De Ucrania a un pueblo de la España vaciada: "Ahí es cuando sale lo mejor del ser humano"

Enrique y José Luis organizaron un convoy para traerse a 15 ucranianos desde Polonia hasta Paredes de Nava, en Palencia. Esta es su historia.
Enrique y José Luis, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Paredes de Nava.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
Enrique y José Luis, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Paredes de Nava.

“Vamos con el depósito lleno de gasolina y el depósito lleno en el corazón. Nos vamos para la frontera de Polonia con Alemania a recoger junto con otros dos coches más a unas familias. Son ucranianos”.

Con estas palabras y con “muchísima ilusión” comenzaba a principios de marzo la aventura de Enrique Martínez y José Luis Cosío, director y responsable de comunicación respectivamente de Proyecto Arraigo, organización dedicada a la repoblación de la España vaciada. Tras miles de kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, volvieron con los asientos repletos y el corazón aún más henchido.

Juntos organizaron un convoy para ir a buscar a varias familias que habían salido de Ucrania y llevarlas hasta Paredes de Nava, en Palencia. En total, han logrado trasladar a ese rinconcito de Castilla y León a 15 personas, que han sido acogidas con los brazos más que abiertos.

Ni Enrique ni José Luis son vecinos del municipio, aunque conocen bien la zona. “Nos une el tema del mantenimiento de los pueblos, de la vida en ellos, que se mantengan los servicios”, explica Cosío, nacido en Gran Canaria pero residente en un pueblo de Burgos. Su compañero, Enrique, es de Soria y tiene familia tanto allí como en Burgos, aunque vive ahora en Madrid.

Con Proyecto Arraigo ayudan a la repoblación de más de cien localidades, algunas con apenas cien habitantes: “Justo en Paredes de Nava hay una familia que arraigó, que son Eugenia y Nicolai, y también está su sobrino, uno de los conductores que estuvo con nosotros, Dmytro. Ella se puso en contacto con el Ayuntamiento de Paredes y comentaron la idea de echar una mano, porque tenían unos amigos que querían venir”. Y así prendió la mecha.

Durante un fin de semana estuvieron dándole vueltas a qué podían hacer. “El domingo por la noche me llamó Enrique. Estuvimos hablando y valorando la posibilidad de buscar algún conductor, pero parecía bastante difícil, la gente no se atrevía”, recuerda. Haciendo un inciso, avisa: “Ahora parece que más gente se ha animado, cosa que nosotros no recomendamos. Aconsejamos que vayan siempre amparados por instituciones públicas con músculo para poder afrontar lo que ahora viene”.

En esas elucubraciones, lo primero que Cosío le preguntó a su compañero fue si había hablado con su mujer y qué opinaba ella de que se echaran a la carretera. “Opina que haga lo que crea conveniente, que ya sabe como soy. ¿Qué opina la tuya, José Luis?”, fue la respuesta. “Pues que si no lo hago me voy a arrepentir”, contestó, puesto que ya estuvo hace tiempo en Argelia y en el Atlas haciendo “cositas de este estilo”. Tras esa conversación, hablaron con sus respectivas empresas para ver si podían marcharse: “El martes por la mañana ya estábamos en los coches a las 12:00 y para allá que nos fuimos en tres furgonetas”.

“— ¿Qué opina tu mujer, José Luis? — Pues que si no lo hago me voy a arrepentir”

Dos de los conductores que se les unieron procedían de Paredes de Nava, Dmytro y Mykola, “pero a Vitaliy y Bodgan —que acudieron desde Guadalajara y Getafe (Madrid)— no los conocíamos de nada y ni siquiera ellos a sus compañeros ucranianos”.

″Íbamos con el viaje muy planificado desde Burgos, Madrid y Palencia. El checkpoint o el sitio de encuentro fue Ostrava, la última ciudad en la República Checa antes de Polonia por la parte sur”, relata Cosío.

Desde ahí hicieron dos incursiones a Polonia para poder traer a algunas de las familias con las que habían acordado encontrarse y, posteriormente, otras dos familias fueron directamente a Ostrava. Su objetivo no solo era traerse al mayor número de personas posible, sino “dar visibilidad a algo que estaba ocurriendo allí” y sensibilizar acerca de la urgencia de ayudar a las mujeres y niños que estaban saliendo de Ucrania.

Sobre cómo se prepara un viaje así, reconoce que lo que hicieron fue “no pensarlo mucho y pensarlo mucho, las dos cosas”, en referencia a que “primero es un acto de inconsciencia”, pero que requiere también su planificación. Se pertrecharon con mochilas, cargadores, una tablet por si podían trabajar en algún hueco que tuvieran, pero no se olvidaron de empaquetar, por ejemplo, gominolas para los niños que iban a recoger.

“Sobre todo es preparación mental, porque lo físico luego lo recuperas. Mental porque piensas ’No sé lo que me voy a encontrar, lo que va a haber. No conozco a las familias, no conozco a los conductores con los que voy tampoco”, afirma. Pese a ese temor, todo rodó: “Te une al final el sentimiento de solidaridad y ahí es cuando salen las mejores cosas del ser humano”.

