La ola de calor que ha afectado de manera extrema a países como Francia o Alemania ha abierto un debate en Europa: poner en marcha una ley para proteger a los trabajadores en situaciones como esta.
El viernes pasado, con la ola de calor golpeando a Bruselas, el edificio Berlaymont en el que está la Comisión Europea tuvo que apagar el aire acondicionado en siete de sus plantas: permaneció encendido en el despacho de la presidenta y sus comisarios.
Los científicos afirman que este pico sostenido, que comenzó el 20 de junio, es el peor registrado en el viejo continente. Las condiciones extremas han interrumpido la generación de energía, dañado la infraestructura y colapsado los sistemas sanitarios.