‘Zarzuela en danza’, con un par de… zetas

El Teatro Fernán Gómez repone este espectáculo, que refresca una tradición sin pervertirla, ni siquiera cuando el baile se pretende hacer más contemporáneo.
Una escena de 'Zarzuela en Danza'.
Una escena de 'Zarzuela en Danza'.

Se repone en el Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa el espectáculo Zarzuela en danza. Una obra que recorre los highlights de los números musicales del género chico. Una ensoñación dramatizada por Álvaro Tato de Ron La lá en la que se canta, se baila y se recitan versos rimados como a la antigua. Montado con vocación de ser popular, al estilo de las antologías que, de este género, hacia Tamayo, y que, al igual que estas, sigue levantando al público de las butacas para aplaudir mucho al final de la función.

No le faltan elementos para conseguirlo. El primero, la música. Tonadas y canciones que el que más o el que menos ha oído en alguna parte de este país. Habitualmente en casa, cantada por lo abuelos, o en la radio. Música que pasea por Malasaña, Lavapiés, la verbena de la Paloma, la Pradera de San Isidro y llega hasta Cuba con Cecilia Valdés. Un viaje que se hace en esta obra.

Una música que toca en directo un joven maestro al piano que se acompaña, a veces, de un cajón y otros instrumentos de percusión que algunos bailarines / actores usan en escena. Una música que desluce algo por las voces, no siempre en su sitio o bien proyectadas. Factor que, el respetable obvia, pues desde el primer momento se entrega a lo que se cante y se baile y a quien lo cante y lo baile.

Otro de los elementos por los que la función funciona es el cuerpo de baile. Un cuerpo de baile con oficio. Entregado a la fiesta que proponen a la audiencia. En el que, como conjunto, destacan ellas. Aunque ellos no le van a la zaga.

Un cuerpo de baile que no solo baila, sino que, como se ha dicho canta, recita y representa las escenas amorcilladas de actualidad (como el chiste sobre los vacunados del Zendal) que les ha escrito Tato. Algo que hacen con convicción y al estilo de farsa castiza que tenían las zarzuelas de antaño. En las que la actualidad política y social se colaba como quien no quería la cosa.

Una escena de ‘Zarzuela en danza’.
Una escena de ‘Zarzuela en danza’.

Todo esto funciona por una dirección, tanto escénica como coreográfica, eficaz y valiente de Nuria Castejón. Una directora que le ha sabido sacar partido a los límites presupuestarios con los que parece hecho este espectáculo. Y que con mínimos elementos escénicos es capaz de conducir al espectador por este viaje soñado al que se podría volver una y otra vez cada noche, como se dice en la función.

Una valentía que se muestra sin tapujos en la escena en la que el protagonista, el soñador que se lleva al público a buscar la zarzuela por esos mundos de Dios, se monta en una alfombra voladora. Una decisión escénica de lo más sencilla y que funciona por lo graciosamente ingenua que es.

Y que también se ve al principio, cuando frente a las manolas, saca a una motera con casco y vestida de negro ajustado de los pies a la cabeza, con la actitud que Olivia Newton John mostraba en Grease. Una brunette que pisa con garbo los mantones que se le ponen a sus pies.

Aunque nada tan bien puesto y divertido como el número de La tarántula de La tempranica y el juego de las sillas. Una canción dedicada a ese “bisho” tan malo que se mete por todos los rincones con sus picazones.

Una directora que, además, ha sabido sacar partido a la boca ancha, cinematográfica, de Cinemascope, que tiene este teatro. Donde el espacio se nota, se vive y se siente ocupado como hacía mucho tiempo que no se veía en este teatro y hace que se eche en falta aquellos tiempos que este centro brillaba.

Una obra en la que se nota la inspiración del cine y teatro musicales de Carlos Saura, al que, por cierto, este centro cultural le dedica una exposición. Inspiración que se nota, sobre todo, en las escenas de la escuela bolera de Doña Francisquita. Como también se nota el espíritu que anima el Proyecto Zarza del Teatro de la Zarzuela.

En definitiva, Zarzuela en danza es una propuesta que refresca una tradición sin pervertirla, ni siquiera cuando el baile se pretende hacer más contemporáneo. Una propuesta que pretende hacer un teatro popular.

Lo que explica sus humoradas, de las que no abusa, que el público ríe con ganas de forma espontánea. Sus versos rimados, que consiguen que no suenen a viejos o de otra época. Sus cuadros y bonitas imágenes, del tipo que la audiencia no puede dejar de celebrar cuando la está viendo. Del que los espectadores salen contentos, tanto como para quedarse después tomarse unas cañas y comentar las mejores jugadas.

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