“Cuando fuimos allí había caos, pero es que ahora no es caos, ahora es otro rollo”

Durante estos días han estado difundiendo consejos para que otras personas que tienen intención de ir a recoger ucranianos lo hagan “de manera muy segura”. “Nosotros cuando fuimos allí había caos, pero es que ahora no es caos, ahora es otro rollo. Eran 600.000 personas saliendo por las fronteras, repartidos entre todas, pero ahora la gran mayoría de la gente está saliendo por Polonia y ya son dos millones. Ya ahí tienen que intervenir los gobiernos, las comunidades autónomas, diputaciones provinciales, ayuntamientos grandes, las ONG...”, opina el director de comunicación de Proyecto Arraigo.

Por ese motivo, ya no se plantean organizar otra caravana, pero sí que sus técnicos puedan aportar ayuda a las familias. “Ahora ya son los gobiernos los que tienen que ponerse las pilas”, recalca.

Los conductores, en Ostrava.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
Los conductores, en Ostrava.
Imagen de un vehículo militar tomada desde sus furgonetas.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
Imagen de un vehículo militar tomada desde sus furgonetas.
Los seis conductores, todos juntos.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
Los seis conductores, todos juntos.

También expresa su reconocimiento a la vigilancia y control que están llevando a cabo los cuerpos de seguridad de los distintos países para atajar posibles casos de trata y explotación de los refugiados ucranianos. “Cuando volvíamos por la noche, en la autopista nos paró la policía alemana para que les diéramos la documentación y explicaciones de qué hacíamos con mujeres y niños en la parte de atrás del vehículo”, resalta.

“Al policía alemán le dejé mi teléfono directamente y le dije que revisara los últimos mensajes que me habían enviado”, cuenta Cosío. También llevaba un dossier sobre su organización e incluso un papel que atestiguaba un premio que habían recibido. “Se llevaron toda la documentación y los pasaportes. Luego vinieron y nos dieron las gracias y un abrazo”.

Fotografía de grupo durante una de las paradas del viaje.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
Fotografía de grupo durante una de las paradas del viaje.
Otra de las paradas en la vuelta.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
Otra de las paradas en la vuelta.

La kilometrada dio para más anécdotas y de carácter más agradable. “Me comentó Dmytro, el chaval más joven, que le llamo ya mi sobrino, que la peque, Kira, de siete años, cumplía ocho al día siguiente de haberla recogido. Se nos ocurrió en Ostrava comprar una tarta y celebrarlo al día siguiente en una de las paradas”, rememora, para que así se les hiciera más ameno el viaje.

“Sacamos la tarta en un área de servicio en la que nos dejaron un espacio, se portaron superbien. Celebró su octavo cumpleaños ahí, que decíamos ‘vaya idea’, pero al menos la chavala pasó un día completamente distinto. El momento fue muy bonito”, añade.

La celebración del cumpleaños de la pasajera más pequeña en un área de servicio durante la vuelta.
CORTESÍA DE JOSÉ LUIS COSÍO
La celebración del cumpleaños de la pasajera más pequeña en un área de servicio durante la vuelta.

Mucha emoción se vivió también cuando las familias ucranianas llegaron a la localidad palentina, en palabras de Cosío, “un pueblo muy chulo” de cerca de 2.000 habitantes al que “no le falta ningún servicio” y con “una historia cultural tremenda”.

El recibimiento fue “descomunal” en todos los ámbitos: “Por parte del pueblo, de los niños, del instituto, de los restaurantes...”. Allí no solo les esperaba una vivienda segura e incluso ofertas de empleo, sino un homenaje en forma de bienvenida oficial a los nuevos vecinos en el Salón de Plenos del Ayuntamiento.

Sobre si la acogida será temporal o si las familias echarán raíces en Paredes de Nava, Cosío señala que será “lo que ellos estimen oportuno en cada momento”, aunque “ellos vienen con la idea de volver a Ucrania”.

“Se han quedado sus maridos allí. La parte más dura del viaje, aparte de recibirles y que nos dieran abrazos y ‘Spasiva, spasiva’ (gracias), y que los niños te miraran con esa carita y con sonrisas, lo más amargo es cuando miras por el retrovisor cuando vas conduciendo y todos están durmiendo y no ves hombres. Es muy duro, al final piensas que vienen sin parte de su familia, que se han quedado allí para pelear por su territorio”, reflexiona.

Cosío también menciona que quizá algunos permanezcan en España si se da el caso de que hayan perdido su vivienda allí: “Algo que nos ocurrió mientras estábamos con los compañeros ucranianos que conducían con nosotros es que nos enseñaban vídeos a través de la red social Viber ‘Esta es la casa de un amigo, la tenía en venta, mira lo que costaba y mira ahora’, y estaba destrozada”.

“Si la acogida es temporal o no es decisión de ellos, aquí lo que tenemos que hacer es arroparles”

“Eso ya es una decisión de ellos, aquí lo que tenemos que hacer es arroparles”, resume. Con el viaje, han cumplido su objetivo: no solo han dado un hogar a 15 personas, sino que han dado “visibilidad a una realidad”. Como indica, tras su iniciativa otros pueblos de su red, como Cervera, Dueñas o Belorado, han intentado recolocar familias: “Independientemente del pueblo, que en este caso fue Paredes el que se movilizó porque había una familia ucraniana, todos han estado ahí”.

Aparte, entre redes sociales y correo electrónico han recibido más de 10.000 mensajes: “Acabo de levantarme y tenía uno: ‘Gracias a vosotros desde León estamos mandando dos camiones’ o ‘Gracias a vosotros hemos visto que éramos capaces de mandar un autobús para nosequé’. Me alegro”. Para él es “la parte humana, la buena, dentro de toda la maldad que se está viendo”.

El drama de Ucrania, en 30 imágenes