una comida con el otro Javier (Cámara), para que se conozcan y para que le propongan que protagonizara la peli. Merece la pena oír a Diego San José contar ese momento.

“Borja y yo habíamos querido currar con Cámara muchas veces, de hecho su nombre salía mucho en nuestras conversaciones, pero nunca nos atrevimos a dar el paso ni a proponerle nada. Como Méndez y él eran amigos ya, organizó la comida en un japonés de la calle Ponzano. Y allí que nos fuimos para contarle el proyecto a Cámara, que era algo muy jodido de explicar, muy complejo. ¿Cómo le cuentas a un actor consagrado que se meta a hacer de etarra en una comedia? Recuerdo que se lo dijimos cuando ya habíamos pedido los entrantes. Nosotros sabíamos que el 99 por cien de los actores de su talla nos habría dicho que no. Pero como Javier es a la vez kamikaze y generoso, nos fuimos a casa con la certeza de que nos diría que sí, porque eso fue lo que nos transmitió en esa comida sin decirlo abiertamente. Unos meses más tarde estábamos rodando”.

Quedaba cincelada la amistad y el compañerismo creativo.

“De hecho si ahora me dijeran, ‘solo vas a escribir para Javier Cámara’, te diría que vale. ‘La fe mueve pasamontañas’, era el eslogan que yo propuse para poner debajo del título, pero no quisieron y siempre llevé esa frase ahí, pegada. Un día me vengué. Me invitaron a la librería Ocho y medio de Madrid. Presentaban unos carteles de la serie, y yo firmé algunos. En lugar de mi nombre puse la frase. Así que hay por ahí en las casas de algún desconocido varios carteles con ese eslogan”.

La tenacidad era esto.

Contar historias con amigos

Un día, en 2016, llegó Javier Olivares (aquí su Sin quién no estaría aquí) y le propuso a Diego y a Borja que escribieran, con total libertad, un capitulo de El Ministerio del Tiempo.

“Fuimos los guionistas invitados. El capítulo, Tiempo de lo oculto, sobre Colón, lo dirigió Javier Ruiz Caldera, que es muy amigo también. Olivares fue muy generoso y nos encantó ese trabajo. Allí conocimos además a Anna Castillo que luego estaría en Vamos Juan”.

Luego Ruiz Caldera estaría con él en Superlópez, en 2018, donde repitió con Julián López, que ya había estado en Fe de etarras. Peli en la que estaba también Gorka Otxoa, que fue el protagonista de Pagafantas... Así que podríamos decir que Diego San José es un tipo que sabe trabajar bien con amigos, y que debe ser de fiar cuando tantos repiten.

Pese a que no ha parado de crear desde que apodó a Rubén como Tuli, según San José:

“No tengo la necesidad de contar nada en realidad, pero me lo paso muy bien contando. Contarle algo a la gente y que se ría es un subidón de adrenalina. Es muy difícil dejarlo cuando lo has probado. Y ya nunca deja de importarte que se rían de un chiste tuyo, es la peor droga de la historia”.

De momento, la última creación de este guionista de nacimientos es la serie que citaba, Vamos Juan, que es una gozada televisiva. Una COMEDIA, por fin, rodeada de tantas series negras. Segunda parte (y mejor, más sólida) de Vota Juan, donde ya Javier Cámara (qué bien que aceptara comer en aquel japonés, que aceptara Fe de etarras, y que aquello los llevara a todos juntos a Vamos Juan) daba vida al caricaturesco Juan Carrasco, un político mediocre. Víctor García León, Borja Cobeaga y el propio Cámara han dirigido capítulos de esta serie salida de la cabeza del niño que no sabía jugar al fútbol. Todos ellos tienen, como diría Woody Allen, “un don para divertir”.

Espero poder contar aquí muchas cosas hermosas de esta panda.