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09/09/2014 07:02 CEST | Actualizado 08/11/2014 11:12 CET

¿Dispuesto a aceptar que eres un troglodita híbrido?

"Todos somos híbridos (mestizos)"

Profesor Alan Cooper, director del centro australiano de ADN prehistórico.

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Sapiens busca neander o deni no fumadora para amistad o lo que salga. Escena ficticia ilustrada por Ignasi Cusí.

¿A cuántos de ustedes no les hubiera gustado poder conocer a un neandertal? Pues la verdad es que puede que ya lo hayan hecho, y todavía no sean conscientes de ello.

¿Sabían que compartimos información genética con otras especies de homínidos que se extinguieron hace mucho? ¿Qué cómo es esto posible? Pues piensen mal y acertarán. Así es, hace como mínimo 30.000 años, algunos homo sapiens (nuestra especie) mantuvieron relaciones sexuales con seres pertenecientes a otras especies y, ¡oh, sorpresa, tuvieron descendencia!. Como declaraba el profesor Alan Cooper para PBS Newshour, todos somos híbridos. Y la verdad es que, aunque algunos se dediquen a buscar vida en otros planetas (tema también fascinante, claro), aún no sabemos del todo de dónde venimos desde el punto de vista genético. En otras palabras, con quién estuvieron emparejados nuestros ancestros.

Pero veamos la botella medio llena, estas son las cosas que sí sabemos: compartimos el 96% de los genes con los chimpancés, el 97% con los orangutanes y casi el 99% con los bonobos. De acuerdo, hasta un niño ha oído alguna vez la frase: el hombre viene del mono. ¿Pero, de dónde vienen nuestros genes? Gracias al avance de las técnicas de secuenciación genética, ahora sabemos que los humanos modernos no africanos hemos heredado entre 1-4% de los genes de los neandertales.

Recuerdo que en la escuela nos enseñaron que la evolución de la especie se demostraba con el incremento del volumen craneal. Pues bien, estudios recientes demuestran que los neandertales tenían cerebros más evolucionados de lo que se pensaba (vean foto). Según en paleoantropólogo Ian Tattersall, lo que nos hace especiales como especie es que usamos símbolos para representar el mundo, moverlos y recombinarlos para crear "alternativas a la realidad existente". Bueno, pues es posible que los neandertales también fueran capaces de todo esto también. Tim Appenzeller los describía en 2013 para Nature como "los antiguos maestros". Este video también en Natureexplica algunas de las cosas que han cambiado en nuestro conocimiento sobre los neandertales.

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Comparación de los cráneos de un hombre moderno y un neandertal (izquierda, fuente Wikipedia). Recreación de un hombre de neandertal (centro, fuente Wikipedia). Detalle de una obra presumiblemente neandertal encontrada en la cueva del Castillo, en España (fuente Pedro Saura).

Sobre neandertales todos hemos oído hablar, pero ¿sabían que existieron otras especies humanas contemporáneas, aparte de los neandertales, similares a nosotros? Al menos, la existencia de una de ellas ha sido confirmada. Investigadores del Instituto Max Planck de Genética Evolutiva en Leipzig encontraron y analizaron el ADN de dos dientes y un hueso de dedo encontrados en Siberia. A la nueva especie la llamaron como la cueva en que fue hallada: Denisova. Lo divertido es que el primer indicio de que se trataba de una nueva especie (antes del análisis genético) fue el hecho que el diente encontrado era enorme comparado con el de cualquiera de nosotros (a veces la ciencia fluye a través de observaciones como estas). Pues bien, parece demostrado que los humanos modernos (sobre todo los australianos) también llevamos en nuestra huella genética restos de los hombres de Denisova. Les invito a ver el siguiente vídeo. Es del todo fascinante.

Y es que el tema de los hombres prehistóricos parece vivir un momento de resplandor en los últimos años, sobre todo gracias a nuevos descubrimientos científicos. Las revistas de mayor prestigio científico publican sobre los neandertales, se descubren en España los restos humanos más antiguos hasta la fecha, de hace unos 400.000 años. Al mismo tiempo, parece que el tema está de moda: multitud de museos organizan exposiciones, las grandes productoras sacan película de animación para niños sobre ellos.

Y la razón de todo este interés puede no ser otra que tratar de dar respuesta a una de las preguntas que nos hacemos desde hace mucho: ¿quienes somos, qué nos hace especiales? Y es que lo que parece una característica inherente al ser humano, el sentirse especial, tiene sentido desde el punto de vista biológico: ¡todos somos únicos y diferentes! Incluso los mellizos monocigóticos, aunque compartan los mismos genes al nacer, son personas diferentes, puesto que sus genes se expresan de manera diferente debido al entorno. Como ejemplo, se sabe que el estrés produce cambios en los genes de los ratones de laboratorio. Aunque existan estudios que sostienen que el intercambio genético con los neandertales pudo llevar a heredar cierto tipo de inmudeficiencias, podríamos pensar que en general fue una fuente de riqueza. Porque como sostienen muchos biológos evolutivos, la variabilidad genética es una de las bases de la supervivencia de las especies.

Pero, ¿por qué les estoy explicando todas estas cosas hoy?

- Primero: algunos dicen que lo que los últimos 30.000 años de evolución no han conseguido cambiar en nuestro cerebro, lo va a conseguir ahora Internet. Como científico, animo a que se siga investigando. Al fin y al cabo, la mayoría de nosotros nos pasamos un montón de horas delante del ordenador y merecemos saber el efecto que tiene sobre nuestros cerebros. Lo que sí sabemos seguro es que Internet ha conseguido que ustedes lean este artículo.

- Segundo: parece que a muchos aún les cuesta aceptar la idea de que todos nosotros somos mestizos. Hay un caso concreto que me parece de los más ilustrativo. El activista "pro-raza blanca" Craig Cobb descubrió en directo que sus genes tienen una parte importante de herencia africana. Aunque al principio parece aceptar con humor la noticia, después se muestra de lo más disgustado. Por eso me pregunto: ¿cuándo seremos capaces de aceptar con naturalidad que todos somos mestizos?

- Tercero: como me decía Pere Puntés en una entrevista, los seres humanos no somos trogloditas. Creo que entendí lo que Pere quería decir, ya que estaba utilizando ese término en el contexto de cómo tomamos las decisiones, no dejándonos llevar solo por nuestra parte irracional. De acuerdo, no somos trogloditas en muchos sentidos: no vivimos en cuevas, hemos desarrollado conductas sociales y sofisticados mecanismos de comunicación. En otras palabras, vivimos en sociedades aparentemente civilizadas con cerebros de hace 30.000 años. Lo más interesante es que achacamos nuestros errores como especie a nuestra naturaleza animal, biológica. En otras palabras, al troglodita neuronal que llevamos dentro. En mi opinión, puede que sea todo lo contrario: los trogloditas que nos preceden puede que fueran mucho más consecuentes y sanos en muchos aspectos. Hoy en día, el mundo vive una plaga de seres civilizados obesos ("mutantes" como dice Rosa Montero), explotamos despiadadamente los recursos naturales del planeta y pasamos más tiempo viendo el mundo a través de una pantalla que con nuestros propios ojos.

Por eso, cuando pienso en todo ello, me planteo si, para aprender a hacer las cosas mejor, deberíamos empezar por aceptar lo que somos: mestizos un poco trogloditas.

Mis más sinceros agradecimientos, una vez más, para Ignasi Cusí por su fabulosa ilustración. Mil gracias a Aleix Ruiz Falqués por los comentarios y correcciones.

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